Historia, presente y esperanza… ¡Hay que luchar para que este grandioso país vuelva a ser la España de sus mejores tiempos!

Hay que luchar
Hay que luchar con esperanza

 

 

En la escuela me enseñaron a sentirme orgulloso de ser español, de nuestra historia y de nuestras guerras. En mi casa a demostrarlo todos los días, con el trabajo, con el esfuerzo, a ser desprendido y cabal al tiempo, cultivar la esperanza; caballero y humilde trabajador; bohemio y responsable a partes iguales. No sabía yo por aquel entonces, cuando velaba armas, que me iba a encontrar, en el intento, con tanto dragón con el que batallar.

 

 

“Una chispa, un deseo, una aspiración, una ambición, la esperanza, me dicen que he de creer y creo, que he de luchar y lucho, para que este grandioso país vuelva a ser la gran España de sus mejores tiempos”

 

 

 

En el tortuoso camino he encontrado eruditos, y compañeros de fatiga, novelistas y ensayistas, articulistas y coristas, muchos coristas a sueldo, de baja estofa y de ignaras ideas, que han intentado poner en duda lo qué me enseñaron en la escuela y en casa. Por doquier han ido minando el terreno de la esperanza para que repudie la historia de mis ancestros, para que me avergüence de mi condición de español, para que reniegue de lo que he aprendido por mí mismo y de lo qué la vida me ha demostrado.

 

 

 

Lo he dicho alguna que otra vez y lo repito: Los hechos son incontestables. La España de la reconquista; la de la aventura americana; la del orgullo de 1808, ya no existe. Sí, ya sé, os indignaréis, alzaréis el puño, frunciréis el entrecejo, pondréis voz grave y circunspecta y diréis: “mientras yo tenga un hálito de vida, España, será una, grande y libre”. ¡Joder! No te desgañite, es para nada, tú sabes que si no está muerta, agoniza. Y en el fondo lo sufres, pero entornas los ojos aspira aire y tragas… saliva, mientras se reparten tierras en pública subasta, frustrados sultanes sin chilaba, pero con barretina o chapela.

 

 

Sabes que ya nunca será el onírico sueño de tu niñez, ni el idealista país de los tiempos de la mili, ni aquella que iluso te creaste al albur de la mítica libertad. Nada será lo mismo. España volvió a la guerra civil, un impreciso día, de un ya lejano y fatídico año, retrocedió a aquella que trajeron allende de las aguas del Volga para arreglar lo de los ricos y los pobres, a gente crueles capaces de matar nuestra esperanza.

 

 

Sin embargo, aquí sigues, aquí seguimos, zurcidos a heridas, cansados a veces, deprimidos casi siempre, pero intacta la leyenda de nuestros mayores; ileso nuestro orgullo de español.

 

 

Más por ello, hasta hace muy poco estaba convencido que esta tragedia que nos habían programado, que nos habían trazado, corría inexorable hacia nuestra desintegración como nación. Pero no. Un palpito, una corazonada, una premonición, una chispa, un deseo, una aspiración, una ambición, la esperanza me dice que he de creer y creo, que he de luchar y lucho, para que este grandioso país vuelva a ser la gran España de sus mejores tiempos.

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Rey Viñas

Rey Viñas

De profesión, Topógrafo. Escribidor, desde mi bahía, en su tercera acepción y consciente de, entre otras cosas, que el escribir públicamente es un atrevimiento; hacerlo bien, una ciencia; que guste, un arte; que sea útil, un sueño; y que te entienda alguien, un milagro.

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