Cervantes y yo. Relato original de Alex especialmente dedicado a Francisco Javier Capitán Gómez

retrato popular de Cervantes
Este Relato original de Alex está especialmente dedicado a Francisco Javier Capitán Gómez por todo el esfuerzo que ha hecho en publicar durante el 2016 tantas cosas sobre don Miguel de Cervantes y a todos aquellos que por causa de la razón o del delirio sufren quebrantos al enfrentarse a los molinos.

 

“Relato original de Alex especialmente dedicado a Francisco Javier Capitán Gómez y a todos aquellos que por causa de la razón o del delirio sufren quebrantos al enfrentarse a los molinos”

 Llegué a Alcalá de Henares una mañana de primavera, concretamente el día 23 de abril, dispuesto a ocupar mi plaza de psiquiatra en aquel hospital apartado de la ciudad, no sé cómo fui a parar allí, había sacado el número uno de mi promoción y no sé cómo elegí aquel lugar, creo que me atrajo el entorno en el que estaba ubicado.

Me habían enviado un correo electrónico indicándome todos los datos y donde me tenía que instalar, al llegar observé el edificio desde fuera, era antiguo y parecía abandonado, entre en él y vi unos largos pasillos pintados de blanco sin nadie en ellos, sólo encontré una enfermera vestida muy rara, con cofia, como las sirvientas de las películas antiguas del siglo SXVI.

Yo iba vestido con una camiseta de Cashemere color negro, unos vaqueros Levis 501 y unas deportivas NewBalance 993. Me sentí que desentonaba con el lugar. Saludé a la enfermera:

– Buenos días, soy el nuevo psiquiatra-

Levantó la cabeza y sin mirarme, me señalo con el dedo una puerta de enfrente. Qué seca, pensé, vaya aburrimiento si da tan poca conversación. No voy a poder enterarme de nada de este hospital con alguien como ella. Entré en la consulta esperando que llegasen mis pacientes, después una media hora, me asomé fuera y la enfermera había desaparecido, miré a todos lados y no la ví, sólo estaba él, un señor alto, con traje negro, un cuello blanco con volantes almidonado y una perilla. Me froté las manos y pensé, esto parece interesante.

Me acerqué a él y le dije:

– ¿Me espera a mí? Soy el nuevo doctor. Su nombre por favor –.

Mientras miraba en mi ficha si había algún paciente anotado.

– Miguel de Cervantes Saavedra – me respondió.

Vaya, este está más loco de lo que yo imaginaba, pensé.

– Anda, como el escritor, el del Quijote ¿ le costó mucho escribirlo? – le dije, y seguí: No sé si sabrá que es el libro más leído después de la Biblia, se sentirá orgulloso.

– Como el escritor no, jovencito, yo soy el escritor, y sí soy consciente de mi éxito, sé que he sido muy famoso. – me respondió con voz grave.

– Pase a la consulta, don Miguel – le indiqué, frotándome las manos. Me gustan los pacientes así, se aprende mucho de ellos. Abrí mi Mac dispuesto a hacerle la ficha médica y ví que miraba atento la pantalla, pero no dijo nada, solo la observaba con los ojos como platos. De repente comenzó a gritar:

– ¿Qué es esa máquina del demonio? Dulcinea, Sancho, venid a mí – gritó agitando sus manos muy nervioso, son seres de otro mundo, decía con la mirada perdida y desencajado. En ese momento sonó mi iPhone y respondí. El seguía gritando.

– Demonios! ¡Este doctor habla solo, está loco! Y salió corriendo por el pasillo preso de pánico. Salí tras él y la recepción estaba ocupada por unas enfermeras de bata blanca y los pasillos por personas que caminaban buscando su consulta. Todo de lo más normal. Lo que sería un hospital de los de ahora, de los que estamos acostumbrados a ver cada día. Se acercó una joven y me saludó. – Buenos días, doctor, le estábamos esperando, soy Belén la psicóloga del centro. Bienvenido.

– Encantado Belén, soy el nuevo psiquiatra. El señor que acaba de salir de mi consulta, ¿Dónde ha ido? – pregunté.

– Perdone doctor, en su consulta no había nadie, acabamos de abrir las consultas. Estaba usted solo. Me señalo una silla donde un señor con una manzana en la mano esperaba su turno.

– Es su primer paciente. Lleva esperándole un buen rato, pensábamos que no había llegado todavía.

– ¿Quién es? Newton – le pregunté con una sonrisa.

– Por favor, doctor, no sea antiguo, es Steve Jobs – me indicó sonriendo.

– Perdone Belén –le dije señalando mi Apple Watch y mi iPhone- Steve Jobs soy yo. Me di media vuelta y entré en mi consulta con mi primer paciente.

Encima de mi mesa, había una pluma de insulina que se había dejado el anterior paciente. La guardé en mi bolsillo.

 

***

Relato original de Alex

Share on Facebook0Tweet about this on TwitterShare on Google+0Pin on Pinterest0Email this to someone
Gretta Galvan

Gretta Galvan

Mi carta de presentación es un Haiku recitado al Deseo de amor, "Se desnuda la noche, espérame allí ... Una sincera amante de la literatura y el té...

2 comentarios sobre “Cervantes y yo. Relato original de Alex especialmente dedicado a Francisco Javier Capitán Gómez

Deja un comentario