Respuesta al editor ¿Ha cumplido las expectativas con las que surgió La ley del Menor? Acerca de su necesaria reforma y la reinserción social de los niños asesinos

Fotograma de la película El Efecto Mariposa,
Fotograma de la película El Efecto Mariposa,

 “No importa cuán viejo sea uno: el asesinato o la violación no son crímenes cometidos sin que el culpable no tenga intención o no sea consciente de lo que hace”

Casi todos los días en el mundo, menores de 18 años cometen homicidios, violaciones y otros crímenes atroces. Digo yo, don Manuel, y solidarizándome con su horrible experiencia como eventual periodista investigador de sucesos, ¿Por qué se les debe otorgar un trato preferencial a los menores que cometen crímenes espantosos?

Entiendo que como adolescente, uno está obligado a cometer errores. No estoy diciendo que si un adolescente (o una adolescenta) entran en un centro comercial y roban en una tienda, deban tratar de condenarlos a un año de prisión. Sinceramente yo no lo haría.

Sin embargo, no importa cuán viejo sea uno: el asesinato o la violación no son crímenes cometidos sin que el culpable no tenga intención o no sea consciente de lo que hace. Cualquier menor que torture o mate a otro ser humano o cometa una violación, no debe ser tratado como un niño y no se le puede permitir que se salga con la suya.

Mediante la garantis-tisima SACROSANTA “Ley Orgánica 1/1996, de 15 de enero, de Protección Jurídica del Menor, de modificación parcial del Código Civil y de la Ley de Enjuiciamiento Civil, publicada en BOE de 17 de Enero de 1996”, junto con la “Ley Orgánica 5/2000, de 12 de enero, reguladora de la responsabilidad penal de los menores -publicada en BOE núm. 11 de 13 de Enero de 2000”, (la primera al finalizar la Legislatura de don Felipe González Márquez y la segunda, en la 2ª legislatura de don José María Aznar), al dejar que los menores criminales se salgan con la suya, seguimos fomentando la podredumbre que lenta pero inexorablemente erosiona la sociedad de las pos verdades en la que vivimos.

La Ley del Menor
La Ley del Menor. Ilustración del autor

“La conocida como Ley del Menor surgió por la enorme presión de la progresía para «proteger a los menores ante el desamparo y el abandono, con la idea de rehabilitar”

La conocida como Ley del Menor surgió por la enorme presión de la progresía para «proteger a los menores ante el desamparo y el abandono, con la idea de “rehabilitar” a aquellos menores que cometieran algún delito, menores infractores con un historial familiar complicado, pero que “podían ser recuperables en nuestra sociedad”». Y “Facha”, el que no la secundara.

 
¿Proteger a los menores ante el desamparo? ¿Y quién protege a las víctimas? NO DEBERÍA HABER EXCUSAS de la perroflautica progresía ni de los “mariacomplejados”. Los menores que cometen crímenes atroces SON PELIGROSOS DELINCUENTES y no debemos permitir que su edad continúe permitiéndoles estar en nuestras calles, viviendo como nuestros vecinos y, en muchos casos, como usted bien señala don Manuel, cometiendo o pudiendo cometer más crímenes espantosos. 

¿Debería ser esta Ley modificada por completo y adaptarse a la situación actual que viven las familias de hoy en día?

¿Ha cumplido con las expectativas con las que surgió? No.

Pues sinceramente, (y desde aquí abro el debate tantas veces evitado para que se apunte el partido que quiera), creo que los menores deben rendir cuentas por sus acciones y ser juzgados como adultos. Hay que cambiar desde ya esta ley o simplemente eliminarla de nuestra legislación. Como en EEUU.

Y el que me llame “Facha”, que se ponga en la piel de las víctimas o de los familiares de las víctimas.Porque si de verdad, don Manuel, a estos menores les preocupa el castigo, simplemente que no cometan los crímenes. Si son lo suficientemente adultos y conscientes para cometerlos, también deben ser lo suficientemente adultos para aceptar las consecuencias de sus actos.

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Jose Ignacio Diaz Tejedo

Jose Ignacio Diaz Tejedo

No viajé a las estrellas como soñaba de adolescente, pero he dado la vuelta a medio mundo alentado por una pasión inagotable por el conocimiento de mis semejantes. He leído unos 9.000 libros, pero cuanto más aprendo, más preguntas me planteo. He vivido mi propia tragedia y convivo con ella como una compañera leal: siempre me enseña algo. Creo que los únicos errores son aquellos de los cuales no se aprende. Soy curioso y renacentista por naturaleza, por tanto, aprendiz de todo y maestro de nada. Mi educación académica no me ha servido para dar soluciones a los problemas reales y solo me queda alzar mi voz publicando lo que mi cabeza y mi corazón me dictan. Pero jamás tendré oficio, porque hacen falta muchos años de trabajo para ser un contador de historias. Así que, no esperéis mucho de mi.

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