Crónicas de la Corte del Faraón y el sucesor de la estirpe de Zap-Ateph, el pérfido Pedrops o la avaricia por ocupar el trono de Osiris

La corte de faraón.
La corte de faraón.

 

El tórrido mes de julio se dejaba caer por el Valle de los Reyes y la Corte del Faraón. El pueblo de los Tolomeos (llamados así porque, de tanto tragar, les miccionaban encima y decían que llovía) andaba hastiado, aburrido y amburtiado tras varios años de reinado del Gran Marianostris, el de poblada barba, Faraón de la dinastía de los Tankredos y adorador de la diosa “Marka”, a la que rendía honores todos los días. Hace tiempo que marchó el nefasto gafe Zap-Ateph, pero su maldición continuaba y los tolomeos no eran felices. Había algunas monedas más de plata en la bolsa, pero pocas, y la vida no era fácil.

 

“Pedrops (Snchz en escritura jerogífica) era capaz de vender su alma al Hades con tal de sentar sus posaderas en el Templo de Mon-kloah, aunque solo fuera por un ratito”

 

Para colmo el panorama político se había complicado. El sucesor de la estirpe de Zap-Ateph era el pérfido Pedrops, que tenía toda la estulticia de su predecesor, pero mucha más avaricia aún por ocupar el trono de Osiris. Pedrops (Snchz en escritura jerogífica) era capaz de vender su alma al Hades con tal de sentar sus posaderas en el Templo de Mon-kloah, aunque solo fuera por un ratito.

 

Y para ello no se paraba en barras. Primero intentó aliarse con Albertofis, llamado El de la Ribera, pero Marianostris deshizo el conjuro. Siguió medrando, como el conejito de Dur–a–Cel pero al final fue rechazado por los suyos, dada su incompetencia. Condenado al ostracismo, volvió tras una dura pugna con la sacerdotisa Susi, de las tierras del Sur.

 

“Dicen las profecías de la Corte del Faraón que, al llegar la época de las lluvias, Pedrops volverá a la carga y urdirá un oscuro contubernio para aliarse con su antiguo enemigo, Koletis”

 

 

Dicen las profecías que, al llegar la época de las lluvias, Pedrops volverá a la carga y urdirá un oscuro contubernio para aliarse con su antiguo enemigo, Koletis. Éste era el más siniestro de todos, practicante de magia negra y charlatán de oráculos televisivos, donde tuvo gran éxito y logró hechizar a millones de incautos, captando cohortes de prosélitos que andaban por las calles como muertos errantes, balbuciendo en su jerga palabras de adoración al líder supremo y maldiciones contra los sacerdotes de la kasta, a la par que defendían la okupación de pirámides y otras herejías que ellos llaman modernidades.

 

 

Potente Faraón y la Reina de la Corte del Dragón
Potente derroche de los enchufados por su Reina la Subvención de la Corte del Faraón.

 

La maldición que había caído sobre el país de los Tolomeos no se paraba ahí. Algunos moradores de la Tierra del Este, capitaneados por Puksdenatón, el seguidor del Señor Enano, querían separarse del Imperio y no cejaban en el empeño. Puksdenatón, conocido también como chambelán Vileda, era un tío muy feo y cabecilla —es un decir, pues la tenía rematada con un mocho espantoso— de una secta de nigromantes del Averno igual de maléfica que la de Koletis, pues había logrado abducir a muchos de sus súbditos con eso de la separación, creando graves tensiones entre los habitantes de su territorio, ahora enfrentados.

 

Por otro lado, Marianostris había logrado consolidar el poder en su tribu y ya no tenía quienes le hicieran sombra. Primero cayó en desgracia Albertofis el Viejo (no confundir con el de la Ribera), Gran Arquitecto de las Treinta mil Zanjas; luego la sacerdotisa del Templo capitalino, en el que muchos tenían Esperanzas. Y Marianostris proseguía en esa vida apacible que tantos éxitos le había dado, aunque algunos le acusaban de haber abandonado los viejos principios y los códigos de los antepasados.

 

Aun teniendo casi todo a favor, los tolomeos ya no se fían de Marianostris y sus continuos viajes al Centro del bajo Imperio, donde tienen su sede los ídolos del culto buenista. Tampoco ven claro como solucionará el conflicto de Puksdenatón ni la manera de hacer frente a la alianza de Pedrops y Koletis. Pero mientras, el de poblada barba sigue fumando papiros y adorando a la diosa Marka. España va bien.

Share on Facebook0Tweet about this on TwitterShare on Google+0Pin on Pinterest0Email this to someone
Guillermo Emperador

Guillermo Emperador

Español, bajito, republicano y alopécico. Profesor de la escuela del maestro Ciruela, boticario y bloguero en Libertad Digital con el espantoso nick de “chinito”. Ahora autoascendido a Emperador de la tierra de las Mil Naciones (España, obviamente). Tengo un blog, una coneja y muchos amigos en la Llanura de Palmaria. Nunca pensé en escribir pero la vida es un camino que lleva por derroteros extraños.

Deja un comentario