Hoy, más que nunca, me quiero abrazar a España. Quererte a ti no me cuesta nada

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La Basílica del Pilar

 

Hoy, más que nunca, me quiero abrazar a España. Y lo quiero hacer mirándola a los ojos, como se mira a alguien a quien se ama desde lo más profundo del corazón y queriendo cerciorarme de saber transmitirle todo mi respeto, mi admiración por su grandeza injustamente olvidada, y mi dolor por sus muchas heridas. Y, como cantaba Cecilia: “… Quererte a ti no me cuesta nada”.

 

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Toledo

 

Hoy, te veo, mi dolida España, como al famoso toro de la Vega: llena de lanzazos y puyas que te desangran por todos los costados, mientras otros muchos, que dicen amarte, te miran de soslayo sin atreverse a defenderte de tanta ignominia, por cobardía y temor a que los verdaderos fascistas los llamen a ellos fascistas, (muchos aún no saben que para ser fascista tienes que ser izquierdista).

 

 

Mi impertinente demonillo, Max, no se resigna a callar y dice que, “unos, por odio vivo, y otros, por vivo amor, entre todos la mataron y ella sola se murió”. Ya ves, mi querida España, que de amor también se muere. “Parajodas de la vida”, dice también mi Max.

 

 

Pero tú sigues navegando en este barco cada más más desvencijado en que te hemos convertido. Mientras, una banda de voraces advenedizos se disputan, a fuerza de golpes bajos, el timón que aún nadie pilota. ¡Qué mala suerte la tuya que hasta los salvavidas llevas pinchados!

 

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El Palacio de Cristal. Parque El Retiro. Mdrid

 

No sólo te debates entre los de las lanzas y los acomplejados que no sacan pecho para presumir de ti, como si no hubiera muchas y gloriosas razones para ello, sino también, ¿por qué no decirlo?, entre los que, por falta de generosidad, anteponiendo su coherencia ideológica a la imperiosa necesidad de restañar ahora tus heridas, se enrocan impasibles, dejando que una banda de desharrapados, que no tienen razones para odiarte, porque ni siquiera conocen tu historia, te desnuden de tu hermoso vestido rojo y gualda para vestirte de pu.. (¡Otra vez Max!, que ha querido decir una ordinariez, el pobre).

 

 

Cuídate, España mía, de tantos buscavidas bufones de la mentira; de esta siniestra bandada de cuervos carroñeros que vienen abanderando un falso estandarte de regeneración; de los quieren hacerte nueva con harapos ya tan viejos y raídos; de los que sólo son una charanga desacompasada y chirriante, sin más proyecto que el de ser una recua de demolición con el conocido lema de “quítate tú que me pongo yo”.

 

 

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Madrid

 

Qué burdo empeño en hacer de ti, mi bonita España, una franquicia de las casposas Cuba, Venezuela, Corea del Norte, etc., todos esos regímenes políticos en donde las libertades brillan por su ausencia; en donde reina todo lo que hace esclavos y rehenes de su miseria a los que allí habitan sin posibilidad de escapar, que son la mayoría.

 

 

Pero no voy a terminar mi sentido abrazo a España sin entonar un obligado mea culpa, porque se hace patente que los españoles no hemos sabido cultivar la suficiente exigencia política como para poder mantenerte al margen de tanta y tan variopinta trapacería partidaria. Y que unos, por una razón, y otros, por otra, te hemos traído a una situación en la que la defensa de tu integridad territorial, tu prestigio de gran nación y tu bien ganado lugar en la Historia, van a tener que quedar en manos, si no de los mejores, sí de los únicos que aún pueden intentar poner apósitos en tus heridas, mantenerte en pie, y fuera de las garras de estas hienas disfrazadas de regeneradores.

 

 

Max, me dice burlón, como es él, que, “estos son los bueyes que tenemos y con éstos hemos de arar”.

 

 

Por todo esto y mucho más, izo, hoy, tu bandera que es la mía, con todo el orgullo y honor de ser una española que, allá por donde va, te lleva siempre en el corazón.

 

 

¡¡FELICIDADES ESPAÑA!!

 

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Belén López Delgado

Belén López Delgado

Soy una apasionada de la aviación y de la escritura. Quise ser piloto pero me faltaron medios económicos, y me tuve que conformar con ser azafata. Poco después descubrí que es mucho mas divertido y gratificante estar en una cabina de pasajeros que aburridos frente a un montón de relojitos. Encontré ante mí un mundo deslumbrante para aprender de otras gentes y otros países, que me absorbieron toda la dedicación a ese libro en ciernes que me habría encantado escribir. Valoro y defiendo, hasta donde me es posible, la Coherencia. Tengo para mí que es una de las cosas más difíciles de mantener en nuestra esencia y existencia humana. Y Max, ese personaje, que suele acompañar casi todos mis escritos, lo visualizo como un diminuto demonillo, de color rojo; un ser travieso, descarado y adorable que forma parte de mi otro yo; ese yo que, libre de pudor y diplomacia, se atreve a decir abiertamente lo que estoy pensando.

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