El buenismo no es bueno, desde Las mil naciones de Guillermo Emperador

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Uno de los rasgos típicos de esta sociedad posmoderna, cultivado con profusión por la clase política y también por la sociedad, seamos sinceros, es el denominado buenismo. Virtud cuando menos discutible pues se halla a medio camino entre la ingenuidad más absoluta y los fines más perversos que se disfrazan de este modo con una aureola de bondad.

En el terreno político tenemos diversos ejemplos del nefasto buenismo que se han prodigado desde el comienzo de la democracia. Uno ha sido con la cuadrilla separatista en general a la que se ha dado poder y alas con la absurda excusa de que representan a muchos (¿?) y que “no se pueden excluir” y otro con los asesinos etarras.

Este último es todavía más sangrante. Si nos remontamos a los tiempos de la Transición, muchos pensaban llenos de candor que la ETA que mataba durante el franquismo era algo así como una especie de luchadores por la democracia y que, una vez amnistiados, cesarían en sus empeños sanguinarios. Los hechos acaecidos desde entonces vinieron a demostrar lo contrario. Ahora han cesado, sí, pero porque matar no les conviene. Y eso tras diversos “procesos de paz” y otros diálogos también trufados de buenismo.

El buenismo alcanza límites insospechados en nuestros días. Se consienten conductas como la de permitir las ”okupaciones”, los manteros y otros modos de vivir que son inaceptables, basándose en las necesidades de “la gente”, ese ente amorfo tan de moda. Como los demás también somos gente, podríamos exigir nuestro derecho a no pagar la hipoteca o los impuestos. Seguro que con nosotros no cuela.

Un caso muy significativo es el de la cadena perpetua; todavía en España muchos se rasgan las vestiduras cuando se plantea este castigo para los terroristas, asesinos o narcotraficantes. Mientras tanto, en otros países democráticos se halla implantada y no aparece ningún cantamañanas argumentando sobre la rehabilitación de esta patulea y lo desproporcionado de la sanción. Eso por no hablar de Estados Unidos, donde más de un indeseable habría terminado colgando de una soga o achicharrado en la “old sparky” tras un juicio ejemplar.

Aquí en cambio, nos dedicamos a una falsa vida contemplativa y mística mezclada con hipocresía. Así nos va.

guillermo-emperador Guillermo Emperador

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Manuel Artero Rueda

Manuel Artero Rueda ha dedicado toda su vida profesional a la televisión en la empresa pública RTVE donde, en los últimos veinte años, y después de haber trabajado como ayudante de producción y realización. ha realizado su oficio de periodista como reportero en el programa Informe Semanal, para el que ha realizado mas de trescientos reportajes. Licenciado por la Universidad Complutense, es autor del libro "El reportaje para televisión un guiño a la noticia" , un práctico temario con el que ha impartido clases tanto en el Instituto Oficial de RTVE como en el máster de periodismo de la Universidad Rey Juan Carlos. Desde el ERE inventado por Zapatero para TVE, dedica su esfuerzo y trabajo esta "La Paseata" un sencillo blog personal que con el paso de los últimos años, se ha convertido en una modesta revista electrónica en la que colaboran un grupo de amigos a los que une el amor a España.

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