Homenaje a mi abuelo y a sus tres pasiones, la lectura, la tauromaquia y el cine

MI ABUELO
Homenaje a mi abuelo y a sus tres pasiones, la lectura, la tauromaquia y el cine

 

Muchos días de  mi vida recuerdo el fallecimiento de mi abuelo materno, Manuel Llovera.. Murió el 30 de diciembre de 1.972 de cáncer de fumador empedernido. Era un INTELECTUAL..y si teneis el valor y paciencia de leer con resignación cristiana lo que a continuación expongo…os daréis cuenta de la razón por la cual se me inflan los cojones cuando catalogan en este país de genios culturales de siglos y siglos, como intelectuales a auténticas mierdas pinchadas de un palo tales como Sopenas, Cebrianes y demás gentuza de tres al cuarto.

 

“Mi abuelo era un LIBERAL. Sí. Tanto en sus ideas como en su forma de comportarse”

 

Mi abuelo era un LIBERAL. Sí. Tanto en sus ideas como en su forma de comportarse. De familia muy rica (su abuelo fue el del panteón piramide del que ya he hablado alguna vez) vivía en una finca propiedad de él y su hermano en mitad de la céntrica calle Colón de Valencia. Colón 15 (hoy propiedad del nuevo rico Juan Bautista Soler, arruinador del Valencia CF). En su casa pasé mua toda mi infancia prácticamente. Era una casa enorme con muchas habitaciones. Toda para mí puesto que sus tres hijos ya se habían casado y habían volado del nido. Mi abuelo era abogado (apenas ejerció) y sobre todo era catedrático de Historia. Le dieron la plaza para Granada, creo, y prefirió quedarse en Valencia sin cobrar. (tenía dinero por un tubo). Y tenía tres pasiones. Tres grandes pasiones.

 

La primera era la lectura. Dos de las habitaciones de su casa formaban la biblioteca. Inmensas y altas paredes recubiertas con estanterías negras de madera y repletas, rebosantes, de libros de todo tipo. Alfombras y dos sillones con una mesita en medio de ambos. Era una pasada. A cualquier niño de mi edad le hubiera acojonado aquel ambiente…pero yo, por alguna razón, me sentía protegido. En aquella habitación siempre lo recordaré sentado en su sillón, con sus gafas casi en la punta de la nariz, leyendo ávidamente cualquier libro y con una humeante taza de café bien cargado con un aroma especial (jamás he vuelto a oler un café como aquel). Cuando me veía asomar la cabeza por la puerta, me decía con voz grave “Hombre, CHAVO!! (solo me llamaban así él y mi abuela. No se si por un derivado de mi nombre o por la antigua moneda de diez céntimos de peseta, creo que era) A tu sitio!!” y con su mano que portaba entre sus dedos su sempiterno cigarrillo me enseñaba el otro sofá. Me preguntaba no qué quería leer.., sino que aventura quería que corriéramos juntos. Si le contestaba que de barcos, se levantaba y rápidamente buscaba entre los numerosos libros (no se cuantos habría..una animalada) y enseguida sacaba “Moby Dick.” Y empezaba a contarme la historia…pero no la historia de la ballena y del capitán Acab. No. Me contaba la historia de su autor. De Herman Melville. Lo contaba de tal manera que estaba yo viendo a aquel intrépido escritor embarcarse en balleneros y planeando escribir su obra maestra. De repente, sonreía y me decía “Bueno…y ahora por lo menos le harás al bueno de Herman el favor de leer su novela no?? La escribió por ti..y así le tienes que dar las gracias, Chavo!!” Y me imbuía en la aventura. Y así muchas veces. Por eso consiguió que amara los libros y que jamás temiera aquella tan oscura habitación. Los libros no me podían hacer nada malo. Eran mis amigos, eran mis defensores.

