De paseata con Carlos Sánchez de Roda por el 11-M nos muestra la historia de los restos del tren explotado en la estación de Santa Eugenia

Carlos Sánchez de Roda junto a los talleres de TAFESA
Carlos Sánchez de Roda junto a los talleres de TAFESA

El hablar con don Carlos aunque sea un rato, le supone al interlocutor encontrarse de bruces con algunos de los valores mas olvidados en la actualidad. Este ingeniero que ha trabajado en RENFE durante mas de treinta años destila tenacidad, valor y voluntad de trabajo con cada una de sus palabras, de sus actos.

Durante los últimos años, y con esa capacidad de nadar contra corriente que solo tienen los hombres que realmente se sienten vivos, ha seguido la pista a los restos del tren explotado el 11 M en la estación de Santa Eugenia. Los ha vigilado, los ha fotografiado, se ha documentado y su relato es hoy una auténtica película de los hechos, un documento real, concreto e incisivo de la desidia en la custodia de las pruebas de la masacre,

Lugar en el que se habilitó el cobertizo con los restos de la explosión.
Lugar en el que se habilitó el cobertizo con los restos de la explosión.

 

– ¿Por qué don Carlos tanto trabajo que como se desprende de su artículo le ha llevado cerca de un año de esfuerzos e investigaciones?

Llevo escudriñando el 11-M prácticamente desde el día del atentado, desde que empecé a entrever los grandes engaños que lo envolvían. Y uno de los mayores misterios a los que me veía siempre enfrentado era lo ocurrido con el tren que explotó en Santa Eugenia, ese tren tan especial, tan distinto a todos los demás en tantos aspectos. Por eso, cuando supe que su foco de explosión todavía existía, que podría investigarse todo lo referente a él y al trato que se le había dado, cuando vi que quizás se podría por fin averiguar por qué la investigación policial y judicial se había comportado de una forma tan extraña en relación con ese tren, me sentí obligado a hacer cuanto pudiera y supiera para no perder la oportunidad que se había abierto.

– ¿Qué ocurrió en su vida aquel trágico 11 M?

Por motivos profesionales y personales, viví muy de cerca el 11-M. Yo llegaba todos los días a Atocha, pocos minutos antes de la hora del atentado, en un tren que compartía andén con los procedentes de Alcalá. Ese día mi tren no pudo entrar en la estación, pues los criminales ya habían actuado, pero sí pude ver todo el horror de la masacre en el exterior de la estación. Aquello me dejó marcado. Mi vida cambió desde entonces.

– Queda claro por su trabajo que ese cráter en el suelo del tren de Santa Eugenia podría haber sido una de las llaves para la investigación del atentado. ¿Es así?

Es evidente que ese cráter encierra grandes misterios. Le enunciaré brevemente los más sorprendentes:

  • En ninguno de los informes periciales que se realizaron sobre las explosiones en los trenes se da cuenta de su existencia. Todos los demás cráteres se describen y fotografían, pero de éste nada se dice.
  • En todos los demás casos de existencia de cráteres en el suelo de los trenes, los peritos afirman que las correspondientes bombas estallaron en el suelo. En éste no se dice nada del cráter y se sitúa la bomba en alto, en la bandeja portaequipajes.
  • La explosión de Santa Eugenia es la única en la que su correspondiente acta judicial de inspección ocular, levantada el mismo día 11, identifica el tipo de artefacto, una mochila, y el lugar de su colocación, la bandeja portaequipajes, En ninguna de las otras actas y en ninguna de las otras diez explosiones se dice nada sobre el tipo de bomba ni sobre el lugar de su colocación.
  • Y si a todo eso unimos que la bomba de Santa Eugenia es la única por cuya colocación hay un condenado, que esa condena se basa en testimonios contradictorios y que en la verosimilitud de esos testimonios puede influir el lugar de colocación de la bomba, creo que es evidente la importancia que tendría el desentrañar todos los misterios a los que me he referido.
Carlos Sánchez de Roda
Carlos Sánchez de Roda

 

– Qué le pasaba por su cabeza durante los meses en los que Vd comprobaba, fotografiaba y conocía el proceso de custodia de los restos del vagón?

Me producía una enorme sensación de impotencia el no poder impedir lo que yo veía como final inexorable de lo que estaba ocurriendo, es decir, la desaparición de esos restos. Cada vez tenía más claro que ni el Juzgado ni la Fiscalía, a pesar de haber ordenado su precintado y su custodia, iban a hacer nada para impedir su destrucción. Noté que ni siquiera sintieron curiosidad por examinar todo lo que allí había y que no parece que llegaran a ver el cráter, pues estaba tapado por piezas que nadie movió. Al final, mi sentimiento era de enorme indignación. Los que podían impedir el destrozo no sólo no lo impidieron, sino que me quedó el sentimiento de que se alegraron de que se produjera. Había desaparecido algo que a algunos les molestaba profundamente.

– Durante todo este tiempo en el que Vd se ha documentado con profundidad y seriedad y comprobando el triste final, dígame que le dicta su razón al respecto?

Mi impresión personal es que alguien que tenía poder para ello decidió que eso tenía que desaparecer, pero que si desaparecía únicamente el cobertizo con su contenido se podía sospechar que habían actuado intereses ocultos, por ello había que disfrazarlo como una acción de delincuentes comunes, traficantes de chatarra, y ése puede ser el motivo de la increíble destrucción de las naves del taller, a plena luz del día y con gran despliegue de medios, cuando tanto la policía como la vigilancia de Adif habían estado vigilando el recinto inmediatamente antes del desastre. Y luego la sospechosa publicidad del asunto en El País y 20 minutos, coincidiendo ambos medios en la expresión “saqueadores” y sin mencionar el 11-M.

– ¿cómo se siente al haber conocido tanto y tan en profundidad de una de las pruebas forenses vitales para el esclarecimiento del atentado y que ningún poder la haya tenido en cuenta?

Profundamente defraudado, llegando incluso en algún momento a pensar si realmente ha valido la pena, si va a servir para algo. En los días inmediatamente posteriores al atentado, desaparecieron unas 90 toneladas de material de los trenes. Y ahora, durante un año, habíamos tenido al alcance de la mano la posibilidad de recuperar las posiblemente más importantes de esas toneladas, pero lo que puede ser considerado como desidia, mala fe, impresentable actitud de algunos ha dado al traste con esa gran esperanza que se había abierto.

– ¿Vamos a algún lado como nación sin la solución de los enigmas que todavía plantea el 11 M?

Creo que en el 11-M está la clave de todas las desgracias que se nos han venido después encima, y que España no recobrará su dignidad mientras no se averigüe toda la verdad del 11-M y no se haga la justicia que merecen las víctimas.

Su trabajo que a continuación se edita por primera vez de forma íntegra resume a la perfección la necesidad de respuestas y soluciones a los enigmas del 11-M, y la voluntad de unos pocos valientes como don Carlos, en seguir difundiendo esos grandes misterios, no claudicar, seguir luchando, y no olvidarse nunca de las víctimas.

Su trabajo merece una lectura atenta porque Carlos Sánchez de Roda sabe bien que si de verdad vale la pena hacer algo, es necesario hacerlo a toda costa, hacerlo en definitiva con cariño y precisión.

 

Historia de los restos del tren explotado el 11-M en la estación de Santa Eugenia

El tren de Santa Eugenia no se desguazó 

Para situar y valorar lo ocurrido, empecemos por recordar los siguientes hechos.

  • De los cuatro trenes atacados el 11-M, el de Santa Eugenia, es el único que sufrió una sola explosión.

  • Es también el único que fue reparado, y no desguazado.

  • Es también el único que, tras el atentado, fue trasladado a la estación de Vicálvaro, en la que pasó 6 meses antes de ser trasladado el 11 de septiembre al taller en el que se realizó la reparación.

