Nada hay que no les pertenezca, y ahí siguen estos tunantes, tuneando sus limusinas, sus sueldos y sus putrefactas conciencias

Logrará Rajoy convencer a Sánchez
Nada hay que no les pertenezca y ahí siguen estos tunantes, tuneando sus limusinas, sus sueldos y sus putrefactas conciencias

 

Con los votos en una mano y las togas en la otra te chulean con cínica sonrisa y colmillo de oro reluciente al sol. Proxenetas de un pueblo que vienen a prostituir las urnas y a expoliar las arcas del Erario. Nada hay que no les pertenezca.

 

“Y ahí siguen estos tunantes, tuneando sus limusinas, sus sueldos y sus putrefactas conciencias, si es que alguna vez la tuvieron”

 

Tu Dios lo decidirán, después de hacer algunas excavaciones por Jerusalén; tu historia será la de Sabino Arana; hablarás la Lengua que decida el sátrapa de tu taifa; nacerás si tu madre no es una asesina, y morirás según disponga cualquier Dr. Montes. Y ahí siguen estos tunantes, tuneando sus limusinas, sus sueldos y sus putrefactas conciencias, si es que alguna vez la tuvieron. Sentándose al paso de una bandera amiga en un grotesco acto de desaire, y poniéndose de rodillas, fiel y sumiso con la misma cretinez allá donde huelan a dinero y poder. Dinero para sus correrías de guates y poder “sostenible”, claro. Todo vale, todo increíble. Todos a callar y a tragar.


Esta élite se siente distinta, superior, semidioses de un Olimpo protegido e intocable; todos los demás somos agentes sociales, es decir algo así como gérmenes patológicos que hay que combatir y mantener a raya; miasmas a fumigar.


Y entre ellos, joé entre ellos, no tienen luchas de ideas. No. Tienen enemigos por el poder, y se apuñalan entre sonrisas hipócritas por mantenerlo unos y por alcanzarlo otros. No les importa dar saltos mortales en el trapecio de la ambición y la corrupción porque saben que una red segura amortiguará su caída: la demagoga convicción de que están ahí por y para nosotros.

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Rey Viñas

Rey Viñas

De profesión, Topógrafo. Escribidor, desde mi bahía, en su tercera acepción y consciente de, entre otras cosas, que el escribir públicamente es un atrevimiento; hacerlo bien, una ciencia; que guste, un arte; que sea útil, un sueño; y que te entienda alguien, un milagro.

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