Aún está usted a tiempo, aunque los sediciosos le argumenten aquel cuento de Samaniego de la zorra y las uvas

Cuento de Samaniego de la zorra y las uvas
Cuento de Samaniego de la zorra y las uvas

 

 

Aún está usted a tiempo, Sr. Pujol. Por su amada Cataluña y su odiada España; por su gran familia y las nuestras; por su enorme fortuna y nuestras deudas; por su alto nivel cultural y nuestro analfabetismo; por la bellísima lengua catalana y nuestro chirriante idioma español; por la admirable historia de su país y las detestables gestas del nuestro; por la merecida libertad de usted y los suyos y por la tiranía nuestra; por su “Moreneta” y la Virgen del Pilar nuestra; por sus muertos y los nuestros… aún está usted a tiempo.

 

“Aunque les argumente aquel cuento de Samaniego de la zorra y las uvas, su voz persuadirá a todos, tal oráculo del olimpo catalán”

 

 

Le basta con salir unos minutos en sus radios y televisiones y ordenar a sus huestes y ayudantes de campo el fin de tan merecida rebelión. Usted tiene estilo y don de palabra. Sabrá acabar con cuarenta años de ventas y vendettas en seis renglones. Aunque les argumente aquel cuento de Samaniego de la zorra y las uvas, su voz persuadirá a todos, tal oráculo del olimpo catalán. Que ya se sabe, los españoles son muy brutos para andar provocándoles.

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Rey Viñas

Rey Viñas

De profesión, Topógrafo. Escribidor, desde mi bahía, en su tercera acepción y consciente de, entre otras cosas, que el escribir públicamente es un atrevimiento; hacerlo bien, una ciencia; que guste, un arte; que sea útil, un sueño; y que te entienda alguien, un milagro.

Un comentario sobre “Aún está usted a tiempo, aunque los sediciosos le argumenten aquel cuento de Samaniego de la zorra y las uvas

  • el 8 noviembre 2017 a las 13:54
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    Ciértamente, ahora que disfruta del sueño de los justos el asunto Pujol-Ferrusola, y se ha convertido en un quítame alla esas pajas, podría dejarse caer.
    En pago a los serviciós más recibidos que prestados, podría el más que molt honorable, dorado por la fortuna y la longevidad, poner unos sextercios en la balanza y abrir las puertas de la retaguardia para apaciguar a sus huestes.
    Nadie se va a atrever a discutir ni a poner a prueba su discurso por muy “españolista” que pueda parecer.
    Ni siquiera los pedemitas serían capaces de ventosear ante la palabra del dios.
    Salud

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