Mientras recuperamos de nuevo la libertad, Landa, Alfredo, Don Alfredo, descanse en Paz y gracias

Alfredo Landa en una imagen de El crack
Alfredo Landa en una imagen de El crack

 

Fue el aniversario de Landa, Don Alfredo. Recordamos al actor entre un ambiente nacional y turbio donde sus colegas de profesión, entre la pancarta, la queja y la prepotencia, se unen en grupo orgánico para seguir destilando su enfermo sentir. Landa, en ese contexto, nos aparece más grande, si cabe. Grande por haber marcado la diferencia con el gremio, tan soez y caradura, sobresaliendo, no sólo por su calidad artística, sino por la de su corazón.

 

 

“Recordamos al actor Alfredo Landa entre un ambiente nacional y turbio donde sus colegas de profesión, entre la pancarta, la queja y la prepotencia, se unen en grupo orgánico para seguir destilando su enfermo sentir”

 

 

Me llega así, entre estas reflexiones, una primera imagen de tío con bigote, amargado, duro, herido. No sé si es en el “Crack” o en “Tristeza de Amor”. Me concentro y sé que es en la primera. Encarnado en ese detective triste que busca vivir en María Casanova para perdonarse el sobrevivir en el mundo.

 

Alfredo Landa entre Madrid y Brroklyn
Alfredo Landa entre Madrid y Brooklyn

 

Sucede en el universo de un Madrid transicional y gris, soñado en clave de Brooklyn donde nuestro héroe juega al mus mientras desentraña las mentiras de su entorno. Landa cenando en un restaurante de carretera, con banda sonora de José María García, ensimismado en su cena mientras el chori de turno arrambla la pasta. Landa y Bódalo, Don José, en escena fundante del cine patrio, ‘piojo’, viejos zorros, planos para la historia. Landa en la radio, tristeza y amores, Concha Cuetos, serie crepuscular de madrugada que se salva por el carisma de dos reporteros alcohólicos que nadan su naufragio en barra americana.

 

 

Fotograma de la película "Los Santos Inocentes" (1984) de Mario Camus
Fotograma de la película “Los Santos Inocentes” (1984) de Mario Camus

 

Landa emocionado recogiendo premios en discurso roto. Y Landa, claro, humillado por la progresía subvencionada e inútil, que recrimina que él es un prototipo triste de la España profunda… mientras aquellos cobran y pancartean buscando financiación para dar formato a sus pajas mentales. Landa se crece así valiente en entrevistas, de frente, gesticulante, señor normal, anti-divo y directo.

 

 

 

El actor ‘comercial’ que ‘no sabe actuar’ y con etiqueta de “Landismo”, de repente se aparece en comunión de Santos Inocentes, metáfora eterna de una España que rastrea surcos de caza para oligarcas improductivos de gomina y nada. Ese es Landa… y mucho más, pero el mío, que es todos esos, es aquel de ‘Las Verdes Praderas’, parábola magistral que describe las ruinas de una forma de vivir, el fracaso de una generación boba y amnésica cuya felicidad consiste en hacerse con un chalet en la sierra para seguir esclavizado a una felicidad chorra que no existe. Gracias Garci, otro maldito. Me uno a mi amigo una vez más, más enérgico que nunca, para quemar el chalecito de los cojones compartiendo mirada hacia los ojos de María Casanova mientras recuperamos de nuevo la libertad. Landa, Alfredo, Don Alfredo. Descanse en Paz y gracias.

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Juan Miguel Novoa

Juan Miguel Novoa

Economista de profesión, escritor por vocación, filósofo por supervivencia y fotógrafo por amor. Alma cosmopolita y patriota perteneciente a la sacra cofradía de los letraheridos. En suma, un vividor católico y español al que, entre el tinto de Toro, la Patria y la Cruz le hacen agudizar la vista para vivir con gozo este valle de lágrimas

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