(XXIX) De la insoportable vecindad: La ciénaga que Jordi Pujol y sus convergentes robaron a Shrek se llama República catalana

 Papá, hay un muerto en nuestra ciénaga
Papá, hay un muerto en nuestra ciénaga. Imagen del «Hombre de Tollund», un cadáver momificado de un guerrero de hace 2.300 años que se halla en el museo de Silkeborg, en Jutlandia, Dinamarca.

 

 

 

Aquella mañana de lunes de 1994 estaba muy cerca en las Ramblas frías de enero y la humareda gris que en tres horas acabó con el Liceo de Barcelona me acompaño durante toda la jornada de trabajo de calle. Y al volver a entrar en el edificio rehabilitado recuerdo aquel solar de escombros negros, verdadera metáfora de las carencias y podredumbre de la burguesía catalana en el corrupto “Palau”, hoy engalanada con pajarita y escotes  enjoyados para asistir al estreno de “Tannhauser y el torneo de trovadores del castillo de Wartburg”, la ópera en tres actos  con música y libreto en alemán de Richard Wagner.

En el patio de butacas apesta a Chanel número cinco y Varon Dandy, pero en el momento de los besos entre los “hereus”, sus amantes y lameculos,  aparece uno de los delfines mas prometedores y señeros, de apellidado Pujol, uno de sus príncipes perfectos, que por cierto, ha llegado en Ferrari a la representación, y que se tira un apestoso y sonoro pedo, y todos le ríen la gracia. 

Y es normal, porque entra dentro de la lógica y las previsibles  batallas políticas que Cataluña sufre con la constitución de un nuevo Parlamento autonómico de voluntad separatista. Los españoles comencemos a saberlo muy ben, y ya tenemos la suficiente documentación sobre la charca en que Pujol y sus seguidores catalanistas han convertido a Cataluña. Una apestosa ciénaga en la que se bañan los periodistas subvencionados de La Vanguardia, el Periódico de Cataluña y un montón de revistas digitales con el subvencionado punto cat. Un insalubre lodazal en el que los peces mueren por  falta de oxígeno pero que disfruta una burguesía progre animosa con las verdades a medias y las muy “sexys” medias verdades de seda que excitan el engaño de su olvidado sexo y pervierte el lenguaje con falsos conceptos como Lengua, Inmersión, Nación y Pueblo.

A partir de ahora, los periodistas, los espías y la infantería de trepadores comenzarán a derramar bilis por la boca sobre el glamour del “hereu” marmolista”  y transportista de billetes de quinientos euros en bolsas de basura, al que  según el informe de la UDEF, se le iba también la mano para violentar a su amante de generoso escote en las fiestas del Palau.

El problema para todos los demás es que ahora el “dontancredista” Mariano, para reconciliar, ofrece apoyo a los golpistas para que racapaciten. Cuando en el Palau nadie quiere razonar y son los sentimientos los que dirigen cada una de sus podridas poses. Va resultar que a todos les gustan los pedos y el hedor de la ciénaga catalana en la que nadie quiere ver al muerto que les aparece cada día al despertarse

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Manuel Artero Rueda

Manuel Artero Rueda ha dedicado toda su vida profesional a la televisión en la empresa pública RTVE donde, en los últimos veinte años, y después de haber trabajado como ayudante de producción y realización. ha realizado su oficio de periodista como reportero en el programa Informe Semanal, para el que ha realizado mas de trescientos reportajes. Licenciado por la Universidad Complutense, es autor del libro "El reportaje para televisión un guiño a la noticia" , un práctico temario con el que ha impartido clases tanto en el Instituto Oficial de RTVE como en el máster de periodismo de la Universidad Rey Juan Carlos. Desde el ERE inventado por Zapatero para TVE, dedica su esfuerzo y trabajo esta "La Paseata" un sencillo blog personal que con el paso de los últimos años, se ha convertido en una modesta revista electrónica en la que colaboran un grupo de amigos a los que une el amor a España.

2 comentarios sobre “(XXIX) De la insoportable vecindad: La ciénaga que Jordi Pujol y sus convergentes robaron a Shrek se llama República catalana

  • el 18 diciembre 2017 a las 19:25
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    Se me escapan entre los dedos la información suficiente como para acordar que hay un codicioso tancredo en don Mariano Rajoy. Es muy posible.
    Diría mejor que es un pulpo en un garaje, superviviente gracias al buen manejo de la dialéctica.
    Si el valor y la osadía fueran exigibles a su cargo, otro gallo nos cantara.
    Necesitamos alguien resoluto, capaz de cortar por lo sano. O se les dá el zarpazo en condiciones, o mejor, se les abre la cancela al precipicio y allá películas…
    Salud

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  • el 20 diciembre 2017 a las 0:55
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    Magníficos evocadores recuerdos -esta vez sí-, de algo que yo viví cuando, posibilitado y con posibles, era adicto al esquí, mi muy estimado Manuel Artero. Entre algunas anécdotas, recuerdo en pueblecito Arties -que antes lo era-, al abuelo Pujol, hace más de veinticinco años, levantándose en el salón del restaurante Casa Irene, para saludar al emérito Rey. Mientras se levantaba, a la vez se limpiaba atropelladamente la boca de trocitos de la deliciosa Olla Aranesa de Inés, servilleta en mano izquierda restregando su rostro de Yoda Jedi, mientras que con la otra (y cuelli-recto hacia arriba), chocaba melifluamente el enérgico apretón de aquel carsmático y preterito don Juan Carlos. Yoda-Jedi, Iba enfundado en un anodino anorak de marca desconocida, y la Ferrusola, posaba con zapatos de mercadillo (no llevaba botas de descanso), y con bolso de Hermès, se codeaba junto a la babosa y anonadada «jet set» del Paseo San Gervasio de Barcelona. En sus caras de pijos rancios, se veía ¡Es amigo del Rey! (como si no lo supieran). Y este, pensé entonces, fue el mejor ejemplo que había visto hasta entonces de que el dinero no siempre es sinónimo de glamour.

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