(2) Los Zoos humanos: Del filipino en los EEUU al Zoo Congoleño de Bélgica y la denostada Isabel La Católica

1958 en Bélgica: exhibición de niños africanos a los que se daba de comer como si fueran monos
1958 en Bélgica Zoo congoleño: exhibición de niños africanos a los que se daba de comer como si fueran monos

 

 

En el año 1905 EE.UU. organizó un desgraciado zoo humano con cientos de personas, indígenas filipinos, en Coney Island en Nueva York, para disfrute visual de los neoyorquinos, alimentar el ego de superioridad y con la idea de justificar la ocupación estadounidense de Filipinas, y hacer ver a la sociedad estadounidense el deber que tenía EE.UU. de “CRISTIANIZAR y CIVILIZAR” al subdesarrollado y salvaje pueblo filipino, llegando incluso a denominarlos la prensa norteamericana como caníbales y comeperros.

“Bélgica, hoy sede de altísimos tribunales, se montó en África con cientos de mercenarios su finca privada, su cuarto oscuro sin derechos humanos, de más de 2.350.000 km2”

En estos momentos en los que naciones como Bélgica, revuelto de otras tres comunidades que no quieren entenderse entre ellas, pretenden dar lecciones de derechos humanos y de democracia hemos de recordarles que  Francisco de Vitoria (1483-1546) es el precursor del Derecho de Gentes precisamente en el siglo XVI mucho antes de que ningún país europeo diera el menor síntoma de ello.

Recordemos por un momento el terrorífico legado de Leopoldo II de Bélgica, uno de los peores villanos de la Historia de la humanidad, un hombre que era totalmente consciente de lo que hacía, un monarca belga que significó “el sadismo encarnado en un traje de gala de exhibición permanente, que no se lo quitaba ni para dormir”.

En un recodo entre el Luapula y el Khishivali, afluentes del río Congo, donde se estableció la primera base de exportación de madera, centenares de humanos fueron despojados brutalmente de sus más elementales derechos, deshumanizados a golpes de látigo, en una atmósfera brutal de sadismo y violaciones en serie, entre las lamentaciones de criaturas a las que se arrancaba la inocencia en una orgía de salvajismo, de apaleamientos en masa, de borracheras celebratorias, de apuestas sobre métodos más económicos de eliminación de seres humanos y en ausencia de cualquier forma de justicia, de derecho o de humanidad, al borde de uno de los ríos más caudalosos del planeta, el Congo.

Bélgica, hoy sede de altísimos tribunales, se montó en África con cientos de mercenarios su finca privada, su cuarto oscuro sin derechos humanos, de más de 2.350.000 km2, es decir veinte veces más grande que la pacífica, romántica y floral Bélgica, hoy hundida en la ciénaga islamista como un castigo divino. Allí, en el Congo se dio el pistoletazo de salida a una era de asesinatos en cadena y mutilaciones a discreción nunca igualada, ni de lejos, a lo largo de la historia de la humanidad.

En el Congo la palabra genocidio se quedó corta, pues difícilmente se podrá hacer justicia al terror que como un ponzoñoso y espeso veneno vertieron aquellos súbditos del sanguinario Leopoldo entre aquellos desgraciados seres humanos para los que no hubo ni ley divina ni humana.

“En Bélgica, 267 congoleños que se estaban exhibiendo en el Zoo murieron durante el espectáculo y fueron enterrados en el anonimato en una fosa común”

La moda de los “zoológicos humanos” comenzó en la década de 1870 y se extendió nada menos que hasta la de 1930. Aquello generó muchas exposiciones públicas pseudocientíficas, y muy populares, de los indígenas “en sus condiciones naturales”, para lo que fueron llevados a ciudades europeas y norteamericanas y exhibidos en sesiones que se iniciaban mostrando distintas especies de monos.

En Bélgica, 267 congoleños que se estaban exhibiendo en el Zoo murieron durante el espectáculo y fueron enterrados en el anonimato en una fosa común. Estos espectáculos negaron a los africanos su dignidad humana pues fueron tratados peor que animales.

En uno de los hechos más vergonzosos, en 1906, a iniciativa de Madison Grant, racista confeso y pseudoantropólogo, el zoológico del Bronx de Nueva York colocó a un pigmeo congoleño junto a un orangután con el cartel “El eslabón perdido” dando a entender que el africano se ubicaba entre un lugar intermedio entre mono y hombre y robándole su humanidad.

Aquí en España no fuimos ajenos al fenómeno del Zoo humano, pues un veterinario catalán llamado Francesc Darder, compró el espécimen del bosquimano y montó en 1916 su propio museo en la gerundense Bañolas donde quedó exhibido hasta 1991.

 

Gerónimo (1829-1909) adoptó su nombra tras la victoria sobre los mexicanos el día de su santo. Fue expuesto en la Exposición Universal de San Luis en 1904 con setencientos indígenas de cuarenta y dos tribus. A todos ellos se les podía ver ubicados de modo contiguo a un caballo que resolvía sumas y restas y a un chimpancé que entre sus muchas habilidades estaban las de usar cubiertos, montar en bicicleta y tocar el piano.
Gerónimo (1829-1909) adoptó su nombre tras la victoria sobre los mexicanos el día de su santo. Fue expuesto en la Exposición Universal de San Luis en 1904 con setecientos indígenas de cuarenta y dos tribus. A todos ellos se les podía ver ubicados de modo contiguo a un caballo que resolvía sumas y restas y a un chimpancé que entre sus muchas habilidades estaban las de usar cubiertos, montar en bicicleta y tocar el piano.

 

 

En los EEUU Gerónimo, apache hablante de español, cuando los apaches y navajos hacía muchos años que habían sido pacificados y habían vivido en cierta armonía con los españoles, no así luego con el naciente estado mexicano ni el norteamericano de los que sufriría duras consecuencias tras la fundación de la ciudad de Jamestown en Arizona, quizá como recuerdo de la anterior virginiana. Gerónimo perdió a su madre, esposa y sus tres hijos pequeños, terminando sus días como una atracción de feria en reservas a las que irían a parar muchos mestizos hispanoindios.

Recordemos a nuestra denostada Isabel la Católica, en su testamento y codicilo de 1504 encarga a sus herederos y sucesores:

“…y encargo y mando a la princesa, mi hija, y al príncipe, su marido, que así lo hagan y cumplan, y que esto sea su principal fin y en ello ponga mucha diligencia, y que no consientan ni den lugar a que los indios, vecinos y moradores de las Indias y Tierra Firme, ganadas y por ganar, reciban agravio alguno en sus personas ni bienes, antes al contrario que sean bien y justamente tratados, y si han recibido algún agravio que lo remedien y provean para que no se sobrepase en cosa alguna lo que en las cartas apostólicas de dicha concesión se mandaba y establecía…”

Creo que hay motivos sobrados para sentir orgullo de la Hispanidad.

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José Crespo

José Crespo

José Crespo. Si Vis Pacem Para Bellum, enamorado de Aranjuez la ciudad donde vivo, Soldado en la reserva, colaborador en radio y publicaciones electrónicas, autor de trabajos históricos dedicados al Servicio Militar y Valores, y a personajes en concreto como Juan de Oñate, Blas de Lezo o Pedro Menéndez de Avilés y en general a Españoles Olvidados en Norteamérica. Rechazo la denominación de experto, prefiero las de "enamorado de" o "apasionado por".

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