La industria política para arrabaleros, que subvencionamos en Cataluña sin conocer sus secuelas

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La guerra de las banderas en el Ayuntamiento de Barcelona

 

Es tan descaradamente patente el uso obsceno del llamado sistema democrático; es tan vil y lacerante su rito de urnas y mentiras; es tan agotador el irritante narcisismo de sus valedores, que a estas alturas de la película, nadie con dos dedos de frente puede ocultar su frustración ante esta gran farsa.

 

 

Que la política no persigue una ideología más o menos versátil a una sociedad; ni un método para convivir honradamente administradores y administrados lo tenemos tan claro, como el agua clara. Que es un oficio, un negocio, un modus vivendi para lacayos y amos medievales, está más que visto.

 

 

“Es tan obvio que avergüenza el padecer noche y día tanta política, tanto deseo desenfrenado por conseguir poder, riquezas, dignidades, una masía con bandera, idioma propio y dineros ajenos”

 

 

 

Pero que en Cataluña, por excelencia, ésta se convierte en una industria para arrabaleros de la política con pretensiones, para mercaderes venecianos, para okupas con ambiciones, para edecanes de traidores en la sombra… es tan obvio que avergüenza el padecer noche y día tanto deseo desenfrenado por conseguir poder, riquezas, dignidades, una masía con bandera, idioma propio y dineros ajenos que llevarse a la butxaca de aquí o a la del país de Heidi. Oh, que maravilloso ejemplo a seguir por aficionados y que reluciente espejo en el que mirarse las diez y seis (16) pedanías restantes con sus honorables pedáneos!!

 

 

Pero ¿Y qué?, a la masa amorfa la alimentan en catalán con sueños de emancipación liberadora y se traga absorta el elixir del brujo sin leer el prospecto, sin conocer sus contraindicaciones, sin enterarse de sus efectos secundarios. Convencidos que las plagas forasteras ya no le afectaran, que una señal de sangre de cordero en las puertas de sus casas les hace inmunes a la sombra de todo mal, humano o divino.

 

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Esta es la propaganda con banderas que se hace a los niños en Cataluña

 

“Cien años apaciguando a los independientes borregos, sobándoles el lomo con los logros alcanzados, con himnos que cantan a la sangre y a la venganza, con héroes de hadas y sueños de un edén catalán, solo para catalanes”

 

 

Más, si lograda la independencia (No hay bemoles), si ocurriera (No hay gónadas), si sobreviniera en toda su amplitud y consecuencias (No hay cojones), los siete amos del cotarro, las cuatro familias poderosas, los treces políticos del circo, la oligarquía de ayer de hoy y de siempre, se llevarían cien años convenciendo al pueblo, –eso sí, en catalán– de que todos los males, de que todos los problemas, de que todas las miserias, carencias y penurias son debidas a haber padecido tantos años de dependencia de la malvada España. Cien años diciéndoles que los catalanes han de sacrificarse por su pueblo; que para levantar la patria del expolio sufrido por la fascista España, así se lo pide la nueva Cataluña. Cien años, cegándose en la puta España, en la puta Europa, en la puta crisis, en el capitalismo y en el comunismo. Cien años apaciguando a los independientes borregos, sobándoles el lomo con los logros alcanzados, con himnos que cantan a la sangre y a la venganza, con héroes de hadas y sueños de un edén catalán, solo para catalanes. De raza, de abolengo. De la Etnia. Primigenia y salvaje, claro.

 

 

Si este solar Patrio, por aquello de “a enemigo que huye puente de plata”, permite materializar las murallas que hoy son de inquina lingüística, de prepotencia étnica, de arrogancia vecinal, de menosprecio a culturas paralelas, de puta y mala insolencia… en barreras tangibles de aduana y carabineros, nos olvidéis de poner las puertas de EXIT, porque la “espantá” será frenética. Y no necesitarán de comisionistas ni de patrióticos intermediarios: el goteo se convertirá en caudal que arrastrará con toda la siembra, los escombros y el fango. Anda y quedaros con el Barça. El circo lo pone Messi, el pan Rajoy. Aún.

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Rey Viñas

Rey Viñas

De profesión, Topógrafo. Escribidor, desde mi bahía, en su tercera acepción y consciente de, entre otras cosas, que el escribir públicamente es un atrevimiento; hacerlo bien, una ciencia; que guste, un arte; que sea útil, un sueño; y que te entienda alguien, un milagro.

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