  • Es también el único por cuya explosión hay un condenado como autor material de la colocación de la correspondiente bomba.

Foto 1.- El coche 4 de Santa Eugenia el 17 de marzo de 2004 en Vicálvaro
Foto 1.- El coche 4 de Santa Eugenia el 17 de marzo de 2004 en Vicálvaro

El traslado a Vicálvaro se puede encuadrar en la noticia que dio El Mundo el 23 de noviembre de 2011, en la que se decía que Cáceres Vadillo, Inspector Jefe de la Brigada TEDAX Provincial de Madrid, declaró lo siguiente ante la juez Coro Cillán en la instrucción de la querella presentada por la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M contra el Jefe de los Tedax del 11-M, Sánchez Manzano: “Los Tedax de Madrid propusieron trasladar los trenes del 11-M a un apeadero del distrito de Vicálvaro donde tenían previsto buscar durante semanas pruebas y muestras de explosivo a través de una inspección exhaustiva de los convoyes explosionados. De hecho, dejaron parte de su trabajo sin realizar porque contaban con que se haría así. Y el tren de Santa Eugenia, que fue el primero en ser retirado de la vía, fue efectivamente llevado a Vicálvaro. Los demás no. Pero no hay noticias de esa prevista inspección exhaustiva“..

A partir del 11 de septiembre de 2004 se procedió a efectuar la reparación del único coche explotado de ese tren en el taller que la empresa Tafesa tenía en el madrileño barrio de Villaverde. Y en el transcurso de esa reparación se produjeron los dos siguientes y notables hechos:

Foto 2.- 21 de septiembre de 2004. En marcha la reparación del coche 4 de Santa Eugenia en el taller de Tafesa en Villaverde
Foto 2.- 21 de septiembre de 2004. En marcha la reparación del coche 4 de Santa Eugenia en el taller de Tafesa en Villaverde

 Por dos veces, policías y guardias civiles visitaron el taller. En efecto, dentro de la instrucción de la querella antes citada contra Sánchez Manzano, el entonces responsable del taller de Tafesa, Carlos Simón Fernández, declaró el 20 de enero de 2012 ante la juez Coro Cillán, en relación con la reparación del tren de Santa Eugenia, que “pasó dos veces la Policía y la Guardia Civil mientras hacía la reparación de la unidad. Que pasaron Policía y Guardia Civil y Vigilancia de Renfe, para ver los materiales“.

Y precisamente por esas mismas fechas peritos de la Policía y de la Guardia Civil estaban realizando un informe conjunto sobre las explosiones en los trenes, encargado por el juez Del Olmo, en ese informe los peritos afirman que “Todas las explosiones produjeron, en torno al punto donde estaba colocado cada artefacto, una zona en la que los efectos fueron devastadores, tanto en las personas que allí se encontraban, como en el mobiliario de los vagones (asientos, revestimientos interiores, ventanas, puertas…). El estudio de estos efectos, junto con los resultados de los análisis químicos realizados, es determinante para establecer la cantidad y tipo de explosivo utilizado en cada artefacto“.

Pero a pesar de lo determinantes que eran esos efectos, a pesar de que el único lugar en el que podían verlos directamente era el tren de Santa Eugenia, a pesar de que policías y guardias civiles visitaron el taller en el que se podían ver directamente esos efectos, en su informe final no mencionaron nada de esos restos visitables y visitados. Los peritos se limitaron a pedir al juez fotografías de los trenes tras las explosiones y a estudiar los efectos de las explosiones en esas fotografías, esas fotografías, tomadas fundamentalmente por policías municipales, bomberos y empleados de Renfe.

En todo caso, puede deducirse que Policía y Guardia Civil tenían conocimiento de la reparación del tren de Santa Eugenia y que tenían controlados los trabajos.

  • Los materiales retirados de la zona del foco de la explosión fueron guardados en un cobertizo construido expresamente para ello.

A todo ello hay que añadir que este tren es el único en el que los peritos autores de diversos informes periciales ignoraron la existencia de un cráter en el suelo del foco de la explosión, y dieron como ubicación de la bomba la bandeja portaequipajes.

Foto 3.- 17 de marzo de 2004. Vicálvaro. Cráter en el suelo del coche 4 de Santa Eugenia, ignorado por los peritos en sus informes periciales
Foto 3.- 17 de marzo de 2004. Vicálvaro. Cráter en el suelo del coche 4 de Santa Eugenia, ignorado por los peritos en sus informes periciales

 

En julio de 2005, el tren de Santa Eugenia, ya reparado, se reincorporó al servicio en Madrid, mientras los restos de su foco de explosión quedaban guardados en el cobertizo del taller de Tafesa.

8 años después aparecen los materiales próximos al foco de explosión

En el resumen, aportado por Renfe, de la chatarra de los trenes vendida, no figura ni un solo gramo procedente del tren de Santa Eugenia. ¿Estarían todavía esos restos guardados en algún lugar? La respuesta llegó de la mano de Libertad Digital el 28 de febrero de 2012, cuando se publicó el hallazgo de los restos del tren de Santa Eugenia en las instalaciones de Tafesa.

Tafesa había sido declarada en concurso de acreedores. El proceso de disolución de la empresa estaba tutelado por el juzgado de lo Mercantil número 1 de Madrid, que nombró administrador concursal a José Antonio Tortosa, y cuando éste inventariaba el ya inactivo taller, se encontró con el cobertizo y con su contenido.

Cuando el administrador judicial visitaba las instalaciones de Tafesa en la fría mañana del 4 de enero de 2012 se encontró con un cobertizo blanco, destartalado, hecho de chapas metálicas, semiescondido tras unas estructuras metálicas y situado en el punto más alejado del recinto del taller. Siguiendo sus instrucciones, se procedió a su apertura retirando la pieza que servía de puerta, y en su interior apareció un intrigante amontonamiento de chapas oxidadas, rotas y deformadas, cuya utilidad y el motivo de su conservación eran difíciles de entender. Y el administrador debió quedar estupefacto cuando alguien trató de aclararle sus dudas informándole de que aquello pertenecía a uno de los focos de explosión del 11-M.

Foto 4.- El cobertizo situado al final del ya inactivo taller de Tafesa
Foto 4.- El cobertizo situado al final del ya inactivo taller de Tafesa
Foto 5.- 4 de enero de 2012. Al fondo del recinto de Tafesa aparece un cobertizo blanco semiescondido tras unas estructuras
Foto 5.- 4 de enero de 2012. Al fondo del recinto de Tafesa aparece un cobertizo blanco semiescondido tras unas estructuras
Foto 6.- El cobertizo que vio el administrador concursal
Foto 6.- El cobertizo que vio el administrador concursal

 

Foto 7.- Chapas deformadas y oxidadas amontonadas en el interior del cobertizo
Foto 7.- Chapas deformadas y oxidadas amontonadas en el interior del cobertizo
Foto 8.- Chapas deformadas y oxidadas amontonadas en el interior del cobertizo
Foto 8.- Chapas deformadas y oxidadas amontonadas en el interior del cobertizo

 

Entre las chapas amontonadas era reconocible el borde del suelo de un coche de Cercanías de Renfe, con sus correspondientes inscripciones. La comparación de ese borde con el del coche que sufrió la explosión en Santa Eugenia sirve para identificar claramente la pertenencia del material escondido en el cobertizo al citado foco de explosión.

Foto 9.- Identificación de las chapas como pertenecientes al foco de Santa Eugenia. Arriba el borde del suelo junto al foco de explosión de Santa Eugenia, abajo una de las piezas almacenadas en el cobertizo de Tafesa.
Foto 9.- Identificación de las chapas como pertenecientes al foco de Santa Eugenia. Arriba el borde del suelo junto al foco de explosión de Santa Eugenia, abajo una de las piezas almacenadas en el cobertizo de Tafesa.

