Erotismo del mus: Órdago a la chica y seda en la piel

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En ésta ocasión las doce, serían de la mañana… El negro dejaría su protagonismo al blanco, la seda al delicado algodón. El culotte y el boxer, a ..- la nada. Eran algunas de las reglas que le había exigido para el nuevo encuentro.

¡ Ahora!¡…Su mensaje imperativo hizo que me disculpase ante los presentes de la importante reunión en la que me encontraba. Debía salir de inmediato, y prepararme si deseaba llegar a tiempo para nuestro juego. Jugador de chica… Jugador de chica, ¿perdedor de mus? . ésta máxima, primera regla no escrita que aprendí cuando comenzaba a jugarlo, fue la que me llevó a elegir la baraja como arma en nuestro particular duelo… No habría Rey, sino reyes. No habría caballos, sino caballeros. No habría damas, sino cortesanas -putas, así llamaban a las sotas- No habría torres, peones, o alfiles, sino copas, oros y espadas, como en todo tradicional duelo. No habría empates, tablas, o igualdad. Victoria o derrota. Vencedor y derrotado, no habría más opciones en el juego.

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Sería un único juego de treinta piedras. Cada cinco ganadas -amarraco- una prenda cautiva, y un premio con él. La última piedra ganada ,sería la llave que abriría la puerta al botín del vencedor. Mocasines, vaquero, cinturón, camisa y…una flor, serían sus cinco prendas elegidas, para cumplir con otra de las reglas impuestas en el nuevo juego… Cada uno llevaría solamente cinco prendas.

¿Cuáles elegiría yo? . todo una sorpresa para él… sin dudas… No había comenzado a escucharse la melodía del reloj marcando las doce, cuando abrí la puerta de su apartamento…- entreabierta hasta entonces porque estaba seguro de mi puntualidad- . Me esperaba de pié frente a la entrada. Se fue acercando sin apartar su mirada, fija en mis ojos… Sus ojos, siempre mezcla de fuego y pasión, se convertían en ese instante, en faro irresistible hacia donde se orientaban los míos. Mis pasos decididos y elegantes, convertían el contoneo de mi cuerpo, en puro homenaje a la brisa, a la danza, … al deseo.

Rose McGowan Lying Down and Holding Vibrator ca. 1999
Rose McGowan Lying Down and Holding Vibrator ca. 1999

Cuando nuestros labios se encontraron , o mas bien se estrellaron de pura pasión, un instante antes ya lo habían hecho mis pechos, duros y maravillosos , y su avanzadilla, unos pezones inhiestos y desafiantes. Justo en ese momento supe, que nuestro nuevo juego iba a ser delicioso y salvaje. Juguemos, – dijiste. Te sorprendí… contemplándome mientras me dirigía a la mesa preparada para el duelo.

Zapatos de tacón, en ante y finísima piel marrón. Tejano abrazado por una delgada cadena plateada, que era su elegante cinturón . Mi camisa en blanco inmaculado – Alessandro Dell’ Aqcua leíste al besar mi cuello-, envolvía mi cuerpo, dejando ver entre los primeros y desabrochados botones , la quinta prenda elegida, el sujetador…

Me senté para dar comienzo nuestro juego. Te pusiste tras de mí , susurraste con tus labios rozando mi cara …-Suerte Darling!! alargando cada una de las letras, mientras tus manos acariciaban por encima de la camisa, mis pezones , metiendo después los dedos por el hueco imposible , entre el sujetador y mi piel, notando como de inmediato, mis pechos se endurecían. Imaginaba lo difícil sería a partir de ese instante mantenerlos cautivos en la camisa. Mientras tus manos los estrujaban , sentiste como me estremecía de excitación.

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Giraste tu cabeza hacia mi, dejando un beso salvaje en mis labios, y un reguero de saliva fría en mi cuello antes de sentarte… sin prisa, por dar comienzo al juego… La mesa redonda de metacrilato y cristal labrado con motivos geométricos, muy resistente, ya que sobre ella, tenías pensado cobrar parte del botín ganador. La cubría un tapete azul ultramar, decorado con cenefa griega en dorado. Sobre el tapete las piedras. Había elegido fuesen de cristal, casi esféricas, talladas en mil caras de efecto caleidoscópico en su brillo al reflejo de la luz, transparentes, excepto los amarracos también de cristal, pero en azul cobalto.

