La pastilla roja, la pastilla azul y el nacionalismo. Una paradoja política del color de la medicación

La pastilla roja
Entonces no había visto la secuencia premonitoria, metáfora del nacionalismo, de La pastilla roja y la pastilla azul de la película Matrix.

 

 

“Todavía no se había estrenado la película Matrix y no había visto por tanto, la secuencia premonitoria, metáfora del nacionalismo, de las pastillas roja y azul”

 

 

La primera vez que me llamaron “nacionalista español” en un lóbrego piso compartido de una ciudad del Norte sentí una curiosa mezcla de halago y extrañeza. Y eso que todavía no se había estrenado la película Matrix y no había visto por tanto, la secuencia premonitoria, metáfora del nacionalismo,  de las pastillas roja y azul. Por un lado, eso de que a uno le llamen nacionalista hasta puede regalar los oídos, dado que esta especie de bípedos está muy bien vista por las gentes modernas de este solar plurinacional. Sin embargo, por otro, me sentí raro, dado que se me calificaba con un apelativo que yo mismo rechazaba abiertamente.

 

 

Después vinieron más veces, éstas ya protagonizadas por algunos conocidos que podrían encuadrarse en lo que muchos llaman progresía, y ya el término se me empezó a antojar molesto, pues descubrí que lo que realmente querían decirme es que yo era un “facha”, un vulgar sectario del nacionalismo español, un vocablo que se aplica por extensión a todos aquellos que no siguen las máximas de lo establecido como correcto en esta España progre, populista y posmoderna en la que nos encontramos.

 

 

“Muchos de los calificados como “fachas” nunca fueron franquistas, fascistas, falangistas, sectarios del nacionalismo ni nada por el estilo, sino más bien todo lo contrario”

 

 

Muchos de los calificados como “fachas” nunca fueron franquistas, fascistas, falangistas ni nada por el estilo, sino más bien todo lo contrario. A modo de ejemplo, el que esto escribe desciende de honrados republicanos por parte materna, participó en asambleas y manifestaciones durante su época de estudiante que solían acabar en curiosas carreras pedestres —ejercicio hoy día impracticable a causa de una prominente barriga y un espolón en el calcáneo que martiriza de vez de cuando—, fue amenazado por elementos ultraderechistas tras alguna discusión, firmó manifiestos por la libertad de presos políticos e incluso alguna vez votó al PSOE, aunque esto último queda ya casi en las antípodas de la memoria.

 

 

Así, pues, no creo ser fascista, simplemente me aconteció lo mismo que a Neo, el personaje protagonista de Matrix —film cuasi premonitorio de los hermanos Wachowski— cuando un destacado miembro de la Resistencia al sistema le da a escoger entre dos comprimidos: uno azul, que le haría olvidar la conversación manteniendo su vida inalterada, y otro rojo que constituía el ingreso al mundo real. Él se tomó la pastilla roja; muchos de nosotros también. Lo único paradójico es el color de la medicación.

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Guillermo Emperador

Guillermo Emperador

Español, bajito, republicano y alopécico. Profesor de la escuela del maestro Ciruela, boticario y bloguero en Libertad Digital con el espantoso nick de “chinito”. Ahora autoascendido a Emperador de la tierra de las Mil Naciones (España, obviamente). Tengo un blog, una coneja y muchos amigos en la Llanura de Palmaria. Nunca pensé en escribir pero la vida es un camino que lleva por derroteros extraños.

2 comentarios sobre “La pastilla roja, la pastilla azul y el nacionalismo. Una paradoja política del color de la medicación

  • Maria
    el 2 mayo 2017 a las 13:21
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    Cuando era joven nunca fun facha ni lo contrario . Solo me dedicaba a observar y no me gustaba el rumbo que tomaba España y al día de hoy sigue gustándome menos. Nunca tomaría la pastilla roja , ni antes ni después. Buen artículo Guillermo!

    Respuesta
    • Emperador
      el 2 mayo 2017 a las 15:49
      Permalink

      Nunca fuimos fachas, María. Son otros los que nos pusieron la etiqueta.
      Muchas gracias,

      Respuesta

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