La culpa de nuestra incultura radica en nosotros mismos: Preferimos titulares incendiarios y leer poca cosa más allá de 140 caracteres

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“En la Demarquía Griega, sin la incultura que sufrimos hoy, los miembros del gobierno eran elegidos por sorteo, -que no por votación-, durante 450 años, gracias a una máquina llamada Kleroterion”

 

Parafraseando al historiador más competente del siglo XX, Isaac Asimov (famoso por sus novelas de ciencia ficción, plagiado por la franquicia cinematográfica más rentable de todos los tiempos, “Star Wars”), existe un culto a la ignorancia y la incultura en los Estados. Desde el inicio de las civilizaciones “democráticas” (por ejemplo, durante el periodo tardío de la República Romana con su Senado y sus comicios), y hasta el día de hoy, siempre lo ha habido, con la honrosa excepción previa de la Demarquía Griega, cuyos miembros eran elegidos por sorteo, -que no por votación-, durante 450 años, gracias a una máquina llamada Kleroterion.

 

Kleroterion

Kleroterion

 

“Si quieres saber algo más sobre cómo en la antigua Grecia no podía haber corrupción, y que jamás existió el sistema de votación para la elección de sus representantes, leed atentamente el siguiente enlace”

 

 

Si quieres saber algo más sobre cómo en la antigua Grecia no podía haber corrupción, y que jamás existió el sistema de votación para la elección de sus representantes, leed atentamente el siguiente enlace, pero os advierto que son más de 140 caracteres, haz clic aquí.

La presión del anti-intelectualismo ha ido constantemente abriéndose paso a través de nuestra vida educativa, política y cultural, alimentado por la falsa noción de que la democracia significa que “mi ignorancia es igual de válida que tu conocimiento“.

Eso nunca será ni cierto ni verdadero. Pero gracias a esa absurda noción auto implantada mediante ingeniería social, te encuentras a cada paso un niñato que no tiene ni idea de, por ejemplo, lo que fue la II República, quien fue Maciá o Companys, como Largo Caballero apoyado por el Frente Popular dieron un golpe de Estado que propició la propia guerra civil o la propia historia del periodo franquista. “Niñatos y niñatas” que no ha leído absolutamente nada, y que, fruto de su adoctrinamiento y su ignorancia, nos dan lecciones magistrales de historia manejando 140 caracteres.

Yo, no es que  pretenda ser un “intelectual”. Ni he leído la cuarta parte de los libros que Arturo Pérez Reverte, ni he viajado la cuarta parte que lo haya hecho él. Y ni cómo ni él mismo se considera “intelectual”, yo tampoco lo hago. Pero sí que me tomo en la siguiente reflexión, tomar algunas de sus palabras.

En nuestra época de las Redes Sociales, «se mezcla la calidad con la porquería. Y lo que dice Vargas Llosa y lo que dice un analfabeto demagogo, comparecen a la vez y con el mismo valor» en las tablas de la ley sagrada del dios Twitter. Pero como no hay cultura, no hay formación y no hay preparación intelectual, «el receptor le da el mismo valor a un tuit de Rufián que a un enunciado de Thomas Mann. «El problema real de nuestra corrompida sociedad, es la falta de cultura. Y hablo de cultura, no en plan elitista, sino como un conocimiento básico del mundo que permita discernir y distinguir». Hoy por hoy, cualquier rufián llamado Gabriel Rufián puede autoproclamarse “intelectual” con cuatro tuits ingeniosos e infames, o simplemente, demagógicos.

 

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 «La gente brillante, la “élite intelectual”, es necesaria. ¿Qué eran Churchill, Adenauer, Einstein, Stefan Zweig, Thomas Mann, Caravaggio, Miguel Ángel, Plutarco…? Eran élites, naturalmente.»

 

Y es que hay que diferenciar entre “Castas” y “Élites”. No voy a explicar lo que es la casta, porque hasta está definido en la dudosa Wikipedia. Pero sí que quiero comentar lo que son las élites y la imperiosa necesidad de tenerlas.

Lo que está mal visto «es la palabra élite. Las élites resultan sospechosas para cualquier ignorante. Todo el sistema educativo está confeccionado para aplastar la inteligencia» -en cuanto aparece-, «para que no haya ningún niño que destaque sobre el resto. Se iguala en la mediocridad. Pero la élite es buena porque señala caminos y objetivos a la sociedad», no porque pertenezcan a grupos sociales “selectos”, cosa que no es cierta. Gran parte de las “élites intelectuales”, vienen de familias humildes o no tienen pedigrí en su árbol genealógico.

«La gente brillante, la “élite intelectual”, es necesaria. ¿Qué eran Churchill, Adenauer, Einstein, Stefan Zweig, Thomas Mann, Caravaggio, Miguel Ángel, Plutarco…? Eran élites, naturalmente.»

«En España, como todo lo negativo lo abordamos con entusiasmo, estamos exterminando a las élites» por el mero hecho de que nos han implantado que las élites son malas desde las 27.790 factorías de idiotas funcionales que componen el total de centros docentes, de los cuales 18.855 son públicos. Y en estas cadenas de montajes, no solo se adoctrina políticamente: también se adoctrina para que creamos que la democracia significa que “mi ignorancia es igual de válida que tu conocimiento“.

Sería casi imposible adoptar hoy por hoy el sistema de elección demarquico griego (que no funcionaba mediante sorteo, no por votos). Pero podemos acercarnos mediante lo que hoy en día, sí existe: la democracia Directa. Y si quiere saber cómo se podría aplicar hoy en día la Democracia Directa, busca en Google “Democracia directa digital”. Pero os advierto de nuevo, que son más de 140 caracteres.

¿De verdad que hay algún indicio de la aplicación del 155 o es nuestra incultura que nos lo hace ver?

 

 

A todos los votantes de centro-derecha, a los que votan a Rajoy “porque sí”, les pido de una vez se paren a reflexionar por cuenta, sin pensar en titulares cortos e incendiarios seguidos de noticias escandalosas. Les pido que piensen que os pidieron paciencia, que se aplicaría en su momento las “medidas oportuna para acabar con el independentismo”. “La prudencia de Rajoy, es porque es muy inteligente por su parte”, decíais los que lo vais a volver a votar. Y por fin, se aplicó el artículo 155. Y vosotros dijisteis, “¿Lo veis?”

Pero yo os pregunto a los Marianistas, ¿De verdad que hay algún indicio de la aplicación del 155? ¿La hay? Porque, si después de los acontecimientos de los últimos días, tanto políticos como judiciales, si lo seguís viendo (la inexistente aplicación del artículo 155), es que yo no vivo en este planeta y 140 caracteres de la incultura, han vencido a 6.000 años de civilización, cultura, arte y pensamiento filosófico.

 

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Jose Ignacio Diaz Tejedo

Jose Ignacio Diaz Tejedo

No viajé a las estrellas como soñaba de adolescente, pero he dado la vuelta a medio mundo alentado por una pasión inagotable por el conocimiento de mis semejantes. He leído unos 9.000 libros, pero cuanto más aprendo, más preguntas me planteo. He vivido mi propia tragedia y convivo con ella como una compañera leal: siempre me enseña algo. Creo que los únicos errores son aquellos de los cuales no se aprende. Soy curioso y renacentista por naturaleza, por tanto, aprendiz de todo y maestro de nada. Mi educación académica no me ha servido para dar soluciones a los problemas reales y solo me queda alzar mi voz publicando lo que mi cabeza y mi corazón me dictan. Pero jamás tendré oficio, porque hacen falta muchos años de trabajo para ser un contador de historias. Así que, no esperéis mucho de mi.

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