 

En la mañana del mismo día de la publicación de la noticia en Libertad Digital, el personal de Tafesa, procedió a acondicionar y asegurar con celeridad el cerramiento de chapas del cobertizo, cerrando los huecos que existían en su cubierta y que permitían ver su interior.

Foto 10.- El 28 de febrero de 2012, agentes de seguridad de Tafesa acondicionan el cobertizo que guarda los restos del foco de Santa Eugenia.JPG
Foto 10.- El 28 de febrero de 2012, agentes de seguridad de Tafesa acondicionan el cobertizo que guarda los restos del foco de Santa Eugenia.

 

Se produce un asalto a las instalaciones de Tafesa

Según información del diario La Gaceta, recogida por Libertad Digital el 10 de marzo, en la madrugada del sábado 3 al domingo 4 de marzo dos individuos asaltaron las instalaciones de Tafesa. Los asaltantes rompieron una de las vallas del recinto y enfilaron directamente al cobertizo donde estaban almacenados los restos del tren de Santa Eugenia.

Dos guardas de seguridad interceptaron a los intrusos a las puertas del cobertizo y, al verse descubiertos, se dieron a la fuga. Según los testigos del asalto: “huyeron muy rápidamente. Se mostraron muy ágiles al saltar uno de los muros del recinto. Se notaba que tenían un conocimiento exhaustivo del lugar, ya que esquivaron a plena carrera todos los alambres, metales, fosos y chatarra muy afilada que riegan todo el terreno. Era noche cerrada y no se veía nada. Dieron un brinco tremendo sobre el alambre de espino y los pinchos sin hacerse ni un rasguño”.

Al día siguiente, la empresa interpuso una demanda ante la Policía, y en días posteriores se recibió en las oficinas una llamada de “un cargo importante de la Policía. No de comisaría, sino de la dirección general“. En las últimas semanas, ha sido permanente el merodeo a las instalaciones de la empresa por parte de individuos sospechosos. Por ello, Tafesa se ha visto obligada a reforzar la seguridad con dos guardas jurados.

El asalto se produjo tres días antes de que, como veremos a continuación, la Guardia Civil precintase el lugar,

En todo caso y según la información de La Gaceta, la empresa siempre defendió su “transparencia” en la custodia del vagón y se declaró totalmente ajena a los movimientos de aquello días.

Interviene la Fiscalía

La información de LD provocó un gran revuelo en los medios de comunicación. Tanto es así que el fiscal general del Estado, Eduardo Torres Dulce, anunciaba el 2 de marzo que había dado la orden a la Fiscalía de Madrid para que iniciara una investigación, de cara a determinar tanto el valor probatorio de los restos, como la posible existencia de un delito de ocultación de pruebas. Finalmente, el día 7 de marzo, la Guardia Civil procedía a precintar el cobertizo en el que se guardaban los restos, junto al cual se dispuso una vigilancia permanente. Durante varios días se mantuvo la vigilancia ante el precintado cobertizo, más tarde la vigilancia se limitaba a la entrada de los talleres.

Foto 11.- El 8 de marzo, el cobertizo queda precintado y vigilado
Foto 11.- El 8 de marzo, el cobertizo queda precintado y vigilado

 

Foto 12.- Precinto de la Guardia Civil colocado en el cobertizo
Foto 12.- Precinto de la Guardia Civil colocado en el cobertizo

 

Foto 13.- La vigilancia seguía el 28 de marzo
Foto 13.- La vigilancia seguía el 28 de marzo

 

Foto 14.- Entrada al taller vigilada el 16 de mayo de 2012
Foto 14.- Entrada al taller vigilada el 16 de mayo de 2012

El 6 de junio de 2012, la Fiscalía de Madrid informaba haber decretado el archivo de las diligencias abiertas sobre este asunto. En su nota de prensa, la fiscalía daba los motivos en los que se basaba ese archivo: “No se ha apreciado ninguna actuación de ocultación o manipulación de los referidos restos que pudiera hacer pensar en una desaparición de objetos de pruebas, al contrario Todo ello se llevó a cabo con pleno conocimiento de los órganos judiciales de la instrucción de la causa y del enjuiciamiento, que fueron informados en su momento“.

Es decir, Fiscalía los define como objetos de pruebas, objetos de pruebas que nadie reconoció haber investigado, y la Fiscalía se olvida de que también tenía que determinar, según le pidió Torres Dulce, el valor probatorio de los restos, y no valora la importancia que pudieran tener los restos por sí mismos, su valor probatorio, los nuevos datos que su investigación pudiera haber aportado a los numerosos puntos oscuros de la investigación de las explosiones del 11-M, ni entra a valorar por qué en el Sumario no se da cuenta de su existencia, por qué no hay ni un solo informe oficial sobre esos restos, por qué no los citaron los peritos que redactaron el informe conjunto sobre las explosiones, cuando ése era el único foco que pudieron investigar directamente. La fiscalía se limita a decir que no hubo ocultación de pruebas.

El fiscal General del Estado por su parte, en una entrevista con Efe, manifestó que la Fiscalía de Madrid ha concluido que “está perfectamente detallada la cadena de custodia y que por tanto no ha habido ninguna ocultación de ese posible material probatorio a las autoridades”. Asimismo, la Fiscalía de Madrid ha comunicado la localización de esos restos al Juzgado Central de Instrucción número 6 de la Audiencia Nacional, que instruyó la investigación por los atentados, para determinar qué hacer con ellos. Torres Dulce ha afirmado que “los ha puesto a disposición del juez Eloy Velasco simplemente para que tenga noticia de su existencia y de que están debidamente custodiados y precintados para que libremente disponga de ellos”.

Pues si la cadena de custodia estaba “perfectamente detallada”, si se estableció esa cadena de custodia, sería por algo, algún valor probatorio tendrían esos restos, a pesar de lo cual nada se dice de ellos en el Sumario, nada dicen los agentes policiales que los visitaron por dos veces. Y la Fiscalía mantiene esos restos, a disposición del Juzgado 6 de la Audiencia Nacional, debidamente custodiados y precintados. Habrá que suponer que algo que se custodia y precinta tendrá algún valor. Valor que en ningún momento especificó la Fiscalía y ello a pesar de que el propio Torres Dulce le pidió que lo hiciera.

Los restos quedan precintados a disposición del juzgado número 6 de la Audiencia Nacional

Y así quedaron los restos a partir de ese día, con su cadena de custodia detallada, precintados, custodiados y a disposición del Juzgado Central de Instrucción número 6 de la Audiencia Nacional. Algo importante debió de ver la fiscalía en esos restos cuando los dejó tan protegidos. Y cabía pensar que el Juzgado número 6 dispusiera algo al respecto, que al menos fueran a mirar qué había en ese cobertizo. Pues, como veremos a continuación, los únicos indicios de entrada en el cobertizo detectados antes de su destrucción corresponden a disimuladas violaciones de alguno de los precintos. No hay noticias de que nadie del Juzgado examinara esos restos, ni de ninguna disposición que sobre ellos tomase dicho Juzgado.

Desaparece la vigilancia del cobertizo, que sufre violaciones de sus precintos

Pero la vigilancia casi desapareció enseguida en los talleres de Tafesa, y alguien estaba muy atento a lo que allí ocurría, pues el mismo mes de junio levantó algún precinto, retiró una chapa y abrió una disimulada entrada. Más adelante se pudo observar como seguían las manipulaciones en el cobertizo; en agosto, alguien trató de tapar la entrada abierta. Eso sí, en algunas ocasiones se paseaba junto al cobertizo algún vigilante armado.

