Prolegómenos de la Transición (Cuarenta y dos años atrás). Sinopsis de Rey Viñas

El Congreso de los Diputados
El Congreso de los Diputados y los prolegómenos de la transición donde se establecen la regla de juego, que a la fecha de hoy no ha variado; es más se ha aumentado y corregido

 

 

“Entre 1977 y 1981, en los prolegómenos de la transición, se establecen la regla de juego, que a la fecha de hoy no ha variado; es más se ha aumentado y corregido”

 

 

 

 

Naturalmente desde mi particular punto de vista, muy joven en aquellos ilusionantes años de la transición. Y más preocupado, en esos tiempos y en los sucesivos por su trabajo y por labrarse un porvenir—como se decía en aquella época—que en el momento político que vivía España. Fallo éste por educación, y defecto por zoquete que no me perdonaré nunca. Por lo tanto y en consecuencia nada de lo por mí, aquí comentado, puede tener un rigor históricamente comprobado; si bien todo se basa, en lo que podríamos llamar: intuición, conclusiones, especulaciones e hipótesis. Impresiones fundadas evidentemente, en esta historia de antes de ayer, vivida en primera persona, desde el “tajo”, lugar de trabajo o sencillamente vida cotidiana y simplona.

A botepronto, podríamos decir que…

Yo soy de los que se apuntan a la tesis conspirativa; pero, ojo, a la clásica y eterna; a la que se viene practicando, por lo menos desde Adán y Eva, a nuestros tiempos. Vamos, por ir entrando en cuestión, de los que piensan que muchos años antes a la muerte de Franco, ya se fraguaba el cambio de oligarcas o plutócratas o, de poderosas familias. Que el asalto al poder absoluto por una nueva jerarquía, era inexorable (muerto el perro, se acabó la rabia). Y tuvieron muchos años, para planear meticulosamente todos los pasos a dar; y para crear un protocolo de actuaciones sin resquicios, ni posibles fallos.

Por eso, por ejemplo, puede ser, que el primer paso que maquinan lo futuros vampiros, no es continuar con el ejemplo del vapuleado y denigrado proceso de Burgos para acabar definitivamente con ETA, organización terrorista, montada probablemente desde la URSS, en sus inicios. Sino, que aquel corpúsculo e incipiente grupo terrorista, deciden utilizarlo en vez de aplastarlo. Había que acabar con el heredero de Franco, con el que se preveía futuro pilar básico del franquismo; y la ETA les viene como anillo al dedo, para utilizarla como perfecto chivo expiatorio. Así, la muerte de Carrero Blanco, se le atribuye –y quizás lo ejecute– la ETA; pero posiblemente, una ETA que no sabía, que no lo era. Es decir, un sucedáneo, una posible trama ad hoc, para el magnicidio. En definitiva, poco importan las conjeturas que tengamos deducidas a raíz de esta o aquella información. Lo que el personal percibe, es lo concluyente: el 20 de diciembre de 1973, quedaron desprotegidos todos los mandos militares afines al Almirante y, además, todos los civiles que vivían y gozaban de todo privilegio (social y financiero) al amparo de su poder casi omnímodo como mano derecha del General. Y dicen que amigo íntimo.

Los acontecimientos se suceden en catarata. ETA no para de asesinar y la extrema Derecha comete un bárbaro y terrorífico atentado en un gabinete de abogados. Sobre esta matanza se especuló durante años, con la posible incitación que determinados policías ejercieron sobre Mariano Sánchez Covisa para que cometiera los asesinatos de los abogados laboralistas. Nunca se pudo demostrar nada en ese sentido. Lo cierto es, que la horrible carnicería perpetrada en la calle Atocha de la capital de reino, al grito de viva Cristo Rey, no terminó de criminalizar a la derecha franquista y nacionalcatólica. De hecho, y a pesar de tal irracionalidad cometida en Enero del 77… en Junio de ese mismo año se celebra las elecciones que gana Suárez con su UCD. Casi dos años lleva Franco en el Valle de los Caídos, la Derecha sigue en el poder y, existen demasiadas reminiscencias de los victoriosos herederos de la guerra del 36. La situación es acuciante y agobiante para los futuros amos del corral.

Todavía, por aquellos años, principalmente, en Barcelona o Madrid, CC.OO, el PCE y otros, lanzaban octavillas reivindicativas, (por cierto se corría más riesgo al intentar recogerlas, que lanzándolas). El periódico El País, que apenas lleva un año en la calle, empieza a calar en la opinión pública; se convierte en la “biblia pagana”; sus editoriales y opiniones vienen a ser el auténtico ideario, dogma y único referente ideológico; desde sus páginas los ataques a Franco y al franquismo son demoledores. Quien no lee el País no es demócrata. Empiezan a acaparar todos los medios de comunicación y el revanchismo, las venganzas aparecen inmisericorde, como mejor estrategia para crear seguidores. Se ridiculiza la vida de todo individuo que provenga con algo de influencia del régimen pasado, se le persigue, se le veja, se le humilla; se miente, se desvirtúa la verdad, se tergiversa la realidad y la historia, no paran en barras; la verdad si es buena, para todos, no sirve; la verdad si es mala, sirve para exterminar la famosa derechona (F. Umbral, dixit) del Movimiento. Entre 1977 y 1981, se establecen la regla de juego, que a la fecha de hoy no ha variado; es más se ha aumentado y corregido.

Los listos de siempre, los que siempre están en la pomada, se percatan que la guerra se ha reiniciado y se suben al carro, ahora, claramente ganador. De esta forma y manera, con infinidad de gente de todo tipo y pelaje dispuesto a colaborar en la destrucción de cualquier vestigio con tufo a los años inmediatamente anteriores, se pone en marcha la más gigantesca máquina para urdir un alud de verdades y mentiras, que entierre en su arrastre todo y, quiero decir todo: lo malo y lo bueno; la verdad y la mentira; la historia, la cultura, la filosofía, la moral, la ética y la religión. Además, se juega con una ventaja: desde cualquier sector social, se ansiaba los aires de libertad, nuevos y prometedores. (Todos estábamos incluidos en esa ilusión, la derecha, la izquierda y los mediopensionistas). Pero creo que, pasado el tiempo, nos hemos quedado solo en los aires.

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Rey Viñas

Rey Viñas

De profesión, Topógrafo. Escribidor, desde mi bahía, en su tercera acepción y consciente de, entre otras cosas, que el escribir públicamente es un atrevimiento; hacerlo bien, una ciencia; que guste, un arte; que sea útil, un sueño; y que te entienda alguien, un milagro.

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