Comencé repartiendo las cartas, despacio, como si supiese , la tristeza que podía causar en ellas despegarse de mis manos . Tú podías comprenderlas, por que después de sus caricias, y nada mas terminar de separar sus manos de mi piel, también las echaba de menos.

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Grande…chica…pares…juego. Saqué nueve piedras, por las estupendas cartas que me había dado, y un par de envites ganadores -te estaba tanteando para conocer tu forma de jugar- . Había ganado mi primera prenda y mi primer premio correspondiente. Elegí tus mocasines. Los quité y lancé sobre el sillón. Y mi premio fue la esclavitud a mi cuerpo, de tus pies desnudos , sabiendo que ya habría momentos después para comprobar la destreza del resto de tu cuerpo. Los puse sobre la mesa. Los acaricié, los lamí…

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Cada uno de sus dedos era besado, metido en mi boca, y chupado con delectación. A cada dedo que entraba, le correspondía mi cuerpo con un placentero jadeo, -evidentemente yo también sabía jugar mis cartas- . Después de terminar con el último, puse de nuevo tus pies bajo la mesa , y con mi mirada exigí que continuasen las caricias. Abrí los muslos, para que tus dedos continuaran el masaje, sobre los tremendamente hinchados labios de mi sexo, marcados en el humedecido surco de mi pantalón, bajo el que no había otra cosa que mi vello…el culotte y el boxer , a…la nada – me habías impuesto-.

Cerré los ojos, y solo los abría para mirarte apasionadamente, mi lengua mojaba los resecos labios en un intento vano de sofocar el fuego en ellos. Conseguíste bajar la cremallera lo suficiente como para empapar tu dedo en el fluido de mi excitación, mientras continuabas rozando cada vez más rápidamente. No lo hubieses hecho mejor con el dedo de tu mano, pero así podías observar desde el otro lado de la mesa, mi cara casi desencajada por el placer…

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¡Cabronazo! ? te grité, cuando a punto de correrme, me dijiste que el tiempo de disfrutar de mi premio había terminado. Por tu parte sólo te habías cobrado una de las chinas. Chica. Pero… no te importaba… el juego era a treinta… y te sabias vencedor… (iluso.. pensé) Ahora las cartas salieron de tus manos rápidamente…Grande, chica, pares y el juego. Te habías sacado todo -la chica también de nuevo- curiosamente nueve piedras como yo, que junto a la ganada en la anterior mano, había completado un botín de dos azules, lo que suponía ganar dos nuevas prendas y los dos premios correspondientes. No dudaste sobre cuales serían las primeras prendas elegidas. Zapatos y pantalón.

En cuanto a los dos premios que te correspondían, deseabas cuanto antes cobrarlos, Tomaste mis prendas. Primero tomaste mis zapatos y te arrodillaste ante mi obligándome a levantarme. Muy despacio con tu cara pegada a mi cuerpo.. recreándote en el momento… tus dedos desabrocharon botón y cremallera.. mientras tus manos se deslizaban por mis caderas… muslos .. pies…acompañando a los pantalones en su lenta caída hacia el suelo… En cumplimiento del acuerdo, te deslizaste bajo la mesa de juego, yo seguía sentada en la silla con las piernas abiertas, ofreciéndote mi sexo para que cumplieses tu parte del trato.

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Debías tocar, introducir, lamer, chupar… -cualquier opción valdría-, hasta conseguir que llegase a ese orgasmo aplazado. No tardó demasiado.. Mi excitación era todavía evidente,la notaste al introducir dos de tus dedos y jugar con ellos dentro de mi sexo… Estaba totalmente empapada, por ello fue tu lengua la encargada de cumplir tan delicioso acuerdo… Tu lengua desbocada, comenzó a lamer incluso antes de haber sacado los dedos.. Humedecida.. comenzó a recorrer.. mis muslos … mi clítoris… Tus manos tiraban de mis nalgas para entrar más profundamente… Estiré las piernas.. jadeando en cada roce, apretando tu cara… tirando de tu pelo… mientras tú no parabas de comerme… hasta que un grito y un largo gemido… dieron paso a mi derrota… Habías cumplido tu parte del trato… Reclamaste tus premios… los imaginaba… aquella deseada pluma Montblanc… y la fotografía de espaldas en blanco y negro que guardaba en el cajón de mi despacho..