Foto 15.- Violación de precintos y apertura de una entrada entre el 13 y el 26 de junio de 2012
Foto 15.- Violación de precintos y apertura de una entrada entre el 13 y el 26 de junio de 2012
Foto 16.- el 20 de agosto aparece una nueva chapa en el hueco abierto
Foto 16.- el 20 de agosto aparece una nueva chapa en el hueco abierto
Foto 17.- Vigilante armado el 10 de septiembre de 2012
Foto 17.- Vigilante armado el 10 de septiembre de 2012
Foto 18.- El cobertizo el 20 de diciembre de 2012
Foto 18.- El cobertizo el 20 de diciembre de 2012
Foto 19.- El cobertizo el 7 de marzo de 2013
Foto 19.- El cobertizo el 7 de marzo de 2013
Foto 20.- El cobertizo el 11 de abril de 2013
Foto 20.- El cobertizo el 11 de abril de 2013
Foto 21.- El cobertizo el 14 de mayo de 2013
Foto 21.- El cobertizo el 14 de mayo de 2013

Tafesa abandona el lugar

En mayo de 2013, el administrador concursal autorizó la entrada de Tafesa en las instalaciones para sacar todo lo que pudiera ser de algún valor en la liquidación de la compañía, y efectivamente, durante unos días pudo verse cómo se desmantelaba lo todavía aprovechable del taller”, y ya en julio se procedió a la devolución de los terrenos a Adif (sucesora de Renfe en la propiedad de las instalaciones ferroviarias) quien los había tenido arrendados a Tafesa. Y empezó inmediatamente el desmantelamiento del cobertizo, cuyos precintos colocados en la chapa que hacía de puerta de entrada desaparecieron el 9 de julio.

Foto 22.- Retirada de material del taller el 21 de mayo
Foto 22.- Retirada de material del taller el 21 de mayo
Foto 23.- Retirada de material del taller el 28 de mayo
Foto 23.- Retirada de material del taller el 28 de mayo
Foto 24.- El 9 de julio habían desaparecido los precintos de la entrada al cobertizo
Foto 24.- El 9 de julio habían desaparecido los precintos de la entrada al cobertizo

Comienza el asalto a los talleres de Tafesa

El 11 de septiembre, alguien había abierto un agujero en las cerradas puertas metálicas de los talleres que ya había recuperado Adif. 5 días después, el aspecto que presentaban las instalaciones era de total abandono. Las oficinas estaban destrozadas y las naves estaban desiertas.

Foto 25.- El 11 de septiembre aparece un hueco en las chapas de la puerta de acceso a los talleres
Foto 25.- El 11 de septiembre aparece un hueco en las chapas de la puerta de acceso a los talleres
Foto 26.- Las oficinas de Tafesa el 16 de septiembre de 2013
Foto 26.- Las oficinas de Tafesa el 16 de septiembre de 2013
Foto 27.- Las oficinas de Tafesa el 16 de septiembre de 2013
Foto 27.- Las oficinas de Tafesa el 16 de septiembre de 2013
Foto 28.- Las oficinas de Tafesa el 16 de septiembre de 2013
Foto 28.- Las oficinas de Tafesa el 16 de septiembre de 2013
Foto 29.- Naves del taller de Tafesa el 16 de septiembre de 2013
Foto 29.- Naves del taller de Tafesa el 16 de septiembre de 2013
oto 30.- Interior de una de las naves de Tafesa el 16 de septiembre de 2013
oto 30.- Interior de una de las naves de Tafesa el 16 de septiembre de 2013
Foto 31.- Interior de una de las naves de Tafesa el 16 de septiembre de 2013
Foto 31.- Interior de una de las naves de Tafesa el 16 de septiembre de 2013

Y junto a esa desolación estaba el cobertizo que tantas esperanzas suscitó en su momento. Lo vemos a continuación en diversas imágenes tomadas desde distintos puntos.

Foto 32.- El cobertizo que albergaba los restos del foco de Santa Eugenia el 16 de septiembre de 2013
Foto 32.- El cobertizo que albergaba los restos del foco de Santa Eugenia el 16 de septiembre de 2013
Foto 33.- El cobertizo que albergaba los restos del foco de Santa Eugenia el 16 de septiembre de 2013
Foto 33.- El cobertizo que albergaba los restos del foco de Santa Eugenia el 16 de septiembre de 2013
Foto 34.- El cobertizo que albergaba los restos del foco de Santa Eugenia el 16 de septiembre de 2013
Foto 34.- El cobertizo que albergaba los restos del foco de Santa Eugenia el 16 de septiembre de 2013

Obsérvese aquí el hueco practicado junto al muro, hueco que estaría cerrado cuando lo precintó la Guardia Civil.

En la siguiente vista, vemos el primer acceso que, levantando precintos de la Guardia Civil en un lugar entonces escondido, alguien abrió también junto al muro por el lado más visible. Todavía podía verse alguno de los precintos:

Foto 35.- Abertura entre el cobertizo y el muro trasero el 16 de septiembre de 2013
Foto 35.- Abertura entre el cobertizo y el muro trasero el 16 de septiembre de 2013
Foto 36.- Precinto colocado por la Guardia Civil en el cobertizo
Foto 36.- Precinto colocado por la Guardia Civil en el cobertizo

A pesar de la existencia de precintos de la Guardia Civil, como el de la foto 36, a pesar de no conocerse decisión judicial alguna de levante de esos precintos, en esa fecha era perfectamente posible asomarse al interior del cobertizo y penetrar en él. Y al hacerlo por los distintos lugares practicables se veía lo que viene a continuación.

Al estar amontonadas las piezas no era fácil identificarlas. Sí parecían estar las piezas del suelo, paredes y techo de la zona del foco de la explosión. Seguramente habría sido posible reconstruir esa parte.

Foto 37.- Los restos del foco de Santa Eugenia el 16 de septiembre de 2013
Foto 37.- Los restos del foco de Santa Eugenia el 16 de septiembre de 2013
Foto 38.- Los restos del foco de Santa Eugenia el 16 de septiembre de 2013
Foto 38.- Los restos del foco de Santa Eugenia el 16 de septiembre de 2013
Foto 39.- Los restos del foco de Santa Eugenia el 16 de septiembre de 2013
Foto 39.- Los restos del foco de Santa Eugenia el 16 de septiembre de 2013
Foto 40.- Los restos del foco de Santa Eugenia el 16 de septiembre de 2013
Foto 40.- Los restos del foco de Santa Eugenia el 16 de septiembre de 2013
Foto 41.- Inscripción en el suelo del foco de Santa Eugenia el 16 de septiembre de 2013
Foto 41.- Inscripción en el suelo del foco de Santa Eugenia el 16 de septiembre de 2013
Foto 42.- Inscripción en el suelo del foco de Santa Eugenia el 16 de septiembre de 2013
Foto 42.- Inscripción en el suelo del foco de Santa Eugenia el 16 de septiembre de 2013
Foto 43.- El cráter del foco de Santa Eugenia en Vicálvaro (arriba) y en el taller de Tafesa (abajo)
Foto 43.- El cráter del foco de Santa Eugenia en Vicálvaro (arriba) y en el taller de Tafesa (abajo)

En esta última foto, arriba está el foco, con su cráter, tal y como estaba en Vicálvaro, una vez trasladado el tren. Abajo vemos la misma pieza del suelo, en el cobertizo de Tafesa, de la que sólo vemos el borde con el rótulo, el resto queda tapado por las piezas que están por debajo (la foto está invertida).

En fin, lamentablemente ésta era la situación. Ese material, con el inmenso valor que pudo tener en su momento, con ese cráter, el único de los producidos en el atentado que fue ignorado por los peritos en sus informes, a pesar de que era el único conservado y visible tras el achatarramiento y destrucción de todos los demás, quedó allí solitario, en medio de la desolación de los abandonados talleres de Tafesa, olvidado por todos salvo, al parecer, por los grafiteros, aunque pronto otras personas recordarían su existencia y tomarían medidas.