 

“Siempre decía que en las novilladas era donde más se aprendía. Me enseñó a AMAR a los toros. Al animal. Me enseñó a amar a los toreros. Al hombre”

 

La segunda eran los toros. Era tremendo. Un gran entendido. Me llevaba a ver muchas corridas y, sobre todo, novilladas. Siempre decía que en las novilladas era donde más se aprendía. Me enseñó a AMAR a los toros. Al animal. Me enseñó a amar a los toreros. Al hombre. Y me enseñó a amar la relación íntima que debe darse y se da en una buena faena. Y el arte que desprende una buena chicuelina o veronica, así como la emoción y elegancia que transmite un buen pase de pecho o un buen natural. Y como se debía posicionar el torero y toro para lograr una buena estocada que pusiera fin de forma rápida a esa relación tan especial. Y también me enseño a descojonarme. Sí, a descojonarme. El tenía entrada siempre en silla de rellano, debajo justo de Presidencia. Cuando algo no le gustaba, cosa que sucedía con frecuencia, se levantaba como un resorte y casi cara a cara con el presidente…le pasaba por sus mismas narices las entradas y le gritaba a un metro “No tienes ni puta idea, bellaco. Que yo he pagado!!!” Con dos cojones (el presidente era un inspector de policia y había otros dos como escoltas). Cuando se sentaba enfurecido y yo le preguntaba quien era y porque gritaba a aquel señor.., respondía mirándole “Un burro que se cree entendido y lo único que sabe es tocar el pito como guardia urbano en el cruce de la Gran Vía!!”. Y vivía Franco.

 

Los girasoles de Rusia
Los girasoles de Rusia

 

“Su preferida era “Los Girasoles”. Me contaba aquella historia de amor a su manera. Le encantaba Sofía Loren…aunque siempre dude si mas como mujer que como actriz”

 

Y la tercera era el cine. Ahí no me podía llevar a ver películas porque entonces los nanos no nos dejaban pasar. Pero no por eso dejaba de hablarme de cine. Su preferida era “Los Girasoles”. Me contaba aquella historia de amor a su manera. Le encantaba Sofía Loren…aunque siempre dude si mas como mujer que como actriz. Cuando me contaba aquella historia de ese amor tan triste…yo crío y en edad de pegarme con las niñas y no besarlas…le decía”bahh amor..”. El se reía y me decía (y ahora lo recuerdo más que nunca). “Mira Chavo, el amor no es una cursilada. Esos son tontos. Hay dos clases de amor. El amor humano es una pasión fuerte ya lo sentirás. Nada de florecitas ni cosas de esas. Es un amor fuerte y que da miedo a mucha gente. Se llama romanticismo. Y hay otro Amor que es como un río bravo. Que arrastra y que no puedes controlar…y las mejores películas se han hecho sobre ese Amor. Ya lo comprobarás y nos reiremos. (Con el transcurso del tiempo y cuando fui creciendo bromeamos mucho con eso. En mi adolescencia. “Ves como tenía razón,?? jajajaja” se burlaba el muy cabronazo cuando le contaba mis desgracias con las primeras novias.

 

Fui a verle el día antes de morir. Me dijo..”Chavo…ni se te ocurra venir a verme cuando yo me vaya. Quedas avisado. No me gustan las despedidas y lo sabes”.

 

El día 30 estaba clero que iba a morir. Mi madre me avisó por teléfono que de un momento a otro. Por la tarde no podía mas y me fui al cine. Fui a ver “Soldado Azul” Una bella historia de amor entre un soldado yankee y una bellísima Candice Bergen, de cuyo recuerdo sigo enamorado, adoptada por los indios. Me imbui en la película, una vez más. Como me había enseñado mi abuelo.

 

Cuando volví mi madre estaba hecha una furia…- Tu abuelo ha muerto, donde estabas??
– En el cine.
– No te da vergüenza??? por que te has ido al cine muriendo tu abuelo??
– Para recordarlo.

 

 

Mi madre se dio la vuelta y se fue dando un portazo. Juraría que le vi unas lágrimas pero no estoy seguro. Jamás la he visto llorar y tiene ya 82 años.

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Javer Gotor Llovera

Javer Gotor Llovera

Licenciado en derecho y de forma milagrosa por la Universidad de Valencia. Doctor en derecho matrimonial canónico por la Universidad Pontificia Sto. Tommaso d´Aquino de Roma. Abogado experto en divorcios a cuyas clases y formas de hacerlo he dedicado toda mi vida profesional y personal. Apasionado del matrimonio entre hombre y mujer. Cofundador de la Palmaria Primigenia junto a Curro de Utrilla, Rey Viñas y UTECO en el 2.008. Fundador de la comunidad “Los bufones del Cachondo Creador.”

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