Mosén Oriol y la contrición de los investidos con el mandamiento divino-judicial según (Rajoy 78.155)

MOSÉN ORIOL.
MOSÉN ORIOL.

 

“Tanto Oriol Junqueras, como sus hermanos de secta no pueden ser sometidos a la penitencia como el común de los mortales-españoles. Ha de quedar claro que ellos pertenecen a otra religión, a otros principios morales, a otra revelación muy superior y muy catalana”

 

 

 

El señor Oriol Junqueras ha terminado sus ejercicios espirituales en el convento de Estremera. Sus meditaciones entre los pecados de palabra, obra y omisión realizados contra la ley sacro-constitucional y sus incipientes dotes de poeta, le han llevado a un acto de contrición y hacerse perdonar por los presbíteros-prebostes investidos con el mandamiento divino-judicial: a quienes perdonéis los pecados, éstos les son perdonados; a quienes retengáis los pecados, éstos les son retenidos (Rajoy, 78:155). 


Eso sí. Contrito sí. Pero la absolución ha de ser dada en las faltas cometidas sobre una ley pactada y unos mandamientos negociados. ¡Faltaría más! Tanto él, como sus hermanos de secta no pueden ser sometidos a la penitencia como el común de los mortales-españoles. Ha de quedar claro que ellos pertenecen a otra religión, a otros principios morales, a otra confesión, a otro credo, a otra revelación muy superior y muy catalana. Y sólo la gran capacidad de tolerancia demostrada por la expoliada, saqueada y vituperada república de la Cataluña independiente, les permite acatar por imperativo del imperio opresor, determinados aspectos susceptibles de interpretación entre el pecado venial y el capital, según dignidades.

¡Ay, qué larga es esta vida!
¡Qué duros estos destierros,
esta cárcel, estos hierros 
en que el alma está metida!
Sólo esperar la salida
me causa dolor tan fiero,
que espero porque quiero
la república y sus fueros.

Share on Facebook0Tweet about this on TwitterShare on Google+0Pin on Pinterest0Email this to someone
Rey Viñas

Rey Viñas

De profesión, Topógrafo. Escribidor, desde mi bahía, en su tercera acepción y consciente de, entre otras cosas, que el escribir públicamente es un atrevimiento; hacerlo bien, una ciencia; que guste, un arte; que sea útil, un sueño; y que te entienda alguien, un milagro.

Deja un comentario