Y PASARON MÁS COSAS… En aquel vuelo con turbulencia

Y PASARON MÁS COSAS
Y PASARON MÁS COSAS… En aquel vuelo con turbulencia

 

Y PASARON MÁS COSAS.., en aquel vuelo con turbulencia que, finalmente y contra el más optimista de los sueños, pudimos abordar y llegar a casa por Navidad.

 

 

¡Qué sensación de plácida fortuna verme a bordo de mi muy familiar avión A-330, camino a casa! Max, que nunca ha confiado mucho en eso de que algo tan pesado como un avión pueda volar “sin andamiajes”, suele despegar siempre canturreando esa antigua y bonita canción de “ ♪♪Up, Up and way in my beautiful balloon ♪♪♪!!!”…. yo creo que para autoinsuflarse confianza.

 

 

Durante la carrera de despegue, cerré los ojos para saborear, sin interferencias, la maravillosa sensación de verme camino a casa, después de tantos avatares. Para muchos sería un sueño pasar una navidad en el Caribe, con 30 grados y bajo la sombra de las palmeras. El mío es estar en casa, con frío en las calles y calorcito en el corazón.

 

 

Para comprender algo mejor lo que voy a contar aquí, diré que todos los que son, y hemos sido tripulantes de vuelo, tenemos la consigna de presentarnos a la tripulación para que, en caso de alguna emergencia a bordo, puedan contar con nosotros.

 

 

Pues bien, una vez en el aire y ya alcanzada la velocidad de crucero y, tras las consabida bienvenida a bordo por parte del sobrecargo…… suena un ¡¡cling clong cling!! : Sras. y Sres. pasajeros les habla el comandante: (tras un bonito saludo navideño) “Quiero avisarles de que, dentro de unas tres horas, aproximadamente, esperamos tener una fuerte turbulencia en aire claro que, como ustedes saben, son indetectables por los radares de los aviones…

 

 

– (entonces, Max, me da con su rodilla, diciendo: ¿¿¿cómo que Vds. saben??? ¿Quién lo sabe de todos los que estamos aquí? ¡¡Mira que cara han puesto!!)_

 

 

… Por lo que les ruego eviten levantarse de sus asientos en la medida de lo posible, y mantengan durante todo el vuelo sus cinturones de seguridad abrochados. Probablemente, durante un tramo impredecible tendremos algunas turbulencias más, aunque de menor intensidad. No obstante, les informo de que, en previsión a tener que cambiar a un nivel de vuelo más bajo con el fin de evitarlas, hemos cargado combustible suficiente. ¡¡Feliz vuelo para todos!!”

 

 

Max, visiblemente inquieto, me dice :

 

 

– pues…. si el capi se cree que nos ha tranquilizado con esa perorata, es que no ha visto la carita del personal…

 

 

– Hombre, Max, tú ya deberías estar de vuelta de estos vaivenes, le digo.

 

 

Max, viendo mi gesto imperturbable, se convenció de que ni un cataclismo podría estropear mi placentero momento.

 

 

En ésto, mis amables ex compañeros me ofrecen una estupenda copa de buen tinto español, que me hacen sentir una vez más que ¡Dios existe!

 

 

Llevábamos algo más de una hora de vuelo cuando, súbitamente, el avión se convierte en una coctelera descontrolada. Dos tremendas sacudidas de arriba abajo, y otras dos de izquierda a derecha de dimensiones inusuales y como siguiendo la trayectoria de un compás de compasillo, acompañado de un fuerte e inquietante sonido como de impactos de cubitos de hielo contra el fuselaje, que parecía nos estuvieran ametrallando desde fuera.

 

 

Max, demudado, musita: ¿…..Ppppeeeero ésto no iba a ser dentro de dos horas más? Yo no le escuchaba ya que me quedé absorta en la imagen que había dibujado el vino al escapar de la copa que, afortunadamente, sostuve en la mano. ¡Pena de no haberlo podido captar con una cámara! Fue una de las imágenes más bonitas que he visto nunca; el vino formó, en su fuga hacia el techo del avión, una roja y limpísima figura, como de una larga y esbelta llama de vela. Me pareció hipnotizante y bella.

 

 

Fue todo tan rápido que los gritos de los pasajeros fue lo que me hizo volver en mí. Max, ¿estás bien? El pobre no hablaba y lo zarandeé. Maaaxxx, ¿has podido ver a donde ha ido a parar mi vino? – ¿¿¿Yoooo??? Dijo, mirando en derredor. -Ah, síííí, mira, mira, aquél, el de la cara de cera, el que no deja de mirar al techo para ver por donde le ha llovido semejante chorreón. Para mí, que hasta ahí llegó tu vino…..sin la copa, ¡menos mal!-

 

 

Una señora, con un bebé en brazos, pierde, absolutamente, los estribos, gritando aterrorizada. Aunque, no mucho más que el resto.