En medio de esa desolación, el cobertizo seguía entero, y por sus desprecintadas aberturas lo que se veía era sorprendente. Las piezas del tren de Santa Eugenia estaban exactamente en la misma posición en la que se encontraban cuando fueron descubiertas en febrero de 2011. Es decir, el local permaneció intacto desde su descubrimiento, se precintó sin haber movido nada, La investigación que durante tres meses realizó la fiscalía se hizo sin siquiera mirar lo que había dentro, pues los precintos no se movieron, y el juzgado número 6 tampoco se asomó a ver qué había ahí dentro. Y el cráter producido en el suelo por la explosión había permanecido oculto entre las chapas durante todo ese tiempo, nadie había tenido curiosidad por verlo, por tratar de averiguar los motivos que les llevaron a los peritos a ocultar su existencia, a no estudiar directamente en él los efectos de la explosión y la posible naturaleza de la bomba que lo provocó, y eso que era el único foco que podían estudiar, los demás habían desaparecido en pocos días tras el 11-M.

Foto 44.- A la izquierda, interior del cobertizo en febrero de 2011, a la derecha mismo interior en septiembre de 2013
Foto 44.- A la izquierda, interior del cobertizo en febrero de 2011, a la derecha mismo interior en septiembre de 2013
Foto 45.- A la izquierda, interior del cobertizo en febrero de 2011, a la derecha mismo interior en septiembre de 2013
Foto 45.- A la izquierda, interior del cobertizo en febrero de 2011, a la derecha mismo interior en septiembre de 2013
Foto 46.- A la izquierda, interior del cobertizo en febrero de 2011, a la derecha mismo interior en septiembre de 2013
Foto 46.- A la izquierda, interior del cobertizo en febrero de 2011, a la derecha mismo interior en septiembre de 2013

La reacción a lo que estaba pasando en las instalaciones recuperadas por Adif fue la colocación de unos carteles de “peligro de desprendimiento” en las puertas metálicas de entrada a las instalaciones. Se asumía por lo tanto que se estaba entrando allí y no se impedía, sino que se cubría la responsabilidad de posibles accidentes advirtiendo del peligro. Así que se dejaba hacer con la mayor naturalidad.

Ante esa dejadez del propietario, la reacción de los visitantes fue llevarse los carteles y hasta las propias puertas en los que estaban colocados. Se hacía así posible la entrada de grandes vehículos, eliminando las dificultades del paso por el anterior agujero practicado en la chapa metálica.

Foto 47.- 7 de octubre. Carteles de peligro de desprendimiento en las puertas del taller y ampliado el agujero inicialmente abierto en la chapa
Foto 47.- 7 de octubre. Carteles de peligro de desprendimiento en las puertas del taller y ampliado el agujero inicialmente abierto en la chapa
El 7 de octubre ya no hay puertas del taller
Foto 48.- 22 de octubre. Desaparecen las puertas del taller

El cobertizo es destruido y su contenido desaparece

Y ya sin puertas, alguien aprovechó las facilidades dadas por Adif y comenzó a desvalijar las instalaciones, empezando por el cobertizo que guardaba los restos del tren de Santa Eugenia. El 22 de octubre ya no quedaba casi nada, tan sólo las dos piezas conservadas del techo del tren. La situada sobre el foco estaba todavía dentro de los restos del cobertizo, la otra estaba fuera. El suelo del foco ignorado por los peritos, con su misterioso cráter, había desaparecido.

El día siguiente, 23 de octubre, había desaparecido precisamente la pieza del techo más próxima al foco, mientras que la otra, que habría sido más fácil retirar por estar ya libre de las estructuras del cobertizo, permanecía aún en mismo lugar que la víspera. Al parecer, los ladrones tenían preferencias por las piezas más afectadas por la explosión, a pesar de que, lógicamente, tuvieran menos peso que vender.

Foto 49.- El 22 de octubre de 2013 el cobertizo está desmantelado y expoliado. Sólo quedan dos piezas del techo
Foto 49.- El 22 de octubre de 2013 el cobertizo está desmantelado y expoliado. Sólo quedan dos piezas del techo
Foto 50.- La parte del techo que cubría el foco de la explosión aún dentro de los restos del cobertizo el 22 de octubre
Foto 50.- La parte del techo que cubría el foco de la explosión aún dentro de los restos del cobertizo el 22 de octubre
Foto 51.- El mismo día 22, otra parte del techo ya está fuera del cobertizo
Foto 51.- El mismo día 22, otra parte del techo ya está fuera del cobertizo
Foto 52.- El 23 de octubre ha desaparecido únicamente la pieza más próxima al foco
Foto 52.- El 23 de octubre ha desaparecido únicamente la pieza más próxima al foco

El mismo 23 de octubre, cuando aún quedaba la última pieza del tren, la entrada estaba vigilada por policías y vigilantes de Adif conocedores de que allí había restos del 11-M. Mientras, en el interior, se seguía cargando impunemente en una furgoneta y en un camión, sin que actuaran los vigilantes que vigilaban la entrada. Estos vigilantes abandonaron el lugar antes de que salieran los citados vehículos.

Foto 53.- El 23 de octubre, una furgoneta y un pequeño camión dentro del recinto de Tafesa
Foto 53.- El 23 de octubre, una furgoneta y un pequeño camión dentro del recinto de Tafesa
Foto 54.- El 23 de octubre hay vigilancia policial ante la puerta de Tafesa
Foto 54.- El 23 de octubre hay vigilancia policial ante la puerta de Tafesa

Y esa presencia policial no sirvió de mucho. El día 25 de octubre había desaparecido el último resto del tren de Santa Eugenia y casi todos los restos del cobertizo. Ya no había nadie vigilando en la puerta. Una vez desaparecidos todos los restos del tren, ya no había nada que investigar ni vigilar. Quedaba el campo libre para quien quisiera seguir expoliando impunemente el lugar, y así se hacía. Había furgonetas cargando en el interior de las instalaciones, por las naves del taller, y ya nadie se cuidaba de trabajar con más o menos disimulo, pues se oían grandes y animadas voces por todos lados.

Foto 55.- El 25 de octubre, ya sin vigilancia policial, sigue el expolio del taller
Foto 55.- El 25 de octubre, ya sin vigilancia policial, sigue el expolio del taller
Foto 56.- Los restos del cobertizo el 25 de octubre
Foto 56.- Los restos del cobertizo el 25 de octubre
Foto 57.- La entrada de Tafesa sin vigilancia alguna el 25 de octubre
Foto 57.- La entrada de Tafesa sin vigilancia alguna el 25 de octubre

Ante la asombrosa dejadez del propietario de las instalaciones, al día siguiente los medios empleados en el desguace, tanto personales como materiales, fueron ampliamente reforzados, y ya a plena luz del día, sin disimulo alguno, con enorme desfachatez, con la evidente seguridad de que alguien había dicho que actuasen tranquilos, que no iba a pasar nada, personas casi “uniformadas” comenzaron a derribar las propias naves del taller y a expoliar sus componentes. En poco tiempo, el lugar quedó devastado.

El diario “20 minutos” publicó la siguiente información el 30 de octubre: http://www.20minutos.es/noticia/1963098/0/chatarreros/expolio-tafesa/villaverde/

Foto 58.- Gran actividad de derribo de instalaciones y cargue de vehículos el 26 de octubre
Foto 58.- Gran actividad de derribo de instalaciones y cargue de vehículos el 26 de octubre
Foto 59.- Continúan los destrozos y el expolio el 26 de octubre
Foto 59.- Continúan los destrozos y el expolio el 26 de octubre
Foto 60.- Continúan los destrozos y el expolio el 26 de octubre
Foto 60.- Continúan los destrozos y el expolio el 26 de octubre

Los terrenos pertenecen a la empresa pública Adif, pero en ellos operaba Tafesa, una de las empresas de referencia en el sector ferroviario español.

