El comisario Pablo Iglesias: A Sangre y Fuego

Pabo Iglesias el populista estalinista
Pablo Iglesias: A Sangre y Fuego

Podemos protagoniza desde su aparición pública acaudillada por Pablo Iglesias el paradigma del odio como acción política que tan perfectamente expresa Mauel Chaves Nogales en sus cuentos dedicados a la guerra civil española reunidos bajo el epígrafe: A Sangre y Fuego”. La red de agitación que Podemos mantiene en las redes sociales, las purgas que realiza a sus disidentes y sus ataques directos contra los medios de comunicación que no les bailan el agua representan esa verdadera cara totalitaria que sus votantes todavía no quieren ver… Su osadía comunista, comisariado político y populismo.

Paradójicamente Iglesias parece un calco de uno de los personajes reales de la obra Manuel Chaves. Se trata de un comunista de altos ideales igualitarios, de nombre Valero, protagonista de una de las narraciones de “A Sangre y Fuego” escrita por ese gran periodista y narrador español que tanto las izquierdas como las derechas patrias pretendieron hacer desaparecer de la historia.

Pablo Iglesias  se erige, por ejemplo, en portavoz de los de abajo en lucha por el socialismo, y el comisario político Valero es el valedor de los ideales revolucionarios marxistas de la España leal a la República. Los dos también comparten la filosofía de la igualdad y la libertad  y  son en definitiva buenas personas de nobles miras y altas responsabilidades sociales.

El joven comunista Valero que describe Chaves Nogales asesora a la “La Escuadrilla de la Venganza” , la checa del nuevo orden social revolucionario que rige en el Madrid sitiado. Y Pablo Iglesias afirma que limpiará España de pijos y los dos tienen relaciones familiares importantísimas para su destino. Pablo Iglesias es hijo de un terrorista del FRAP amnistiado y privilegiado por Franco, mientras Valero tiene que dar la orden de fusilar a un grupo de viejos militares “Quintacolumnistas” entre los que se encuentra su padre.

 

Portada de la primera edición de A Sangre y Fuego
Portada de la primera edición de A Sangre y Fuego

Como el joven Valero, el ya parlamentario español que se autoproclamó vicepresidente de España y pretende controlar la policía, el ejército, los espías y la televisión pública, es joven. Como él, que en ese Madrid Resistente del 36, azotado por los bombardeos de la aviación franquista, cotidianamente come junto a Alberti, Bergamín y André Malraux, el joven Pablo Iglesias aparece cotidianamente rodeado y querido por la autoproclomada intelectualidad progresista y los grandes líderes de opinión.

 

ferreras y podemos
Pablo Iglesias aparece cotidianamente rodeado y querido por la autoproclomada intelectualidad progresista y los grandes líderes de opinión

La obra de Manuel Chaves Nogales agrupada bajo el título de “A sangre y fuego” debería ser de lectura obligatoria por cualquier Ley de Educación que se precie y encabezar todas las páginas que se han escrito en torno a la Memoria Histórica. Y es que así, con tanto decreto y tan poca lectura de nuestros clásicos y de la historia, nos va. Porque no me extrañaría que Pablo Iglesias, con lo lúcido que se muestra para la técnica de la oratoria,  conozca a la perfección la Ley de la memoria Histórica, pero desgraciadamente olvide que en la esencia de una televisión pública como debería ser  TVE, los profesionales deben abandonar el “comisariado político”. Igual que el joven Valero que tan bien describe el gran periodista  Manuel Chaves Nogales. Autor que nunca, por dinero, ni por mucho dinero, vendió su dignidad, y que siempre ejerció el oficio del periodismo con verdadera ética profesional. Y no como veo ahora hacen muchos “sobraos” a los que su verdad, inquebrantable ideológica y poderosa, no les deja ver esa otra, mas sencilla y cotidiana, que se revela a través de los “hechos”.

Mi amigo, sindicalista de Comisiones Obreras, me dice que la cosa está muy clara: los del PP son unos fachas, mientras Pablo Iglesias representa la libertad y la valentía y, que en todo caso, la manipulación periodística, habrá que probarla. Y en su honor recuerdo el final del imprescindible “A sangre y fuego” subtitulado “Héroes, bestias y mártires de España”:  “Y murió batiéndose heroicamente por una causa que no era la suya. Su causa, la de la libertad, no había en España quién la defendiese”.

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Manuel Artero Rueda

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