El Extranjero de Albert Camus o la mentalidad poética de la sociedad que vivimos, más desquiciada que sensata

EL EXTRANJERO de ALBERT CAMUS
EL EXTRANJERO de ALBERT CAMUS

 

 

 

Para el análisis sobre esta novela, he discrepado del prologuista: no mato al personaje para seguir una hipótesis ya señalada en su argumento. Sino que a Meursault le conmutan la pena de muerte por la de cadena perpetua. Pasa el tiempo, y sus reflexiones sobre los hechos llegan a oídos de Albert Camus, quien las recoge, y convierte el alegato que hace como justificación del crimen, en un texto lleno de singularidad, y a párrafos, de prosa poética. Como consecuencia convierte al protagonista en un hombre sensible a todo cuanto le rodea, capaz de notar y vivir intensamente los más pequeños matices de la vida ó cautivarse ante la naturaleza, y que llega a expresarse con frases llenas de originalidad y belleza: “El día resbalaba sobre el techo de vidrio”; “Aspiraba el olor a tierra fresca”; “El cielo está lleno de sol. Comenzaba a pesar sobre la tierra”; “El sol había hecho estallar el alquitrán. Los pies se hundían en él y dejaban abierta su brillante carne”. No cabe duda, citaríamos más de medio libro, con formas de decir que solo pueden corresponder a un poeta.

 

 

 

“Albert Camus, en una narrativa magistral, intenta eximir, paliar el hecho real del asesinato con toda clase de condicionantes”

 

 

 

Quisiera desligar la buena literatura del autor, de –en mi humilde opinión- la verdadera realidad de los hechos relatados. Pero me he es imposible. Porque ésta, constantemente palia, disimula, envuelve al personaje central de la novela, en un aura que no encaja. No es que Meursault, sea ni peor ni mejor que nadie, es en cualquier caso como somos la inmensa mayoría de los humanos: contradictorios, llenos de inquietudes, siempre con preguntas por responder, capaces de las más heroicas hazañas o de cometer los actos más ruines. Este principio, casi biológico, no lo capta nuestro protagonista, y justamente esto le pierde, convirtiéndole en una persona simple por la superficialidad de su pensamiento. A pesar de que Albert Camus, nos realce magistralmente gestos, y vivencias de este hombre en los prolegómenos del crimen. Modos y formas de ser – por otro lado- espontáneos, y que nunca colocaríamos en nuestro haber de buenas personas. Porque pocas veces nos percatamos de aquello que hacemos normalmente, como norma.

 

 

José María Carandell en su prólogo nos sugiere que el titulo exacto de la novela sería “El Extraño”. Pues bien, servidor propone el de “El Extraterrestre”, dado que nuestro joven parece sentirse fuera de lugar, por encima del resto de los mortales, en un mundo que no es el suyo. Desde su patrón al capellán, él si puede juzgar a toda persona que se cruce en su camino. Pero él se siente tan superior, que jamás ha de pedirse explicaciones de sus actos. Es sincero, porque todo el mundo tiene la obligación de entenderlo. Reprocha al mundo que no sea tan bueno como él, ¡¡tan listo, tan lógico.!!

 

 

La narración, que comienza con la muerte de su madre, parece querer demostrar al fiscal, que la base usada en su acusación no era justa. Y lleva razón. Es ley de vida que los hijos, inconscientemente, se vayan preparando para la muerte de sus padres, y si no llega de forma traumática, no debe causar, generalmente, el dolor que otro tipo de muerte motiva por inesperada. Es a medida que pasa el tiempo, cuando de verdad se empieza a notar su ausencia, sus consejos, su calor, su infinito amor. Esto es cierto. Pero Meursault, nos cuenta el velatorio y el entierro con todo lujo de detalles para, paso a paso, de forma sutil, hacernos notar que desde el comportamiento del director del asilo, al cortejo de acompañamiento, es algo mecánico, sistemático, se empeña en destacar los “tic”, los detalles nimios de los compañeros de su madre, de su mejor amigo y de su mejor amiga, sin entrar en razonar sus verdaderos sentimientos. De esta forma queda justificada su actitud: “…y mi alegría cuando el autobús entró en el nido de luces de Argel y pensé que iba a dormir doce horas.” Todo entra en los cauces de la normalidad, pero bellamente descrito.

