¿Alguien cree realmente que, a estas alturas, existe la privacidad?

El camino está marcado
¿Alguien cree realmente que, a estas alturas, existe la privacidad?

 

“Vendemos nuestra privacidad a cambio de sentirnos falsamente apreciados, a cambio de tener un abultado número de amigos”

 

 

 

 

Se habla en estos días de una importante red social, de cuyo nombre no quiero acordarme, que al parecer ha negociado con los datos privados de sus usuarios, lo que, por lo visto, es un escándalo. ¿En serio? ¿Privados? ¿Alguien cree realmente que, a estas alturas, existe la privacidad? O dicho de otra manera, ¿alguien cree que quien expone su vida en una red social, informándonos puntualmente de lo que come, a los lugares que va, las películas que ve y en algunos casos, hasta la regularidad con la que hace de vientre, le importa realmente su privacidad?

Vendemos nuestra privacidad a cambio de sentirnos falsamente apreciados, a cambio de tener un abultado número de “amigos”, a los que, en su inmensa mayoría, les importamos una mierda. A cambio de sentirnos populares, o quizás sencillamente, de no sentirnos solos.

¿Realmente nos importa nuestra privacidad? ¿O puede ser que en el fondo no sepamos lo que significa? O tal vez es un concepto en vías de extinción. Porque la definición de privado es; Que se ejecuta a vista de pocos, familiar y domésticamente, sin formalidad ni ceremonia alguna. Particular y personal de cada individuo. Entonces, en el momento en el que esos momentos de supuesta privacidad son fotografiados y publicados para que puedan verlo miles de personas, y tener constancia de lo felices que somos, ya dejan de ser privados.

Por lo tanto, en mi opinión, somos nosotros mismos los que destruimos nuestra privacidad. Ello, por supuesto, no justifica que una empresa pueda ceder nuestros datos a terceros, y si hay delito de por medio, habrá de ser investigado y actuar en consecuencia. Pero mi reflexión no va por ahí. A todos nos gusta tener amigos. Que se nos reconozca y se nos aprecie. Pero como suele decirse, no valoramos algo hasta que lo perdemos. Tal vez darnos cuenta de lo efímera y frágil que puede ser nuestra privacidad, nos enseñe a valorarla y protegerla. Porque, como dice una canción del gran Alberto Cortez, “ni poco ni demasiado, todo es cuestión de medida”. Se puede disfrutar de las incuestionables ventajas de las redes sociales, sin renunciar al placer de esa parte de nuestra vida, de la que somos propietarios exclusivos, y que se llama, privacidad.

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Jorge R. Rueda

Jorge R. Rueda

Nací al principio de mi vida, pero no me di cuenta de ello hasta que cumplí los treinta. Entonces descubrí que el mundo es un lugar hostil y que a través de la literatura tenía la oportunidad de rediseñarlo a mi manera, aunque no sirviera realmente para nada. De lector me convertí en escritor. Soy autor de cuatro libros; El don de olvidar y otras historias, La conciencia dormida, Diario de un presunto suicida y Gente corriente y ahora me estoy replanteando volver a ser lector, lo que se me da mucho mejor. Me encanta Nueva York, aunque vivo en Murcia por razones prácticas. Antes crecí y viví en Granada. Suscribo la frase de que uno no es de donde nace, sino de donde pace. Me gusta Mahler, el vino tinto, la cerveza y las bandas sonoras. Los cómics de Batman y la gente corriente. Vivo y dejo vivir.

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