Crónica de la gran paseata y Brindis por la madre España. La de cada uno y la de todos, la de los presentes y la de los ausentes

La mesetaria llegando al encuentro en gran paseata por el Barrio de ls Letras en Madrid. Foto de J.M. Novoa
La mesetaria llegando al encuentro en gran paseata por el Barrio de ls Letras en Madrid. Foto de J.M. Novoa

 

“La quedada Paseata es un grupo de náufragos que, en mesa camilla, hablan de la madre España. La de cada uno y la de todos, la de los presentes y la de los ausentes”

Toposteo ha dejado su bahía y camina, Vieja Guardia, por las letras de un Madrid de sol picado y hojas muertas. Medita mi hermano, entre su corazón y el empedrado, y me parece una fusión gaditana entre Séneca y Hamlet. Rompe su reflexión en parada brusca al fijarse en un restaurante portugués, “otra Hosteria del Laurel”, le adivino pensar, taberna fantástica donde se cita un exilio lírico e interior en el crepúsculo del año. Hemos visto pasar más gente antes; en especial nos llamó la atención un dandi madriles llenando la calle de humo exhalando nubes de placer. Miro la hora, se acerca el duelo y digo a mis amigas: “llamadle”. Lo estamos viendo todo desde el bar de en frente donde, un camarero argentino que ama su oficio, nos deja una tapa sofisticada que hace las delicias de la Mesetaria. Hemos entrado junto a la Nouvelle hace apenas minutos; tras darme dos besos y mirar mi ojo malherido, pronuncia sus primeras palabras: “¿Y quién dices que te ha hecho eso, Novoa… el de cabecera, no?” Vaya entreé, niña, la beso dejando que me acompañe en un sentimiento-scarface, haciendo pareja como la bella y la bestia, hacia el bar con un pésame de breve palmada: “Bueno, mejor que antes si estas, majete”. Remata. Toposteo entra. Aguanto mi saludo en la butaca colocando mi cámara a porta gayola, técnica pura de la vieja escuela de foto-a-traición: primero se golpea la imagen hacia el sensor y luego llegan los abrazos. Por orden, que luego nos liamos y se pierden los instantes. Un artista se une a los puntuales: Salvador Amaya, el hombre que nos ha devuelto a Blas de Lezo a la capital dando así un toque de vida a esa memoria Alzheimer que pudre España. Salvador saluda formal, tímido, sencillo, amigo, un hombre bueno. Le doy las gracias por su talento y le invito a una caña con honor.
Juan Miguel Novoa
Porque ya estamos en liturgia de vermut, claro, pues sin Vermut no hay comida como sin Misa al alba no hay día completo. En el primer cheers, vemos que el ventanal se va llenando de caras que nos miran como a un escaparate de juguetes. Parecen niños curiosos con ansia de pasteles. Diego sonríe y se coloca su sombrero, Curro se acerca por el ángulo derecho y, entre ambos, aparece una figura majestuosa que explota la expresividad de todos. Artero estalla en risa. Levanta el pulgar y alza sus dos brazos como un Moisés castizo ocupando toda una calle que, desde ese momento estará cortada para nosotros. Artero y cierra España, Dios te bendiga grandón, inaugura así una mañana de fiesta en Madrid. Me asomo a la puerta y veo ya el perfil del nano Gotor, fumando al estilo Humphrey, con gesto de detective-abogado en cita con Godot. Nos saludamos recordando “Suecae” y, mientras hacemos fila para ser bendecidos por el abrazo anfitrión, una aparición inesperada se abre paso libre: WoW WoW ¡WoW-WoW Indeed! Y así fue cómo me presenté a Ana: con ladridos tímidos de admiración que sintetizan más que la frase estudiada. Todavía sin recuperarme me llega el turno del abrazo de mi compadre. “¡Grande, pero qué grande!” Sale uno de estos gestos arteros más humanizado y con energía, con ganas de abordar el mundo, de reconquistar la patria, de sanar la biografía. La Mesetaria me sigue en turno y la veo, literalmente, desaparecer en el traje de nuestro amigo. Estoy al tanto por si se me rompe la chica de tanto beso cuando, a mi espalda, veo la llegada del Hran Cualqui, perfectamente escoltado, nunca fuera caballero…
Juan Miguel Novoa
¡Guapa! No puedo remediarlo. Yo sólo piropeo en prosa y a distancia, que queda muy bien y se evitan sonrojos, pero el caso de Belén merece una excepción porque, así es, no puedo remediarlo y se lo digo tal cual, honesto y en bruto, autenticidad de tiote con sonrisa colegial. Max entonces me mira desafiante y me deja el beso frío. Vaya, igual me he pasado, pienso… sin embargo reacciona amable; quizá sorprendido de que le haya visto tan pronto. Max se creía invisible, ingenuo, sin saber que asiste a una comida con sujetos que tienen las pupilas dilatadas para verlo casi todo. Ojito, le digo, y escribe más, chaval. En esas estoy cuando aparece Mercedes. El espíritu más afín que he conocido a esta orilla del Pisuerga. Alma gemela que gasta boina militante y gafas de sol tipo John Lennon. Quiero a esta chica, me digo, un carácter