Tafesa se declaró en quiebra en 2011 y se encuentra en proceso de liquidación.

Adif ha establecido un servicio de vigilancia permanente para evitar el saqueo.

http://www.20minutos.es/noticia/1963098/0/chatarreros/expolio-tafesa/villaverde/#xtor=AD-15&xts=467263#xtor=AD-15&xts=467263

ÁNGEL CALLEJA 30.10.2013

Romper las cadenas, entrar y expoliar. Eso es todo lo que tienen que hacer las cuadrillas de chatarreros que, en las últimas semanas, han tomado al asalto la antigua factoría industrial de Transportes Ferroviarios Españoles (Tafesa), en el distrito de Villaverde (Madrid capital).

Otras imágenes 3 Fotos Vista general de la factoría de Tafesa Durante varias horas al día, separan, seleccionan y transportan todos los materiales que les son de utilidad. El metal que pueda comercializarse como chatarra es el primer objetivo. El cobre es el elemento más codiciado, ya que puede venderse a entre 1.500 y 2.500 euros la tonelada. Su empeño ha llegado a tal punto que han derribado muros y han tirado los techos de varias de las naves. “Son como termitas”, apunta un testigo.

Los saqueadores vuelven pese a que la Policía les ha expulsado en varias ocasionesLa presencia de la Policía Municipal y la Policía Nacional, que expulsa del recinto a los operarios, no ha servido hasta el momento. Los grupos, alertan los representantes de Izquierda Unida en Villaverde, siempre vuelven. Y lo hacen bien pertrechados.

Por sus monos de trabajo, sopletes, sierras para metal, grupos electrógenos y vehículos de carga bien podrían parecer profesionales. Nada más lejos de la realidad. Nadie les ha contratado a pesar de que son concienzudos en su trabajo y de que obedecen las órdenes de sus capataces. Incluso cuentan con vigilantes encargados de dar el agua (en argot, avisar de la presencia policial) cuando las fuerzas del orden hacen acto de presencia.

Por el contrario, no cumplen ni las más mínima medida de seguridad o prevención de riesgos laborales y no tienen en cuenta la posible presencia de amianto entre los escombros, un material cancerígeno.

Escasa vigilancia

El terreno, las vías, las naves y las oficinas están situadas entre la Gran Vía de Villaverde, la calle del Estroncio y la Avenida de Andalucía. El complejo ocupa un superficie de 37.700 metros cuadrados y pertenece a un organismo público, el Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (Adif). Esta lo alquiló en 1982 al grupo al que pertenecía Tafesa, sociedad que hoy se encuentra en fase de liquidación tras una declaración de quiebra.

El proceso de disolución de la empresa está tutelado por el juzgado de lo Mercantil número 1 de Madrid, que nombró administrador concursal a José Antonio Tortosa, abogado, auditor y economista especializado en estos trámites, es decir, un liquidador profesional.

Según Adif, Tortosa autorizó a que se entrara en las instalaciones “para sacar todo lo que pudiera ser de algún valor en la liquidación de la compañía” y no devolvió los terrenos hasta julio de 2013. “Para entonces, las instalaciones ya han sufrido un notable deterioro, ya que además de estar un tiempo abandonadas, se han llevado la maquinaria y los materiales de valor”, explica la entidad pública.

Tafesa no devolvió los terrenos a Adif hasta julio de 2013Tortosa era el encargado de la custodia de los bienes de Tafesa, toda vez que estos pueden ser vendidos o subastados para obtener réditos con los que pagar a los acreedores. Este diario localizó al experto en Interconcursal, la firma de la que es socio, pero este se negó a responder a las preguntas que se le formularon sobre esta situación.

Adif asegura que ha denunciado la entrada no autorizada de personas a la Policía en varias ocasiones, pero sin resultado. Por ello, este martes decidió establecer “personal de seguridad para la vigilancia de la zona de forma permanente”. Además, ha aprobado un proyecto para demoler “cuanto antes” toda las infraestructuras que puedan representar un riesgo. Vecinos del recinto niegan haber visto ningún tipo de vigilancia preventiva a lo largo de esta semana: “El miércoles solo había policías municipales echando a la gente de allí”.

IU Villaverde había solicitado en numerosas ocasiones la reutilización de los terrenos como espacio público. A instancias del grupo, la Junta de Distrito ha iniciado un expediente urbanístico con motivo del desmantelamiento de las naves, pero el saqueo ha continuado. El grupo municipal de IU en el Ayuntamiento de Madrid elevará una pregunta al Área de Seguridad acerca de cómo es posible que la actividad ilegal continúe sin que se produzcan identificaciones o detenciones.

Un icono ferroviario

Tafesa era una de las constructoras de vagones ferroviarios de carga (coches, escombros, carbón, alimentos, sacas de Correos etc.) punteras en España. Además, daba servicios de reparación y mantenimiento —también para vagones de pasajeros— y fabricaba intercambiadores de ancho de vía. Sus productos eran conocidos por su versatilidad y sus altas prestaciones, según la revista especializada Vía Libre, lo que la convirtió en el proveedor de Renfe.

Había nacido en 1951 de la mano de José Fernández López, el fundador Zeltia y Pescanova. Su primera gran crisis tuvo lugar en los años 90. Así lo recogía el diario El País en 1995. De la misma, salió recuperada gracias a la ayuda de las administraciones públicas. Además, ganó clientes como Acciona, FCC o Continental Rail, lo que le llevó a contar con más de 200 trabajadores.

Tras el verano de 2011, solicitó la declaración voluntaria de concurso de acreedores (antigua declaración de quiebra). Sus ventas, en ascenso hasta 2009, se desplomaron a partir de ese ejercicio. En 2010 facturó 10,85 millones de euros, menos de la mitad que el año anterior. El resultado, después de impuestos, fue de un negativo de 1,87 millones de euros.

La deuda ascendió a 6 millones, de acuerdo a Vía Libre. Adif llegó a reclamarle casi un millón de euros por el alquiler del terreno. Entonces contaba con 125 empleados. La propietaria era Paloma Fernández de Sousa-Faro, hermana del procesado Manuel Fernández de Sousa-Faro, ex presidente de Pescanova.

El diario El País, por su parte, publicaba lo siguiente el mismo día 30 de octubre:

‘Termitas’ ferroviarias

Foto 61.- Aspecto actual de la nave de la extinta empresa de ferrocarriles Tafesa
Foto 61.- Aspecto actual de la nave de la extinta empresa de ferrocarriles Tafesa

Decenas de saqueadores arramblan con los materiales acumulados en una industria cerrada y donde se fabricaban vagones en Villaverde Bajo


Rodrigo Casteleiro Madrid 30 OCT 2013 – 20:44 CET3


Fue una operación a plena luz del día. Realizada durante horas. Y con un estruendo considerable. El colmo, acaso, de la visibilidad. Unos 20 vehículos, entre camiones y furgonetas, se llevaron el martes (día 29) de la nave abandonada de la extinta empresa de ferrocarriles Tafesa, en el distrito de Villaverde, todo el hierro que pudieron cargar. Los asaltantes iban disfrazados con monos de operarios para pasar inadvertidos. A simple vista, cuesta trabajo imaginar cómo fueron capaces de desbrozar y transportar las gigantescas vigas que sostuvieron en su día a uno de los mayores fabricantes de vagones para mercancías.

Pero los vecinos de Villaverde Bajo, que hacen este relato, aseguran que los saqueadores venían preparados con sopletes para hacer más manejable el material robado. Algunos de ellos dicen que fueron testigos del robo.

