Y la próxima semana hablaremos de la independencia: Otra tarde en las carreras

Y la próxima semana hablaremos de la independencia
Y la próxima semana hablaremos de la independencia. Ilustración original de Celedonio

 

 

Ante el peligro de entrar en en la cárcel, parece que ése al que llaman Puigdemont ha optado por la estrategia de estar amenazando, cada vez con la voz más baja, con una independencia que no llega. Seguramente piensa que así: “As time goes by”, es decir que el tiempo pasará y el olvido envolverá sus delirios  librándole de rejas o multas, como si hubiera sido otra rabieta de tantas, otra de las muchas que se han dado en la historia de esa región española. Si consiguiera que fuera así, de momento las aguas volverían a su cauce, pero asumamos que el teatro representaría  pan para hoy y agua para mañana, que reza el dicho; pues al año que viene, o antes, el problema rebrotará.

 

 

 

Resulta hasta doloroso  tener que escribir sobre un personaje tan anodino y sobre un tema que, aunque grave, es puro fruto de la vanidad y la banalidad humana pero mi memoria me ayuda al recordar las palabras que Groucho Marx le redactó a su editor en el libro “Groucho y yo”:  “Desde que empecé a escribir esta cronología analfabeta, mi editor (un sádico bien conocido) me ha estado presionando (¿presionando? ¡aguijoneando!) para que desvele algunos detalles íntimos de mi vida privada. —Mire —me ha dicho—, hasta ahora lleva escritas ochenta mil palabras… (Esto te dará una idea de la mezquindad de este hombre… Cuenta todas y cada una de las palabras como si fueran perlas.)”

 

 

“Veo al Puigdemont de la independencia , como en la película “Una tarde en las carreras”, acercándome al micrófono y pronunciar estas palabras: “Señor Puigdemont, cuéntele al público lo miserable y rastrero que usted”

 

 

Estas líneas de Groucho Marx en su libro me ayudan a entender el caso del independentismo de  Puigdemont. Y me permiten imaginar una de las secuencias de la película “Una tarde en las carreras”, en la que en el hipodrómo me acerco al micrófono y pronuncio estas palabras: “Señor Puigdemont, cuéntele al público lo miserable y rastrero que es usted”.

 

 

Seguro que hoy en día y en la realidad terrible que vivimos, no se oiría el relincho de un caballo enfadado (como ocurre en la escena de la película de los hermanos Marx) pero se habría podido escuchar la carcajada de todo los españoles; incluidas las carcajadas de los separatistas, de esos españoles que no saben que lo son porque, en el colegio, no se lo dijeron otros españoles que sí lo sabían. En fin, qué queréis que os diga que no sepáis ya vosotros.

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Fernando De Carcer

Fernando De Carcer

Soy Fernando Iván de Cárcer (mis más allegados me llaman sólo Iván) Nací en 1958. Trabajé durante algo más de una década como pianista de piano-bar, aunque prefiero decir como “pianista callejero”. Intenté hacer la carrera de ciencias físicas en la UNED ya siendo bastante mayor, pero la dejé a los dos años. Bohemio, a decir de todos los que me conocen, soy aficionado (o he sido) a muchas cosas: a las matemáticas, a la cartomagia y a la prestidigitación en general, al dibujo y la pintura, a escribir... Soy la encarnación misma de esta popular fase: “aprendiz de todo y maestro de nada”.

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