En el día de los músicos, un homenaje a los grandes Ryuichi Sakamoto y el auditorio de Cartagena

Auditorio de Cartagena
Auditorio de Cartagena

 

 

“En el Auditorio de Cartagena , por momentos parece que vas navegando en la nave de 2001 Una Odisea del Espacio, pero bajo el mar”

 

 

 

Cartagena está preciosa. El sucio poblachón industrial que conocí hace años es ahora una bellísima ciudad mediterránea que exhibe orgullosa las innumerables huellas y cicatrices de su glorioso pasado. La vida parece tranquila y es muy barata. Las gentes son amables, educadas y hablan con una deliciosa musicalidad meridional.


El auditorio, situado al mismo borde del mar, es un modernísimo edificio de cristal que se estrenaba con el concierto que presenciamos. Es sorprendentemente bello, clásico ya en su vanguardismo y de enormes dimensiones, pues, junto con la sala principal para 1400 espectadores, cuenta con otra para 450, otras siete salas para cien personas cada una y una enorme y elegante cafetería con una hermosísima terraza. El interior es asombroso por su amplitud y ligereza, las paredes sustentan al edificio sin columnas ni pilares. La luz y la escala cromática están sabiamente administradas. Por momentos parece que vas navegando en la nave de 2001 Una Odisea del Espacio, pero bajo el mar. De hecho, la sala principal está sumergida quince metros bajo el mismo.


Que moteje de genio absoluto a Ryuichi Sakamoto, no creo que sorprenda a nadie. El hombre es un fanático de la pureza del sonido. Y del silencio. Toca un piano de Steinway & Sons sin tapa. Sobre el cordámen sitúa hasta siete micros de altísima precisión, en distintas posiciones y a diferentes alturas, que controla con un ordenata que maneja continuamente. Lo tiene inclinado unos dos grados sobre el plano, con la parte mas elevada en la cola y con la mas deprimida en el teclado. Para comenzar, una acólita nos rogó que nos mantuviésemos cinco minutos en silencio absoluto para que cada uno escuchásemos a nuestro alma y porque el silencio es la parte mas importante de la música. El tipo administra el silencio con meticulosidad y sabiduría orientales. Comenzó la sesión con un a modo de afinado de su instrumento, raspando y percutiendo con sus manos las cuerdas del piano. Sus movimientos son de una delicadeza, precisión y exactitud pasmosas, se diría que, en vez de tocar música, practica el yoga o el Tai-Chi. Se acompañaba de un intérprete de cello alemán y de una violinista oriental, quizás china.

“Los movimientos de Ryuichi Sakamoto son de una delicadeza, precisión y exactitud pasmosas, se diría que, en vez de tocar música, practica el yoga o el Tai-Chi”

Ryuchi Sakamoto
Ryuichi Sakamoto


Su música es maravillosa y ya la conoceréis de numerosas bandas sonoras de películas, como El último Emperador. Me transporta a la quietud de los paisajes recién nevados. Si no fuera por el aire oriental que le confiere la abundancia de semitonos, recordaría a algo entre Grieg y Sibelius.


El único “pero” que cabe ponerle es que, al tratarse de bandas sonoras para pelis, incurre en machaconas repeticiones del fraseo y las secciones rítmicas. Dado que no vemos las secuencias en una pantalla, lo mejor es cerrar los ojos e imaginarlas.

Música nívea y queda,
que embelleces al silencio
sin taparlo;
melancólica vereda
de armonía que presencio
sin soñarlo.

Gozosa quietud del alma,
serenidad placentera,
que me llevas,
de mi bullicio a tu calma,
mística, plena y sincera,
y me elevas.

Lentos descienden tus copos,
que meciéndose se posan
en mi mente;
tus sonidos son piropos
que me aquietan y reposan
lentamente…

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Curro De Utrilla Grollo

Curro De Utrilla Grollo

Español patriota, ateo católico, liberal y republicano. Abogado, profesor de geografía e historia y empresario. Peón Negro transcriptor de las sesiones del juicio-farsa del 11-M(entira). Fundador de La Llanura de Palmaria. Hago míos los siguientes adagios de Marco Aurelio: Para que triunfe el mal, tan sólo es necesario que los buenos no hagan nada. La verdadera forma de vencer a un enemigo es no parecérsele. Resulta extraña la ligereza con que los malvados creen que todo les saldrá bien.

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