que, aunque apenas la conocí en un vermut reciente, me parece que llevamos siglos de unión. Esta efervescencia de cariños nos impide advertir que los coches residentes ya colapsan la calle hasta Neptuno. Decidimos pues acercarnos al restaurante cuando veo a Amando, Don Amando que nos reúne en admiración agradecida haciendo un círculo completo. Le doy recuerdos de mi rubia Amparo-in-excelsis recordando los consejos del Van Gogh en punto y coma, qué tiempos, y la mítica velada en Camelot. Gracias, Maestro. El restaurante es coquetón y portugués, Lo regenta Don Enrique en un espacio de acogida en el que yo veo sólo las declaraciones de amor sueltas de su hija. Son notas sutiles, carteles de esos invisibles, solo aptos para sensores olimpus que en atención de clic descubren historias.
Juan Miguel Novoa
La mesa es central y redonda. Arca de hombres libres e iguales donde me encuentro con los míos. A mi derecha la redacción de LosMadriles: Mesetaria, Belén y un Max que elige la columna mientras susurra maldades a su dueña. A mi derecha, mi adorada Iuris, paloma castiza que vuela en justicia por un Madrid que me explica en prosa Galdosiana, Vieja Guardia, en fin, que acompaña al Gran Chino, compi de trincheras y carabancheles, y a un Capitán, mi Capitán, que se nos unirá en breve en medio de tortilla, jamón y poesía. Entronados y dispuestos oímos a Artero hablar con la emoción acostumbrada. Empieza la faena moviendo los brazos haciendo un busto entre El Maestro Chenel y Von Karajan. Cita, templa, dirige, quiebra la voz hasta el límite lacrimal, pide una cerveza a Enrique, desaparece al servicio para cuidar la próstata, vuelve corriendo en alma viva a presentar la mesa del jurado, se emociona aún más, da un abrazo profundo a Policarpo que entra de repente, me da palmadas en el hombro, grande, grande, pero qué grande, estampa sus besos a una Mesetaria a la que deja temblando, Artero está aquí, allá, está en todos los sitios, fuma, pide otra birra… Intento sacarlo todo con la cámara moviendo foco mientras me como medio besugo de Iuris con las prisas. Y van los premios a los premiados.
Brindis por España. Foto de J.M. Novoa
Brindis por España. Foto de J.M. Novoa
Mercedes por sorpresa, mi Nouvelle con vítores a España, el maestro escultor saluda firmando un rúbrica con sus manos de vida ardiente, Policarpo, en fin, nos explica el drama. Todo recogido en una lista de vídeos que dejo a la consideración del amigo y de todos. Tras los premios las preguntas, ya roto cualquier hielo en un grupo que se descubre como lo que es: una familia. La quedada Paseata es un grupo de náufragos que, en mesa camilla, hablan de la madre España. La de cada uno y la de todos, la de los presentes y la de los ausentes. Esa madre que nos hace hijos, siempre España, la emotiva y la objetiva, la idealizada y siempre malquerida por no entendida.
Juan Miguel Novoa
Las horas pasan y Enrique mira desde la barra emocionado a estos españoles tan necesitados de cariño, tan solos, tan ardientes y preocupados. Nos pone café y una tortitas muy buenas. Todo el mundo habla y fuma haya llenar de niebla toda la calle. Entonces seguimos la estela del dandi del puro que nos lleva hacia Santa Ana en novena. Pagamos en un portal de tango: placa dorada, contestador y cinco-pisos-ascensor. Subimos planta por planta entre risas hasta aterrizar en el cielo de Madrid. Nos colocamos el grupo, como en la película El Ángel Exterminador para que, en la absoluta oscuridad, hagamos un foto perfecta con un flash que adivina siluetas. Gracias.
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Juan Miguel Novoa

Juan Miguel Novoa

Economista de profesión, escritor por vocación, filósofo por supervivencia y fotógrafo por amor. Alma cosmopolita y patriota perteneciente a la sacra cofradía de los letraheridos. En suma, un vividor católico y español al que, entre el tinto de Toro, la Patria y la Cruz le hacen agudizar la vista para vivir con gozo este valle de lágrimas

4 comentarios sobre “Crónica de la gran paseata y Brindis por la madre España. La de cada uno y la de todos, la de los presentes y la de los ausentes

  • el 22 noviembre 2017 a las 19:33
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    “WoW WoW ¡WoW-WoW ”

    Larri decía:

    ¡Guau! ¡Guau!
    ¡Guau! ¡Guau!

    Muchos años ya sin ÉL.

    Respuesta
  • el 22 noviembre 2017 a las 19:35
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    ” Pagamos en un portal de tango: placa dorada, contestador y cinco-pisos-ascensor”

    Por mera curiosidad
    ¿Hay portero y vecinos?

    Respuesta
  • Maria Belèn.
    el 22 noviembre 2017 a las 22:48
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    Magistral crònica, Novoa. Lo he vuelto a vivir.

    Respuesta

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