 

 

Y la vida continua…, se despierta y encuentra a María, no sabe si le ama, pero sí que la quiere sexualmente. Comienza un idilio, en el que vanidoso, solo admite responder al mismo deseo que ella. Pero para demostrar su capacidad sensitiva, nos cuenta como es capaz de constatar el estremecimiento de la chica, cuando le dice que su madre murió ayer.

 

 

Nos pinta a su compañero de trabajo como un hombre bobalicón, pero tras contemplar absorto el paisaje, nos deja caer: “Fui el primero en tomar apoyo y salté al vuelo. Luego ayudé a Manuel a sentarse.”. Insiste, cualquier matiz, cualquier detalle es importante para hacer ver que es un buen chico. Todo su relato tiene como objetivo demostrar sus buenos principios morales. Quizá, nos pone en paralelo la vida de sus dos vecinos para dejar claro que entra en el juego detestable de Raimundo por la misma razón que se enternece con el viejo Salamano y su perro sarnoso. Su ego no le permite admitir que presta su colaboración a una causa vil. Oculta una acción execrable, convencido de que su impulso fue la de ayudar. ¡Noble ayuda!

 

 

Albert Camus, en una narrativa magistral, intenta eximir, paliar el hecho real del asesinato con toda clase de condicionantes: Argumenta razones intrínsecas, personales, de clima, sol, sudor y vino o de perturbación de la mente y cierto menos precio hacía la víctima, siempre encarnado en la mentalidad del protagonista. Pero leído con atención, se llega a una sola conclusión: Meursault, dispara por cobarde.

 

 

Nuestro personaje, en sus meditaciones durante el encierro en prisión, da la talla de quién es realmente: un individuo narcisista, lleno de prejuicios. Se niega a encontrarse con el capellán, y cuando se ve obligado, no dialoga, sino que arremete violentamente contra él, porque éste viene a darle la esperanza de Dios, y él no tiene tiempo para perderlo en un Dios en el que no es que no crea, sino que odia.

 

 

Magnífica literatura, la derrochada por Albert Camus, para justificar a todas luces la pérdida de valores del hombre en este berenjenal plagado de contradicciones y dudas en que actualmente se encuentra. En gran medida, nos relata la mentalidad de la sociedad que vivimos. Que parece más desquiciada que sensata.

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Rey Viñas

Rey Viñas

De profesión, Topógrafo. Escribidor, desde mi bahía, en su tercera acepción y consciente de, entre otras cosas, que el escribir públicamente es un atrevimiento; hacerlo bien, una ciencia; que guste, un arte; que sea útil, un sueño; y que te entienda alguien, un milagro.

3 comentarios sobre “El Extranjero de Albert Camus o la mentalidad poética de la sociedad que vivimos, más desquiciada que sensata

  • Mercedes Ibáñez Huete
    el 8 mayo 2017 a las 15:31
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    He reflexionado muchas veces respecto a lo que supuso para mi la muerte de mi padre, por lo anunciada, por lo tranquila y por lo “poco” que me afectó.Siempre he pensado que me comporté como un monstruo sin corazón ni sentimientos y todavía, aún echándole mucho de menos (no solo me dio la vida sino que fue mi maestro profesional), todavía decía, siento un profundísimo dolor dentro de mi.Todo esto lo he revivido con tu análisis de esta obra de Camus. Me ha venido bien.Te lo agradezco.Gracias Rey Viñas.Un abrazo.

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    • el 8 mayo 2017 a las 17:49
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      Me alienta el animo que estos humildes pensamientos te hayan servido para revivir tus dudas, tus reflexiones, sentimientos… quizás, como ayuda para un nuevo replanteamiento. Mil gracias siempre a ti. Un abrazo.

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  • el 11 mayo 2017 a las 14:09
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    Lo de cobarde, creo que se puede matizar, pero me alegra leer un análisis que destaca la sensibilidad de Meursault. Gracias!

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