De nuevo, las cartas sobre la mesa. No hay mus. Envido, lo veo. Envidas tú. En breves segundos, peleas, órdagos no queridos, reyes, medias, duples, juego encontrados… cartas descubiertas. Yo 16 piedras. Tú 27. Dos prendas más que ahora son mías. Cinturón y tu vaquero.. como segundo trofeo de mi flaco botín… Mi elección… un libro compartido y deseado… Seda.. de Baricco… Mi segundo premio. Lo deseaba ya. Comencé a quitarte el cinturón, deslizándolo por tu cadera, desabrochando botón a botón, la bragueta de tu pantalón.. con la impaciencia reflejada en mi rostro…Arrodillada ante ti… abrí tus piernas bruscamente… con los ojos puestos en tu polla… saqué la lengua… y comencé a lamer desde el perineo, hasta la cumbre del capullo, jugando con él.. con los labios humedecidos en saliva…

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“Estás preparado… ¡hazlo ya!!!” Mi orden era para que comenzases la masturbación que te había pedido como premio.. Cogí la cámara digital y acerqué el objetivo a tu sexo…tu mano subía y bajaba, despacio, recreándose… con el placer mientras jugaba con la cámara… adivinando que el momento más excitante estaba a punto de llegar… unas gotas traviesas mojaron la punta de mi nariz, deslizándose hasta mis labios.. donde fueron recogidas por mi lengua… Con el corazón acelerado, y tu sexo goteando… llego el momento de tus tres prendas ganadas… Soltaste mi cinturón y lo colgaste alrededor de tu cuello… mientras tus manos se recreaban botón a botón de mi camisa, dejándola caer hacia el suelo… Quinta prenda… tus dedos torpemente comenzaron a desabrochar el sujetador.. Decidiste no perder ni un segundo más y disfrutar de tus tres premios… Me cogiste en tus brazos… al contacto de tu piel con la mía.. el estremecimiento… fue bestial. Susurré… -recuerda.. diez minutos…- era el limite de tiempo que nos habíamos puesto para disfrutar de los premios… El primero de los tres premios ganados… y único que podía romper nuestro acuerdo… el negro dejaría su protagonismo al blanco… Era un pañuelo de seda..negro… con tus iniciales bordadas en color magenta.. que le había entregado con anterioridad. Leyéndote el pensamiento.. cerré los ojos… y dejé que anudaras el pañuelo sobre ellos… Abandonaste la habitación para recoger el cinturón que había sido mio por un momento… y que regresaba a ti gracias a nuestro acuerdo… Lo deslizaste por mis pies… recorriendo mi cuerpo.. e intuí cual era tu deseo… así que levanté mi mano hasta el cabecero.. Ataste mi muñeca a él. Hiciste lo mismo con mi cinturón. Te colocaste lentamente a horcajadas sobre mi cuerpo.

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Nuestros sexos en contacto, se estimulaban con el ligero roce de tus caderas.. separaste mis muslos… y tu lengua abrió mis labios… Los besaste… Mi cuerpo vibraba de placer.. y suplicaba que tu polla tomase el relevo de tu lengua.. Obedeciste a mis deseos… y entraste lentamente… los gemidos eran cada vez más intensos… tus manos en mis caderas… agarraban fuertemente.. para ayudarte a la penetración.. más profunda.. más rápida…más fuerte… Entrabas y salias de forma apasionada, salvaje… sin tregua.. con un voraz deseo urgente de llegar al límite del placer…Ambos.. gritamos al unísono de forma brutal , corriéndonos en el mismo instante… Tu cuerpo.. desvanecido… cayó sobre el mio.. y quitaste el pañuelo de mis ojos… Nos levantamos para continuar el juego, susurraste a mi oído.. el último premio… ganado será…una orquídea negra… que no ganarás .. pero te entregaré igualmente… Sonreí… (-pretencioso.. -pensé)… 27 a 16… yo confiando en una última mano misteriosa que me hiciese ganar… Una carta.. dos .. tres.. cuatro.. Un rey.. un caballo.. un caballo y de nuevo un rey.. No lo podía creer.. a falta de tres piedras.. eras el ganador… – Paso, ¡¡órdago a grande!! dije.. desafiante… No quisiste… – ¡¡Órdago a chica!!! dijiste… ¡¡¡Quiero!!! grité… enseñando dos pitos y un caballo que acompañaban al cuatro de bastos… Enseñaste tu caballo y un rey… no era necesario más para saber.. que… era yo.. ¿quien había ganado?…

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Gretta Galvan

Gretta Galvan

Mi carta de presentación es un Haiku recitado al Deseo de amor, "Se desnuda la noche, espérame allí ... Una sincera amante de la literatura y el té...

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