De qué se habla, que me opongo. Don Amando de Miguel para La Paseata

De que se trata que me opongo
De qué se trata que me opongo

Bastante ardua es la vida como para que nos la compliquemos más a través de las relaciones amicales, familiares o profesionales. Hay ciertos artificios para facilitar el tránsito. El más socorrido consiste en conversar de tal forma que se llegue fácilmente a un acuerdo, o por lo menos que se oculten las posibles disensiones. Para todo eso sirve muy bien hablar de deportes, singularmente el fútbol. Es un extraño deporte en el que no se puede ejercitar la mano, el símbolo de la inteligencia, pues los animales no tienen manos. Otro tema de conversación que viene muy bien es el tiempo atmosférico. Los partes meteorológicos casi nunca se ponen en el punto de vista de los labradores. Últimamente priva mucho hablar de comida. Como es sabido, ha subido mucho el prestigio de los cocineros. A partir de cierta edad procede referirse a las incidencias de la salud de uno o del prójimo. Hay una cierta coquetería de la enfermedad. Cuando empieza a perder interés la vida del sujeto, se sustituye por la de los hijos o los nietos. Para ello se ha inventado una ayuda impagable: las fotos a través del teléfono, estáticas o en movimiento. No digamos si esos sucesos familiares se refieren a los momentos de ocio o de las vacaciones, cada vez más generosos. Es un misterio saber por qué atrae tanto la foto de una persona soplando las velas de la tarta de cumpleaños. Siempre será un muchacho excelente.

Lo anterior queda muy claro para las relaciones habituales entre los humanos. Pero la cosa se pone más dificultosa para los comentaristas, los que por oficio tenemos que exponer nuestras opiniones sobre los sucesos públicos. Por definición, nos toca entrar en un terreno de eventuales conflictos. De ahí que nuestro trabajo sea tan poco agradecido por ese lado. Es más, en este género de los comentarios para el público lo que interesa es que el escritor o el orador emitan pareceres que entran en conflicto con lo establecido. El ideal es alejarse lo más posible del tono y el argumento de los entrenadores de fútbol en sus declaraciones cotidianas frente a los medios, el prototipo de oratoria aburrida. Lo peor es que el comentarista repita lo que es común, mostrenco, sabido. Por ejemplo, tiene poco interés que el opinador reitere que está a favor de la igualdad entre varones y mujeres. Parecería estúpido que se situara en contra. Pero sería muy interesante que nos dijera si se opone a lo que se estila en los países de mayoría musulmana sobre este particular. Lo más que se consigue es la condena de la “mutilación genital”, aunque rebanar el clítoris tenga poco que ver con la concepción de una criatura. Se trata del culto al eufemismo, uno muy extendido en nuestra sociedad secularizada.

En definitiva, el comentarista de éxito debe atreverse a cruzar la línea (roja, naturalmente) de lo políticamente correcto, esto es, del uso establecido. Es algo muy poco llevadero si el opinante pertenece de forma destacada a un partido o equivalente. En ese caso se limitará a decir lo que se espera de él (o de ella, claro), algo que nos acerca al tedio de las declaraciones de los entrenadores de fútbol o de los portavoces de lo que sea.

Un truco para saber si va a interesar de verdad un artículo de opinión: empiécese a leerlo por las frases finales. Ahí está la madre del cordero. Es la mejor forma de averiguar quién es el asesino. Las frases iniciales suelen ser solo de cortesía.

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Amando de Miguel

Amando de Miguel

Este que ves aquí, tan circunspecto, es Amando de Miguel, español, octogenario, sociólogo y escritor, aproximadamente en ese orden. He publicado más de un centenar de libros y miles de artículos. He dado cientos de conferencias. He profesado en varias universidades españolas y norteamericanas. He colaborado en todo tipo de medios de comunicación. Y me considero ideológicamente independiente, y así me va. Mis gustos: escribir y leer, música clásica, chocolate con churros. Mis rechazos: la ideología de género, los grafitis, los nacionalismos, la música como ruidos y gritos (hoy prevalente).

Un comentario sobre “De qué se habla, que me opongo. Don Amando de Miguel para La Paseata

  • Maria Belèn Lopez Delgado
    el 12 marzo 2018 a las 12:13
    Permalink

    Consejos sabios y gratificantes. Es la primera vez que veo que un autor sugiere esos trucos para comprobar si nos engancha o no su libro. Me ha hecho sonreir, y considero mucho la sugerencia, ya que me he pasado media vida peleándome por seguir el orden de lectura establecido.
    Como siempre, D. Amando, un placer leerle.

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