Los piratas de agosto que llegaron a Lords, sus hijos en costas bravas orinando a low cost y el peñón de Gibraltar

Diego de Salinas justo antes de abandonar Gibraltar. Obra de Augusto Ferrer Dalmau
Diego de Salinas justo antes de abandonar el peñón de Gibraltar. Obra de Augusto Ferrer Dalmau

 

Fue en otro agosto de hace siglos. Aniversarios de cuando el pirata anglo de turno nos arrambló una roca ante la mirada pánfila y legalista de nuestros antepasados. Desde entonces han pasado muchos agostos, muchos más inviernos, demasiados otoños y seguimos así, como julais inmóviles esperando volver a ver reir alguna primavera ocasional. Gibraltar aparece siempre entre estos calores para recalentar un poco más la ya excesivamente dolorida memoria española. Aparece como una bofetada de mano abierta a la historia de los nuestros, haciendo de su temblor Patria y eco entre tierra de los Padres.

 

“Lo grave del peñón, desde luego, es que no es un caso puntual y aislado, sino uno de esos episodios que hacen huella, tradición e imprimen carácter”

 

Lo grave del peñón, desde luego, es que no es un caso puntual y aislado, sino uno de esos episodios que hacen huella, tradición e imprimen carácter. Inauguró el evento nada menos a una dinastía que venía con ínfulas de modernidad y melena fashion. Etapa que nació ya fallida y que, hecha rapiña por el enemigo, deja una muesca en el territorio, que es algo así como una foto de chica tonta de pueblo con sonrisa desdentada. El pirata llevándose la roca, dio salida a tanto corrimiento de mojones en nuestro campo común.

 

 

Hoy, bajo la inspiración de aquellos anglos suburbiales que llegaron a Lords, padecemos a sus hijos en costas bravas orinando en las plazas a low cost. Se acompañan por okupas de pistola y escaño que llegarán a Senadores para robarnos el local bajo la mirada zorra de compis de generación y veteranos sin reacción alguna. Nuestros piratas, pues, se descubren en élite de british empire fuera y burguesías periféricas dentro pariendo fuerzas de choque y kalimotxo. Y el cuento sigue, con su moraleja eternoretornista desde que hace 3 siglos España entra en bucle con capirote francés y manto de siesta en Familia real que no gasta coronas.

 

 

España sin imperio, deuda en Estado sin Dios deberá en cruce de caminos sin fronteras para piratas y logias. En fin, demasiados agostos aguantando en tierra de nada y nadie, anhelando el devenir de una primavera imposible y con sonrisa que nos devuelva a nosotros mismos.

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Juan Miguel Novoa

Juan Miguel Novoa

Economista de profesión, escritor por vocación, filósofo por supervivencia y fotógrafo por amor. Alma cosmopolita y patriota perteneciente a la sacra cofradía de los letraheridos. En suma, un vividor católico y español al que, entre el tinto de Toro, la Patria y la Cruz le hacen agudizar la vista para vivir con gozo este valle de lágrimas

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