Don Quijote en Cataluña Junto a Roque Guinart, el bandolero “compasivo”. Citas y estampas cervantinas

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Don Quijote y Roque Guinart a quien apodaban lo lladre,es decir, el ladrón

 

 

Al poco de entrar en Barcelona, el ingenioso Caballero don Quijote de la Mancha y su fiel escudero, Sancho Panza, se toparon con unos bandoleros cuyo jefe era Roque Guinart, personaje cervantino basado en persona real: el bandolero catalán Perot Roqueguinarda, a quien sus paisanos motejaban con el apodo de “Lo Lladre”, es decir, el Ladrón. Del apellido Roqueguinarda sacó Cervantes el nombre de su personaje: el famoso Roque Guinart.

 

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Don Quijote en Barcelona

 

 

Pero, a diferencia de los “bandoleros” (los del 3 por ciento y demás) del nacionalismo catalán actual, bandolerismo que se sufre en Cataluña -y en toda España- desde hace décadas resulta que el tal Roque Guinart es un ladrón con buenos sentimientos, un ladrón “compasivo”. No lo digo yo. Pueden leerlo ustedes mismos en estos pasajes de DQ, en su 2ª parte, capítulo LX:

 

 

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Don Quijote, entrando en Barcelona: Entra con buen pie, sale malparado…

 

 

“Con esta imaginación se llegó a Sancho, habiendo primero tomado las riendas de Rocinante, y acomodádolas en modo que pudiese azotarle con ellas, comenzóle a quitar las cintas, que es opinión que no tenía más que la delantera, en que se sustentaban los greguescos; pero, apenas hubo llegado, cuando Sancho despertó en todo su acuerdo, y dijo:

 

–¿Qué es esto? ¿Quién me toca y desencinta?

 

–Yo soy –respondió don Quijote–, que vengo a suplir tus faltas y a remediar mis trabajos: véngote a azotar, Sancho, y a descargar, en parte, la deuda a que te obligaste. Dulcinea perece; tú vives en descuido; yo muero deseando; y así, desatácate por tu voluntad, que la mía es de darte en esta soledad, por lo menos, dos mil azotes. […]

Levantóse Sancho, y desvióse de aquel lugar un buen espacio; y, yendo a arrimarse a otro árbol, sintió que le tocaban en la cabeza, y, alzando las manos, topó con dos pies de persona, con zapatos y calzas. Tembló de miedo; acudió a otro árbol, y sucedióle lo mesmo. Dio voces llamando a don Quijote que le favoreciese. Hízolo así don Quijote, y, preguntándole qué le había sucedido y de qué tenía miedo, le respondió Sancho que todos aquellos árboles estaban llenos de pies y de piernas humanas. […] Al parecer alzaron los ojos, y vieron los racimos de aquellos árboles, que eran cuerpos de bandoleros. Ya, en esto, amanecía, y si los muertos los habían espantado, no menos los atribularon más de cuarenta bandoleros vivos que de improviso les rodearon, diciéndoles en lengua catalana que estuviesen quedos, y se detuviesen, hasta que llegase su capitán. […]

 

–No estéis tan triste, buen hombre, porque no habéis caído en las manos de algún cruel Osiris, sino en las de Roque Guinart, que tienen más de compasivas que de rigurosas.

 

–No es mi tristeza –respondió don Quijote– haber caído en tu poder, ¡oh valeroso Roque, cuya fama no hay límites en la tierra que la encierren!, sino por haber sido tal mi descuido, que me hayan cogido tus soldados sin el freno, estando yo obligado, según la orden de la andante caballería, que profeso, a vivir contino alerta, siendo a todas horas centinela de mí mismo; porque te hago saber, ¡oh gran Roque!, que si me hallaran sobre mi caballo, con mi lanza y con mi escudo, no les fuera muy fácil rendirme, porque yo soy don Quijote de la Mancha, aquel que de sus hazañas tiene lleno todo el orbe.

 

Luego Roque Guinart conoció que la enfermedad de don Quijote tocaba más en locura que en valentía, y, aunque algunas veces le había oído nombrar, nunca tuvo por verdad sus hechos, ni se pudo persuadir a que semejante humor reinase en corazón de hombre; y holgóse en estremo de haberle encontrado, para tocar de cerca lo que de lejos dél había oído; y así, le dijo:

 

–Valeroso caballero, no os despechéis ni tengáis a siniestra fortuna ésta en que os halláis, que podía ser que en estos tropiezos vuestra torcida suerte se enderezase; que el cielo, por estraños y nunca vistos rodeos, de los hombres no imaginados, suele levantar los caídos y enriquecer los pobres.”

 

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Fran Capitan

Fran Capitan

Profesor de Lengua, escritor en sus ratos ociosos, dibujante aficionado. Madrileño, cosecha de vino cordobés del 1975. Liberal, cristiano. Curioso impertinente, autor de varias novelas policíacas de corte humorístico. Don Amando de Miguel le comentó en una de sus tertulias del Gijón: “¡Qué españolazo eres!” Escribió en los Blogs de don Federico Jiménez Losantos y de don César Vidal durante varios años. En Libertad digital, su blog se llamaba “Alma en Libertad” (2008-2014). Conoció a otros españoles de pro en esas páginas virtuales y se hizo amigo incondicional de ellos. Modestia aparte, tiene a gala ser quien hacia 2011 abrió en Facebook el excelente grupo público de “La Llanura de Palmaria”, a su vez fundado varios años antes por los Palmaris valencianos Curro de Utrilla Grollo y Javier Gotor Llovera, el gaditano Rafa Rey Viñas y el sabio granadino Uteco. Le apasionan la lectura, la escritura, la prensa, la cultura... y tantas cosas. Pero, sobre todo, ¡le apasiona España!

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