Sobre las nueve de la mañana, explican, uno de esos camiones enganchó un cable a uno de los tejados de una de las casetas de la parte trasera de esta nave de 37.700 metros cuadrados. Tras fijarlo bien, el conductor pisó el acelerador. La instalación, de unos 10 metros de altura, tardó en ceder. Pero cuando lo hizo, el estruendo fue ensordecedor. “Vimos movimiento desde casa y decidimos venir a ver qué pasaba. Algunos vecinos nuestros pensaban que nuestro edificio se había venido abajo”, recuerda Vanesa López, de 32 años y vecina de la calle del Estroncio, situada a 10 metros de la nave.

IU denunciará el robo en la Comisión de Seguridad municipal

Los ladrones, sin embargo, ya habían entrado más veces. Según denuncia José Galán, presidente de la Asociación de Vecinos La Unidad de Villaverde Bajo, los saqueadores llevan irrumpiendo en los antiguos talleres de Tafesa desde finales de septiembre. En 2011, la empresa ferroviaria se declaró en concurso de acreedores y sus instalaciones fueron vaciándose. Y con ellas, la seguridad. Lo cual ha motivado los sucesivos allanamientos, aunque ninguno había sido tan voraz: “Se han comportado como termitas”. Un día después del robo, tres empleados de seguridad impedían el paso al recinto.

De las casetas asaltadas queda prácticamente el esqueleto. Incluso faltan algunas chimeneas. “Se las llevaron poniendo dos escaleras juntas para poder llegar”, añade Vanesa, anonadada.

La Policía Nacional recibió el aviso a la hora de comer. Al lugar se desplazaron también agentes municipales y los bomberos. Aunque fuentes policiales explican que al ser un edificio abandonado, y no tener constancia de denuncias, la actuación no fue más allá. Según los vecinos, los ladrones, al verse sorprendidos, se identificaron como empleados de una empresa de demolición. “Lo parecían, la verdad”.

Estos terrenos son propiedad del Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (Adif), que asegura que ha denunciado en varias ocasiones los robos sufridos. Y que está trabajando para buscar una solución a esta zona. Desde IU se plantean llevar el desguace de esta nave a la Comisión de Seguridad del Ayuntamiento.

Rashid también lo vio todo. Pero a él no le parece que se hayan llevado un gran botín: “El hierro se paga a 10 céntimos el kilo”. El kilo del cobre que está pelando cuesta, en cambio, seis euros.

O sea que, según esas informaciones, la policía estaba al corriente de todo, puesles ha expulsado en varias ocasiones”. “La presencia de la Policía Municipal y la Policía Nacional, que expulsa del recinto a los operarios, no ha servido hasta el momento. “Adif asegura que ha denunciado la entrada no autorizada de personas a la Policía en varias ocasiones”. A pesar de lo cual, se produjo esto a la vista de todo el mundo:

Si tal fuese la eficacia policial en España estaríamos ante el paraíso de los ladrones. Como es inimaginable que sea así, habrá que pensar que intervinieron otras circunstancias misteriosas.

Y claro, Izquierda Unida prestó su totalmente desinteresada colaboración al asunto:

“IU Villaverde había solicitado en numerosas ocasiones la reutilización de los terrenos como espacio público. A instancias del grupo, la Junta de Distrito ha iniciado un expediente urbanístico con motivo del desmantelamiento de las naves, pero el saqueo ha continuado. El grupo municipal de IU en el Ayuntamiento de Madrid elevará una pregunta al Área de Seguridad acerca de cómo es posible que la actividad ilegal continúe sin que se produzcan identificaciones o detenciones.

Cualquiera que conozca los antecedentes de lo ocurrido en los talleres de Tafesa sabe la trascendencia que tenían los restos del 11-M allí conservados, los únicos restos de un foco de explosión que todavía podían ser examinados y estudiados, los únicos restos de que disponían los peritos que realizaron el informe conjunto Policía- Guardia Civil de 24 de junio de 2005, los únicos restos que pudieron examinar y examinaron policías y guardias civiles en 2005, pero que ni siquiera fueron mencionados en ese informe pericial conjunto, en el que se ignoró la presencia de un cráter perfectamente visible en el suelo del foco de la explosión. Pues bien, puede observarse que la presencia de esos restos en el taller de Tafesa, esa desaparición de los mismos, no aparece en absoluto en ninguna de las dos noticias periodísticas, ni siquiera se insinúa. Y recordemos cómo en Nueva York, al aparecer años después del 11-S unos restos de avión hasta entonces desconocidos se apresuraron a recogerlos, investigarlos y conservarlos. Pero claro, aquello es otro mundo.

¿Es imaginable que en “20 minutos” y en “El País desconocieran esa relación del taller de Tafesa con el 11-M? ¿Fue filtrada la información a esos dos diarios con la consigna de que la dieran pero sin aludir en absoluto a su relación con el 11-M? ¿Les pidieron que fuesen con fotógrafos?

¿Era necesario llevar a cabo tal destrucción, tal expolio a plena luz del día, para tratar de convencer de que lo allí ocurrido no tenía nada que ver con el 11-M, que todo era obra de saqueadores, expresión en la que curiosamente coinciden ambas publicaciones?

¿Alguien está buscando a esos saqueadores para llevarlos ante la Justicia?

¿Alguien está tratando de recuperar el material saqueado?


Y es que, claro, si sólo hubiera desaparecido el cobertizo con los restos del 11-M el asunto habría sido muy sospechoso, habría sido muy difícil atribuirlo a esos saqueadores, pero así, perdido en una masiva destrucción de naves industriales es más fácil camuflarlo. Y todo ello con la muy desinteresada colaboración de “20 minutos”, El País e Izquierda Unida. ¡Casi nada!

Vuelve la calma a las instalaciones de Tafesa

Una vez conseguido el objetivo, una vez desaparecidos los restos del tren de Santa Eugenia dentro de una masiva destrucción del taller de Tafesa por parte de los saqueadores habituales, se puso por fin una vigilancia adecuada a la entrada de las instalaciones, y cesó toda actividad saqueadora. Los saqueadores no volvieron a aparecer por ahí. El 2 de noviembre todo estaba en calma, la entrada aparecía de nuevo cerrada, esta vez con una valla de reja metálica, tras ella, unos agentes de seguridad de Adif, con su vehículo, vigilaban el acceso.

Foto 62.- El 2 de noviembre ha cesado toda actividad destructora
Foto 62.- El 2 de noviembre ha cesado toda actividad destructora
Foto 63.- Así estaba el taller el 2 de noviembre
Foto 63.- Así estaba el taller el 2 de noviembre
Foto 64- Así estaba el taller el 2 de noviembre
Foto 64- Así estaba el taller el 2 de noviembre
Foto 65.- Cierre de la puerta de Tafesa el 2 de noviembre
Foto 65.- Cierre de la puerta de Tafesa el 2 de noviembre
Foto 66.- Vigilancia tras la entrada de Tafesa el 2 de noviembre
Foto 66.- Vigilancia tras la entrada de Tafesa el 2 de noviembre

Y así desapareció todo rastro del foco de explosión de Santa Eugenia. Ese foco que se conservó durante años con una cadena de custodia perfectamente conocida, según el Fiscal General del Estado; ese foco que fue visitado por dos veces por policías y guardias civiles mientras también policías y guardias civiles realizaban un informe judicial sobre los efectos de las explosiones de los trenes, sin que en el mencionado informe se dijera nada al respecto; ese foco cuya bomba fue situada por los peritos en la bandeja portaequipajes, ignorando la existencia de un cráter en el suelo; ese foco ocasionado por una bomba por cuya colocación está en prisión el único condenado como autor material del 11-M; ese foco investigado por la fiscalía tras su aparición pero sin examinarlo, sin comprobar su valor probatorio, limitándose a afirmar que nunca estuvo oculto.

