Sobre el carácter, el clima, y los protagonistas de Cumbres Borrascosas

Cumbres Borrascosas de Emily Brontë
Cumbres Borrascosas de Emily Brontë

 

“Tenemos el convencimiento que el paisaje, el clima, el entorno ambiental que nos rodea, influye de forma decisiva en nuestro carácter”

 

 

Generalmente, tenemos el convencimiento que el paisaje, el clima, el entorno ambiental que nos rodea, influye de forma decisiva en nuestro carácter. Parece que las personas que viven en zonas donde los días grises se suceden en el tiempo sin que apenas el sol asome durante unas horas al año, son, por norma, serias, severas, poco dadas a la broma, que viven generalmente encerradas en su ego particular, tienden a la exageración en su comportamiento social, y suelen ser proclives al fetichismo o a un puritanismo exacerbado. Por el contrario, aquellas otras que viven los cuatros estaciones del año, con los días justos de cielo entoldado, y el hábitat que les rodea es esplendoroso, se sienten con espíritu jovial, la chanza les estimula, son extrovertidos, sus hábitos sociales no les condiciona más de lo justo, y son reacios a meigas o a caer en falsos cacareos de un credo.
Esta pequeña síntesis, diríamos que engloba algunas ideas genéricas de las dos grandes tendencias anímicas, a las que el hombre se ve abocado en virtud del lugar del planeta donde vino a nacer y vivir. Así, si hiciéramos abstracción de cualquier otra razón, nos parecería, sin dudas, que el ser humano es propenso a una determinada conducta en función de las horas de luz solar que recibió durante su vida.

 
Pero naturalmente, esta asociación, entre el entorno natural y los rasgos que conforman la personalidad de un individuo, está sujeta a otras consideraciones: nos parece obvio, que al edén o al erial, hay que añadir, cultura, religión, moral, ética y toda serie de humanidades en que los pueblos se ven inmersos; además de otros avatares, ajenos a cualquier deseo, y que conllevan congoja allí donde quiera que ocurra, como las enfermedades, o desgracias de una índole u otra. Por lo tanto, creemos, que el carácter, la personalidad, los modos y modales de un humano se forja en la conjunción de todos los factores que le acompañan durante su existencia. Ninguno por si solo es determinante. Quizá, climatología y paisaje predispone, pero ambiente social y cultura consuman el ser. Es decir: que un esquimal, puede ser más feliz, en su iglú, que un europeo en una soleada casa de la costa mediterránea.

 
Si elegimos, por ejemplo, la novela de Emily Brönte, “Cumbres Borrascosas”, para enjuiciar, de qué manera puede afectar el escenario que describe en su narración, sobre el perfil que configura la mentalidad de sus personajes, ésta nos invita a asociar rápidamente, la tristeza de los interminables días de lluvia y nieve, con la lúgubre vida de sus personajes. Sus rocosas montañas, sus adustos páramos, sus tenebrosos pantanos, sólo pueden ser habitado por gente de mentalidad atormentada.

 

 
Pero nosotros, creemos, que el desapacible clima o el desolador panorama que rodea a los protagonistas de esta novela, no les mueve a conductas irascibles, ni a inclementes gestos, ni a rencores, ni a apasionados amores, sino que día a día los hechos van formando su espíritu, sus miedos, sus creencias o sus ideales.

 

 
Esta es una historia de amor como tantas otras, mejor que otras, porque ni Catalina, ni Heathcliff, tienen que enfrentarse a ridículos antagonismos de familias como Romeo y Julieta en la cálida Italia, es más ellos tienen un final, quizá menos traumático, porque cuando menos, poco antes de morir ella, dan riendas sueltas a su amor, cautivo hasta entonces por convencionalismos y prejuicios.

 

 
Podríamos hacer un pormenorizado análisis de todos los personajes, y llegaríamos a la misma conclusión: comparados con otros de otros miles de novelas, o de la vida real, encontraríamos, celos, amor y odio, risas y llantos, siempre, independientemente del lugar geográfico en que enclavemos la historia.

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Rey Viñas

Rey Viñas

De profesión, Topógrafo. Escribidor, desde mi bahía, en su tercera acepción y consciente de, entre otras cosas, que el escribir públicamente es un atrevimiento; hacerlo bien, una ciencia; que guste, un arte; que sea útil, un sueño; y que te entienda alguien, un milagro.

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