La perversión del lenguaje del príncipe de las tinieblas y todos esos personajes que engullen a sus intérpretes

El príncipe de las tinieblas
El príncipe de las tinieblas

 

 

El príncipe de las tinieblas, el icono de la izquierda más rencorosa y vengativa, convertido en sapo con un cigarro en la boca, consiguió postergar, proscribir la palabra España con su “estepaís”, “estepaís”, maraca rítmica de la perversión del lenguaje, con la que acompañaba todos sus anacrónicos tostones. Menos mal que el mito de la clandestinidad, se convirtió al poco de subir a la tribuna de oradores en un rito decadente para sus incondicionales e insoportable perorata demagógica para el resto.

 

 

 

Pero la formula, el vocablo estrella en la perversión del lenguaje, caló entre la gente hasta la extenuación. Ya nadie pronunciaba la palabra España; la izquierda y los separatistas por convencimiento, y el resto por complejo, prejuicio y temor a que se le tachara de fascista. De esta forma tan simple se inicia la campaña de lo que años más tarde seria un concepto discutido y discutible: La España de Zapatero.

 

 

“La perversión del lenguaje y los eufemismos se empezó a utilizar sistemáticamente por todos y en todo lugar, algunos por oficio e intencionada mala leche”

 

 

 

La perversión del lenguaje y los eufemismos se empezó a utilizar sistemáticamente por todos y en todo lugar, algunos por oficio e intencionada mala leche; la mayoría por boca de ganso y esnobismo.

 

 

 

La lista sería interminable, pero solo por señalar algunas de las diabólicas depravaciones: a los asesinos y criminales de ETA, se les empezó a llamar: “violentos”, definición cursi para quitar hierro a la verdadera crueldad que llevan implícito sus actos homicidas; a sus cachorros de las algaradas, motines, correrías callejeras y vandalismo puro y duro: “los chicos de la gasolina”. A los independentistas y secesionistas: “nacionalismos periféricos”. A las “Mamachicho”: libertad sexual, (o al revés). A la pornografía más zafia y grosera del séptimo “arte”: “exigencias del guión”. Al infanticidio enmascarado en el macabro aborto: “los derechos de la mujer”. A la historia desde Carlos III, para acá y a su bandera: “repúgnate fascismo”. Y no sigo…, la estafa, el fraude, el robo no se instala solo en el “coge el maletín y corre”, en el Erario, en las millonarias mordidas o en el saqueo desde la Cruz Roja a el fondo para los huérfanos de la Guardia Civil. No señor. Sino que comienza en la Historia, en la cultura, en la verdad, en la manipulación capciosa del lenguaje para embaucar al siempre cándido pueblo llano. A todos nosotros.

 

 

 

Y el inefable sofista por excelencia, el hijo del vaquero, el mejor trilero de la calle Sierpes que hasta ahora haya dado la política española, no podía ser menos: Al socialismo, le extirpó la denominación de origen. Borró lo de marxista leninista y consiguió que se le llamara: “felipismo”. Social Democracia (made in Carlos Solchaga) A la separación de poderes: “el difunto Montesquieu” (Alfonsodalescaña). Y sin acritud, el famoso espíritu de reconciliación, lo inmortalizó en una eterna película, como: “el criminal espíritu Franquista”, que dura ya cerca de cuarenta años y, de cuyo cansino guion y reiterativas escenas vienen viviendo los funcionarios del celuloide, entre escandalosas y sonrojantes subvenciones. Nuestros cotizados actores llegaron a fuer de repetir el mismo argumento, a hacerse todos republicanos y de furibunda izquierda. El personaje engullo a su intérprete.

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Rey Viñas

Rey Viñas

De profesión, Topógrafo. Escribidor, desde mi bahía, en su tercera acepción y consciente de, entre otras cosas, que el escribir públicamente es un atrevimiento; hacerlo bien, una ciencia; que guste, un arte; que sea útil, un sueño; y que te entienda alguien, un milagro.

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