La pintura de los días por Demetrio Reigada: Edvard Munch, el arte que disecciona en el alma

Eduard Munch
Edvard Munch. Playa con casa roja

¡BUENOS DÍAS!

Hay gente convencida de que Edvard Munch tiene “sólo” una pintura que se titula “El grito” y que es archiconocida. Tremendo error.

Nacido el 12 de diciembre de 1863 y fallecido el 23 de enero de 1944, fue un pintor y grabador noruego de la corriente expresionista. Sus evocadoras obras sobre la angustia influyeron profundamente en el expresionismo alemán de comienzos del siglo XX.

Sus obras son como variaciones constantes sobre la gran sinfonía de la existencia humana en sus lados diurnos, pero aún más, como es congruente con la sensibilidad finisecular, en los nocturnos. El amor y el odio, el deseo y la angustia, las pasiones y las emociones, son elevados a arquetipos de la vida anímica del hombre moderno o, incluso, de la propia condición humana.

El pintor decía de sí mismo que, del mismo modo que Leonardo da Vinci había estudiado la anatomía humana y diseccionado cuerpos, él intentaba diseccionar almas. Por ello, los temas más frecuentes en su obra fueron los relacionados con los sentimientos y las tragedias humanas, como la soledad (Melancolía), la angustia (El Grito, tal vez su mejor obra), la muerte (Muerte de un bohemio) y el erotismo (Amantes, El beso). 

Se le considera precursor del expresionismo, por la fuerte expresividad de los rostros y las actitudes de sus figuras, además del mejor pintor noruego de todos los tiempos.

“El Grito”, realizado en 1893, es una de sus obras más importantes. La idea de esta obra va surgiendo despacio. En 1892 apunta: “Iba por la calle con dos amigos cuando el sol se puso. De repente, el cielo se tornó rojo sangre y percibí un estremecimiento de tristeza. Un dolor desgarrador en el pecho. Me detuve; me apoyé en la baranda, preso de una fatiga mortal. Lenguas de fuego como sangre cubrían el fiordo negro y azulado y la ciudad. Mis amigos siguieron andando y yo me quedé allí, temblando de miedo. Y oí que un grito interminable atravesaba la naturaleza”.

Munch es sin duda inquietante pero su arte entra en el alma, interrumpe los corazones, es un hombre en busca de sí mismo en cada uno de nosotros donde supone que hay una inquietud a veces un dolor sordo, a veces miedo y encarna lo que somos interiormente.

La inquietud de Munch se siente en todo, En el caso de nuestra obra de hoy, titulada “Playa con casa roja”, las piedras naturalmente estáticas se transforman en artículos vivos, la casa roja en el fondo, parece esconder un secreto que no quiere ser desvelado… quién sabe qué secreto esconde ese hogar aparentemente tranquilo.

Demetrio Reigada  Demetrio Reigada (1950-2014)

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Manuel Artero Rueda

Manuel Artero Rueda ha dedicado toda su vida profesional a la televisión en la empresa pública RTVE donde, en los últimos veinte años, y después de haber trabajado como ayudante de producción y realización. ha realizado su oficio de periodista como reportero en el programa Informe Semanal, para el que ha realizado mas de trescientos reportajes. Licenciado por la Universidad Complutense, es autor del libro "El reportaje para televisión un guiño a la noticia" , un práctico temario con el que ha impartido clases tanto en el Instituto Oficial de RTVE como en el máster de periodismo de la Universidad Rey Juan Carlos. Desde el ERE inventado por Zapatero para TVE, dedica su esfuerzo y trabajo esta "La Paseata" un sencillo blog personal que con el paso de los últimos años, se ha convertido en una modesta revista electrónica en la que colaboran un grupo de amigos a los que une el amor a España.

Un comentario sobre “La pintura de los días por Demetrio Reigada: Edvard Munch, el arte que disecciona en el alma

  • el 19 marzo 2018 a las 2:30
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    Enhorabuena estimado compañero Manuel por tu nuevo homenaje a Demetrio Reigada, esta vez con el atormentado autor expresionista de “El grito”, Edvard Munch, y que parece que nos dices entre líneas: todas las Universidades del mundo deberían tener una facultad de disección de almas (que no de mentes, que ya las tienen); cierto, don Manuel, pues al igual que el intelecto reside en el cerebro, la espiritualidad reside en el alma, espiritualidad que tanta falta nos hace, y recordar a Edvard Munch que, aunque parezca tener una mirada extremadamente negativa de la existencia, con esta “Playa con casa roja”, demuestra que su alma también era, aparte de atormentada, sumamente vital y alegre.

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