La cotidana falsedad de un buen envoltorio. Carcasas de la apariencia y no de lo fundamental

La importancia de un buen envoltorio
La importancia de un buen envoltorio

 

 

“Vivimos desde hace tiempo un fenómeno curioso. Valoramos las cosas que nos rodean más por el continente que por el contenido. Nos derrota el envoltorio”

 

 

 

He comprado un bolígrafo. Es un artilugio normal que sirve para escribir. Me lo han envuelto en un papel impreso con logotipos de una tienda. Lo saco del envoltorio. Ahora encuentro de nuevo el envase del producto. Tiene bonitos colores está impreso en cuatricromía. Un plástico transparente permite ver la herramienta de escritura a través. Saco el instrumento y tiro el resto a la papelera de mi escritorio. Vivimos desde hace tiempo un fenómeno curioso. Valoramos las cosas que nos rodean más por el continente que por el contenido. De esto se han encargado la publicidad y el márquetin.

 

 

“En una sociedad en la que se nos ha acostumbrado a valorar la belleza, la juventud y la apariencia por encima de otros conceptos, como la esencia y la sabiduría, esto produce singularidades”

 

 

 

Salvo por el nivel de contaminación que produce este hecho, no tendría más importancia que esta. Pero el problema es mayor. En una sociedad en la que se nos ha acostumbrado a valorar la belleza, la juventud y la apariencia por encima de otros conceptos, como la esencia y la sabiduría, esto produce singularidades. Se confunde en casi todos los ámbitos de la vida, el comercio, la cultura, la política, las artes, y las demás cosas, la forma y el fondo. Tanto es así que hemos desechado el fondo de los asuntos y su valor real en pro de sus envoltorios. Ha dejado de tener valor el contenido y se sobrestima el continente.

 

 

“Hay cosas bellas envueltas en papel de estraza y cosas horribles rodeadas de plástico de burbujas, caja de madera, virutas de plástico y papel cebolla”

 

 

 

Pocas personas son conscientes de ello. Hay cosas bellas envueltas en papel de estraza y cosas horribles rodeadas de plástico de burbujas, caja de madera, virutas de plástico y papel cebolla. No estoy hablando únicamente de objetos, sino también de música, literatura, pintura y artes diversas, incluso de nuestros propios pensamientos y sentimientos. Gran parte de la degradación en las sociedades modernas, de la convivencia, del respeto y del propio concepto de la envoltura, como lo es la buena educación se ha producido por no ver más allá del foco luminoso de la forma que no nos deja ver, sentir y comprender el fondo, la esencia lo fundamental.

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Rodolfo Arévalo

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de la novela “El Bosque de Euxido” publicado en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

Un comentario sobre “La cotidana falsedad de un buen envoltorio. Carcasas de la apariencia y no de lo fundamental

  • Belén López Delgado.
    el 1 abril 2017 a las 17:42
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    Magnífica reflexión, de las que hay que tomar buena nota.

    Respuesta

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