Y que se sepa, aún no se ha dado la orden o el permiso de desprecintado del cobertizo. El cobertizo se precintó el 7 de marzo de 2012 y así ha permanecido hasta su destrucción. Ningún organismo oficial lo ha abierto para estudiar su contenido. Los únicos que entraron en su interior fueron visitantes furtivos nunca perseguidos por la violación de los precintos.

Adif legaliza la demolición de los talleres de Tafesa

El nuevo servicio de vigilancia puesto de manifiesto el 2 de noviembre resultó eficaz. Así, el 4 de diciembre el aspecto de las naves a medio demoler seguía siendo exactamente el mismo, como vemos en las comparaciones de las fotos 67 a 69, en las que a la izquierda vemos la imagen del 2 de noviembre de 2013 y a la derecha la del 4 de diciembre.

Foto 67.- Aspecto del taller el 2 de noviembre de 2013 (izquierda) y el 4 de diciembre (derecha)
Foto 67.- Aspecto del taller el 2 de noviembre de 2013 (izquierda) y el 4 de diciembre (derecha)
Foto 68.- Aspecto del taller el 2 de noviembre de 2013 (izquierda) y el 4 de diciembre (derecha)
Foto 68.- Aspecto del taller el 2 de noviembre de 2013 (izquierda) y el 4 de diciembre (derecha)
Foto 69.- Aspecto del taller el 2 de noviembre de 2013 (izquierda) y el 4 de diciembre (derecha)
Foto 69.- Aspecto del taller el 2 de noviembre de 2013 (izquierda) y el 4 de diciembre (derecha)

En cuanto a la entrada de las instalaciones, había algunas novedades: En el cierre de malla metálica se habían colocado carteles informativos de las restricciones impuestas en el interior. Al ya conocido cartel de “peligro de desprendimiento” que estuvo colocado el 7 de octubre y que provocó su inmediata desaparición junto con la de las propias puertas que lo soportaban, se han añadido todo un surtido de carteles de los más diversos peligros y obligaciones, que incluyen, por ejemplo, el peligro de ruido y el uso obligatorio de botas.

Foto 70.- Acceso al taller el 4 de diciembre de 2013
Foto 70.- Acceso al taller el 4 de diciembre de 2013
Foto 71.- Cartel en el acceso al taller el 4 de diciembre
Foto 71.- Cartel en el acceso al taller el 4 de diciembre
Foto 72.- Cartel en el acceso al taller el 4 de diciembre
Foto 72.- Cartel en el acceso al taller el 4 de diciembre

El primero de los carteles nos resulta familiar, pues ya hemos visto cómo el 7 de octubre de 2013 se pudo ver una pareja de carteles de “peligro de desprendimiento” colocados en las posteriormente desaparecidas puertas de acceso al taller, carteles que el 22 de octubre habían desaparecido junto con las propias puertas que lo sustentaban.

Y ahora vemos que el 4 de diciembre volvió a aparecer un cartel de “peligro de desprendimiento” en la reja que había sustituido a las desaparecidas puertas. Si cedemos a la tentación de comparar el cartel recién aparecido con uno de los que se podían ver el 7 de octubre, nos encontramos con algo realmente sorprendente, tal y como vemos en la foto 73.

Resulta evidente que se trata del mismo cartel. Se aprecian incluso en las esquinas del último las roturas producidas sin duda al arrancarlo de las anteriores ataduras.

O sea. O bien los delincuentes que asaltaron el taller en octubre llevándose sus puertas tuvieron después la amabilidad de devolver el cartel a Adif, o bien son los mismos que arrancaron el cartel los que lo volvieron a colocar, o los delincuentes lo dejaron por allí tirado y Adif lo conservó cuidadosamente, porque ya se sabía todo lo que iba a ocurrir después y que habría que volverlo a colocar (hay que aprovechar los recursos).

Y parece que lo más normal es que los ladrones que se llevaron las puertas lo hiciesen con los carteles puestos ¿no? ¿Por qué iban a entretenerse en quitarlos si también eran metálicos?

Foto 73.- El cartel del 7 de octubre (izquierda), arrancado en su día y retirado con las propias puertas, es el mismo que el vuelto a colocar antes del 4 de diciembre (derecha)
Foto 73.- El cartel del 7 de octubre (izquierda), arrancado en su día y retirado con las propias puertas, es el mismo que el vuelto a colocar antes del 4 de diciembre (derecha)

Y tras la puerta de entrada, hay otras novedades: Se pueden ver tres vehículos aparcados ante unas casetas prefabricadas antes inexistentes y carretillas con otros signos de que se lleva a cabo alguna actividad.

 

oto 74.- Interior del taller, junto a la entrada, el 4 de diciembre
oto 74.- Interior del taller, junto a la entrada, el 4 de diciembre
Foto 75.- Actividad en el taller el 4 de diciembre
Foto 75.- Actividad en el taller el 4 de diciembre

En los carteles adheridos a las casetas prefabricadas se pueden distinguir los nombres de dos empresas:

Algeco Construcciones Modulares

Se trata de una empresa especializada en el alquiler de módulos, es sin duda la que ha proporcionado las casetas que sirven de apoyo a los trabajos que se van a realizar en el antiguo taller de Tafesa.

Cespa

Empresa filial de Ferrovial, dedicada a la prestación de servicios medioambientales y a la gestión de residuos. Se trata probablemente de la empresa a la que Adif ha contratado, en su caso, la demolición de las naves y la retirada del material.

Una vez normalizada la situación, ¿alguien ha denunciado los destrozos producidos y el robo de material? ¿Se busca a los autores? ¿Están identificados?

Carlos Sánchez De Roda

Carlos Sánchez De Roda

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Manuel Artero Rueda

Manuel Artero Rueda ha dedicado toda su vida profesional a la televisión en la empresa pública RTVE donde, en los últimos veinte años, y después de haber trabajado como ayudante de producción y realización. ha realizado su oficio de periodista como reportero en el programa Informe Semanal, para el que ha realizado mas de trescientos reportajes. Licenciado por la Universidad Complutense, es autor del libro "El reportaje para televisión un guiño a la noticia" , un práctico temario con el que ha impartido clases tanto en el Instituto Oficial de RTVE como en el máster de periodismo de la Universidad Rey Juan Carlos. Desde el ERE inventado por Zapatero para TVE, dedica su esfuerzo y trabajo esta "La Paseata" un sencillo blog personal que con el paso de los últimos años, se ha convertido en una modesta revista electrónica en la que colaboran un grupo de amigos a los que une el amor a España.

0 comentarios sobre “De paseata con Carlos Sánchez de Roda por el 11-M nos muestra la historia de los restos del tren explotado en la estación de Santa Eugenia

  • el 11 enero 2014 a las 21:34
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    Algo me dijo desde el primer día que leí en “Peones Negros” a Lesconil, que había un gran hombre tras ese seudónimo. Esta trabajada crónica de unos restos que aún ofrecían datos los peritos, y por eso ‘desaparecieron’, me deja una amarga sensación, don Carlos. Pero sigo a caballo de la esperanza; esa esperanza como la de don Gabriel Moris.
    Un fuerte y agradecido abrazo desde La Coruña, amigo Lesconil.

    Respuesta
  • el 11 enero 2014 a las 21:35
    Permalink

    Algo me dijo desde el primer día que leí en “Peones Negros” a Lesconil, que había un gran hombre tras ese seudónimo. Esta trabajada crónica de unos restos que aún ofrecían datos a los peritos, y por eso ‘desaparecieron’, me deja una amarga sensación, don Carlos. Pero sigo a caballo de la esperanza; esa esperanza como la de don Gabriel Moris.
    Un fuerte y agradecido abrazo desde La Coruña, amigo Lesconil.

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