 

 

Extrañada de que, ante semejante susto, no apareciera ningún compañero, me levanté y fui alarmada hacia el galley de atrás, a ver qué había pasado.

 

 

¡¡Dios mío, qué desastre me encontré!! Estaba absolutamente todo patas arriba; vajilla, comidas, botellas, trolleys, y lo peor: tres azafatas heridas, una de ellas con un dedo de la mano roto. No se sabía por donde empezar a recomponer todo aquello, con parte de la tripulación bastante maltrecha. Un verdadero caos.

 

 

Se reorganizó aquel desastre como se pudo, mientras la sobrecargo cogió el micro para anunciar a los pasajeros que, “debido a los serios daños causados en algunos galleys del avión, no habrían cenas suficientes para todos”. -Dudo mucho que alguien tenga hambre después de este… síncope-, dijo Max.

 

 

Veo, entonces, venir hacia nosotros al comandante para comprobar cómo estaba la tripulación atrás, y colaborar con su presencia a tranquilizar al pasaje. En ese instante, se oye la voz de un pasajero español, tras de mí, exigiendo su cena porque “él ha pagado y tiene derecho”. Me giro en redondo, sin dar crédito a lo que oigo, y me permito decirle:

 

 

– ¿Usted no es consciente de lo que ha pasado? Todos nos hemos asustado mucho, pero pedir un imposible……

 

 

-¡Ese no es mi problema!, me contesta. ¡Yo quiero mi cena, y basta!

 

 

-¿Cómo dice?  Pues, bastante milagro es haber salido ilesos de semejante tromba, como para que Vd. venga pidiendo otro milagro más. Le dije.

 

 

El comandante, interviene con paciencia de santo, y le explica lo que son este tipo de turbulencias. Que hemos tenido mucha suerte, porque la intensidad había sido de tal calibre que, desde Madrid, -a más de ocho horas de vuelo aún-, vieron la intensidad de la sacudida, y preguntaron cómo estábamos todos a bordo, ya que los registros del ACCA habían sido muy alarmantes. También le pidió disculpas por la falta de cenas, ofreciéndole, incluso, la suya.

 

 

No penséis que el pasajero se amilanó, ni se dio por satisfecho, no, muy al contrario, le espeta al comandante: ¡¡Cuando gobierne Podemos, ésto se os va acabar!! (vimos claramente que su problema no era realmente la cena) El comandante arquea las cejas estupefacto y, con buen criterio, se da la vuelta, haciendo caso omiso.

 

 

Max hace acto de presencia. Y va, y me dice jadeante: -¡¡lo he oído, lo he oído, no trates de callarme!!- Sé que ésto ya es superior a tu buena educación. Y sigue azuzando: _-Además,…… ya no llevas uniforme, le tienes que decir algoooo a este impresentable.

 

 

Me inclino sobre el pasajero podemita y le digo: Tiene Vd. mucha suerte; primero, por haber salido ileso de ésta, y después porque, si llegara Podemos a gobernar España, Vd. no podrá comer en los aviones, ni en su casa, ni siquiera en los comedores de Cáritas. Y la turbulencia de esta noche la recordará como una excitante tarde en el parque de atracciones, comparada con las que íbamos a sufrir en las colas de los supermercados vacíos, al más puro estilo venezolano. Más la del miedo por tener a su ídolo, un dictadorzuelo, ególatra, falso, manipulador y narcisista, gobernando España. Eso sí que sería una fatídica turbulencia .¡¡Ignorante!!

 

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Belén López Delgado

Belén López Delgado

Soy una apasionada de la aviación y de la escritura. Quise ser piloto pero me faltaron medios económicos, y me tuve que conformar con ser azafata. Poco después descubrí que es mucho mas divertido y gratificante estar en una cabina de pasajeros que aburridos frente a un montón de relojitos. Encontré ante mí un mundo deslumbrante para aprender de otras gentes y otros países, que me absorbieron toda la dedicación a ese libro en ciernes que me habría encantado escribir. Valoro y defiendo, hasta donde me es posible, la Coherencia. Tengo para mí que es una de las cosas más difíciles de mantener en nuestra esencia y existencia humana. Y Max, ese personaje, que suele acompañar casi todos mis escritos, lo visualizo como un diminuto demonillo, de color rojo; un ser travieso, descarado y adorable que forma parte de mi otro yo; ese yo que, libre de pudor y diplomacia, se atreve a decir abiertamente lo que estoy pensando.

6 comentarios sobre “Y PASARON MÁS COSAS… En aquel vuelo con turbulencia

  • Wolfson
    el 19 enero 2017 a las 17:19
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    Muy buena crónica del poder de la Naturaleza, que nos creemos dominar y de la miseria humana de un abultado sector de la población española.

    Respuesta

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