Sin pensar en la Ley de Murphy, con todos mi deseos y frustraciones: Feliz Año Nuevo 2018

FELIZ AÑO NUEVO 2018
FELIZ AÑO NUEVO 2018

“Al final de las campanadas y los deseos de un Feliz Año, sólo nos quedará nuestra terquedad por la libertad absoluta, absolutamente real y responsable”

¡Hola 2018! Si Dios, la Divina Providencia, o el destino, incierto pero inexorable, así lo dispone te voy a soportar entero. Con todos tus meses, días, horas… y digo soportar, porque a la vista de la convulsión política, la agitación social y el temblor económico que heredas de tus extintos hermanos, no creo que pueda disfrutar de ti, ni poco ni mucho. Cuando menos en la amarga e equivoca connivencia de papeles transmutados y la inevitable convivencia a la que estamos condenados el vulgo y la ilustre clase oficialmente gubernamental y oficiosamente mortífera.

Pasarán tus días, tus meses y no me darás un amanecer en el que yo vea que esas gente de los latisueldos, las comisiones y los trinques, tengan el deseo y la capacidad de poner los medios necesarios para que los centros de Cáritas empiecen a cerrar sus locales por falta de clientela; para que la usura de los poderosos tenderos del vil metal no arrastren a la muerte por suicidio, o a la simple defunción social por impotencia al ciudadano común; para que el capital invierta en esos millones de parados de forma y manera, que unos se hagan aún más ricos y los otros se ganen honradamente una vida digna.

Pasarán fechas tras fechas y no me darás la sorpresa de ver como a todos esos abanderados de causas góticas y patrias que usurpan en propiedad y a quienes los cobijan, no se les enseña, se les explica y se les demuestra, de una vez por todas, que ni son cola de ratón ni serán cabeza de león. Más que nada, porque hay muy poca caza para tanta manada. Hay tanto depredador, tanta ave de rapiña que cada vez se cabe a menos.

Pasarán todas las hojas del calendario y no me darás ni siquiera un motivo para la esperanza, un motivo de consuelo para esos españoles que a pesar del tiempo, de los años, aún tienen lágrimas para llorar por sus padres, por sus hijos, a los que un día les quitó la vida una pistola cargada de odioso odio; unos vagones cargados de la ambición más execrable en nombre de Dios y del hombre. No me lo darás ya lo sé. Ni siquiera un pequeño bocado de verdad asumible que sacie un poco el hambre de dignidad y justicia de quienes jamás perderán la memoria.

Pasarán tus cuatro estaciones, y la clase alfa, repartida entre la vieja casta política y la nueva, las oligarquías eternas y los corsarios del Régimen, no cesarán en su constante guerra declarada sin tapujos a nuestra historia, a nuestra cultura, a nuestras tradiciones, a la familia, a la religión católica que inspiró la conciencia de nuestros antepasados y la nuestra, a la Cruz. No. No mermará ni un exiguo segundo en su lucha por descuartizar España, su unidad y su grandeza.

 
Al final de las campanadas, sólo nos quedará nuestra terquedad por la libertad absoluta, absolutamente real y responsable; quizás el empeño por la regeneración de este engendro de secuaces confiados al albur que les regale la dote, aunque tengan que empantanar los caminos de falsedades, de indignidades, de injusticias… o de sangre caliente y cadáveres fríos en un totum revolutum de terrorismo importado. 

Como siempre.

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Rey Viñas

Rey Viñas

De profesión, Topógrafo. Escribidor, desde mi bahía, en su tercera acepción y consciente de, entre otras cosas, que el escribir públicamente es un atrevimiento; hacerlo bien, una ciencia; que guste, un arte; que sea útil, un sueño; y que te entienda alguien, un milagro.

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