XVIII. Duplicity, el juego de los espías y la curiosa duplicidad de los nuevos fichajes y purgas de cama de Podemos

Julisa Roberts en Duplicity
Julisa Roberts en Duplicity

 

Me asombra esta mañana mi viejo profesor Federico, al que conocí en la Universidad hace casi cuarenta años, al llevar con la altiva dignidad de costumbre, en el sobaco, el periódico El País, bien plegado para no arrugar la arrogante superioridad de sus letras y tipos y, de paso, permitir que todos los viandantes veamos a su paso esa mancheta histórica que define al que la porta. Entonces era un “peeneene” de sociología y hoy está a punto de jubilarse como catedrático.

 

Y se que Federico es, sencillamente, uno mas de ese clan privilegiado de ciudadanos nacidos para la gloria, más buenos, éticos, cultos y solidarios que los demás. Y no solamente por su destino casual de tercer hijo de una familia burguesa y haberse criado en un piso de trescientos metros cuadrados. O ni tan siquiera por su satisfactoria vida sexual de grandes emociones y experiencias en sus innumerables visitas a Cuba gracias a su solidaridad obrera, como el mismo me ha manifestado en las ocasiones que hemos compartido, como hoy, algunas cañas. Es una superioridad indescifrable, que parte de su ideología de izquierdas.

 

Hace solamente cinco años defendía ideológicamente las barbaridades de Zapatero, la Pajín y hasta los cochecitos eléctricos y las desalinizadoras, pero hoy, todavía con El País debajo del brazo, y aunque todavía no tiene ni un segundo de su discurso vital para analizar la corrupción política en su plenitud, dado que en su discurso  sobre la caja B del Partido Popular se le olvida mencionar los Eres, el Faisán de Rubalcaba o ese ya famoso tres por ciento de los políticos golpistas catalanes adeptos al pujolismo, pero admite que algo en él ha cambiado. Y que gracias a Podemos ha podido por fin cambiar el destino de su voto. Yo le digo que la transición nos ha marcado, que a un servidor, personalmente, le ha marcado, pero él me contesta luciendo el palmito de su superioridad ética con un par de frases hechas sobre las necesidades sociales y la emergencia. Habla de progresía y de fascismo como un auténtico chef que mezcla ajos con huevos y ofrece un revuelto de ajetes al aroma “los montes perdidos” de muchas estrellas michelín.

 

Julia Roberts en Duplicity
“Duplicity”, del guionista Tony Gilroy en la que Julia Roberts comparte el estrellato con Clive Owen

 

Intento cambiar de tema sin cambiar de tercio y le pregunto si ha visto la película “Duplicity”, del guionista Tony Gilroy en la que Julia Roberts comparte el estrellato con Clive Owen. Los dos actores interpretan a sendos espías que deciden trabajar en la empresa privada para forrarse de dolares y la trama descubre un juego de verdades, mentiras, realidades, enigmas y trampantojos empresariales, que permiten reflexionar al espectador sobre la esencia del fracaso o el triunfo, empresarial o político, en nuestro actual civilización sembrada de cámaras, micrófonos y dobles verdades.

 

Federico me contesta que no, que no conoce la película, pero evita hablar de Carmena y sus podemitas en Madrid cuando paso a comentar la noticia del día sobre los títeres totalitarios programados para los festejos de los carnavales. Intuyo que le da vergüenza ajena, pero calla.  Con su silencio comprendo su solidaridad con los antiguos correligionarios socialistas en el pacto de gobierno por la alcaldía de la capital de España y me entristece.

 

Al despedirse me guiña un ojo y me susurra que tiene que prisa porque ha quedado con un par de jóvenes estudiantes que le han pedido ayuda para superar nota. Y se va feliz, altivo, con la mancheta debajo del brazo, dispuesto como siempre a echar una mano a las nuevas generaciones que ya forman parte de su gente.

 

 

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Manuel Artero Rueda

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