(2) Y después de Cataluña, el engaño sigue con Navarra: Sancho III, el emperador de España

Sancho Garcés III apodado el Mayor o el Grande
Sancho Garcés III apodado el Mayor o el Grande

“Sancho III accedió al trono del Reino de Pamplona en 1004, luego denominado Reino de Navarra un siglo más tarde bajo el reinado de Sancho VI el Sabio”

 

 

Siguiendo con nuestro Sancho Garcés III apodado el Mayor o el Grande, fue rey de Pamplona desde el año 1004 hasta su muerte, y conde de Sobrarbe y Ribagorza desde 1018. Dominó por matrimonio en Castilla, Álava y Monzón (1028–1035), que aumentó con el Condado de Cea (1030–1035). Su intervención en el corazón del reino del León en 1034/1035 ha sido objeto de interpretaciones opuestas, desde una guerra relámpago a una colaboración más o menos voluntaria con Bermudo III ya que la documentación no menciona luchas entre leoneses y navarros. Designado como Rex Ibericus por el Abad Oliva y Sancio rege Navarriae Hispaniarum por el monje francés Rodolfus Glaber, en 1034, tras la toma de León, se hizo proclamar Imperator totius Hispaniae, tal como aparece en una moneda con la inscripción «Imperator» acuñada en Nájera y atribuida a este monarca. 

 

Sancho III accedió al trono del Reino de Pamplona en 1004, luego denominado Reino de Navarra un siglo más tarde bajo el reinado de Sancho VI el Sabio, al morir su padre, García Sánchez II, el Temblón (994-1004).  

 

Tenía entre doce y catorce años y heredaba un reino sometido al califato de Córdoba desde los dos reinados anteriores. Su abuelo, Sancho Abarca (970-994) entregó una de sus hijas a Almanzor para que las incursiones del caudillo musulmán no penetrasen en su territorio. Sin embargo, Almanzor tomó Pamplona en la primavera de 998; sus tropas también asolaron ciudades tan distantes como Santiago de Compostela y Barcelona. Las crónicas relatan que Almanzor se llevó las campanas de Santiago acarreadas por cristianos reducidos a la esclavitud cargadas en sus hombros hasta Córdoba, en cuya Aljama fueron utilizadas como grandes lámparas, y que hicieron el camino de regreso dos siglos y medio más tarde, por prisioneros musulmanes cuando Fernando III el Santo en 1236 las recuperó para la cristiandad.  

 

Sancho III Garcés el Mayor 

Rey de Pamplona (1005-1035) 

Casó con Doña Munia (Muniadonna o Mayor) 

Hija de Sancho García (995-1017) y Urraca Salvadórez, Condes de Castilla 

Predecesor:
García Sánchez II el Trémulo (994-1005) Rey de Pamplona 
Rey de Pamplona
1005 – 1035 
Sucesor:
García Sánchez III 
Predecesor:
García Sánchez II el Trémulo (994-1005) Conde de Aragón  
Conde de Aragón
1004 – 1035 
Sucesor:
Ramiro I, primer rey de Aragón (1035-1063) 
Predecesor:
¿? 
Conde de Sobrarbe
1018 – 1035 
Sucesor:
Gonzalo I 
Predecesor:
Guillermo de Ribagorza 
Conde de Ribagorza
(Junto a Muniadona)
1017 – 1035 
Sucesor:
Gonzalo I 
Predecesor:
García Sánchez  (1017-1029) 
Conde de Castilla
(Junto a Muniadona y Fernando Sánchez)
1029 – 1035 

Sucesor: 

Fernando I, primer rey de Castilla (1035-1065)
(Fernando Sánchez) 

 

 las campanas constituían uno de los botines más preciosos para los musulmanes
las campanas constituían uno de los botines más preciosos para los musulmanes

 

Esta práctica fue común, ya que las campanas constituían uno de los botines más preciosos para los musulmanes, ante su carácter simbólico. Todavía hoy podemos ver algunos ejemplos en el Magreb, caso de la Mezquita al-Qarawiyyin de Fez en donde observamos cómo estos objetos cristianos están cuajados de pequeñas ampollas de cristal, donde se disponía el aceite y la mecha. 

En esta situación de peligro para los defensores de España, Sancho III tiene el mérito de ser, tal como recuerda el señor Arrieta “el primer rey cristiano que frente al Califato de Córdoba aglutinó en torno a su persona a todos los reinos y condados existentes hasta convertirse en el rey cristiano más poderoso de la Península y centro político de la España medieval”. 

 

“En 1033 se trasladó a León para tomar posesión del reino y al vincular de esta manera a todos los reinos y condados cristianos con su persona se tituló Emperador de España y en condición de tal acuñó moneda en Nájera”

Sancho el Mayor contrajo matrimonio con la hermana mayor del conde de Castilla García Sánchez, de nombre Munia, bisnieta de Fernán González, el fundador de la Castilla independiente. Cuando en 1029 fue asesinado su cuñado, Sancho se convirtió a través de su esposa en jefe de la familia condal castellana y se anexionó el condado. A lo largo de su reinado, sus dominios alcanzaban Navarra, Aragón, Sobrarbe y Ribagorza, Castilla, Álava, Vizcaya, León y Astorga. Los condados de Barcelona y de Gascuña le rindieron vasallaje, el primero para defenderse de los reyes moros de Tortosa y Zaragoza y el segundo por relaciones de parentesco. El rey logró que su soberanía fuese reconocida al otro lado de los Pirineos, por lo que en 1032 se tituló conde de Gascuña.  En 1033 se trasladó a León para tomar posesión del reino y al vincular de esta manera a todos los reinos y condados cristianos con su persona se tituló Emperador de España y en condición de tal acuñó moneda en Nájera tal como se ha dicho. Aunque su reinado podía haber acortado en varios siglos la Reconquista, su muerte, ocurrida en 1035, en su viaje de regreso a Pamplona, según se cree en La Bureba, cambió el destino al fragmentar sus dominios entre sus hijos como era costumbre. 

 

A su hijo primogénito García Sanchéz tenido con Muniadona Sánchez de Castilla le dejó el reino de Pamplona, con Nájera, Vizcaya, Álava, Guipúzcoa y la parte de Castilla comprendida entre el Ebro y el mar Cantábrico. A Fernando, primer rey de Castilla, le correspondió la otra parte de Castilla, que abarcaba la llanura hasta el Duero, con Burgos, y aunque obtuvo el título de rey era vasallo de su hermano mayor. Ramiro, su hijo bastardo Ramiro tenido con Sancha de Aybar recibió Aragón y Gonzalo tenido con la reina Muniadona  recibe los condados de Sobrarbe y Ribagorza que gobernó de 1035 a 1045. Los nuevos reinos en seguida comenzaron su expansión y acabaron sustituyendo como motores de la Reconquista a León y Navarra. Así que este supuesto rey de Euzkadi, Sancho el Mayor, fue un precursor de la recuperación de la unidad de España, rota por los musulmanes al invadir el reino visigodo en el 711. Sus restos, junto con los de su esposa, están enterrados en el monasterio de San Salvador de Oña en Burgos. 

 

San Salvador de Oña en Burgos
Sus restos, junto con los de su esposa, están enterrados en el monasterio de San Salvador de Oña en Burgos

“Se le llamó “el primer rey de España” y se intituló a si mismo como emperador por ser el creador del “Imperio hispano” que llegó hasta el otro lado del Pirineo en Aquitania”

Por los motivos citados se le llamó “el primer rey de España” y se intituló a si mismo como emperador por ser el creador del “Imperio hispano” que llegó hasta el otro lado del Pirineo en Aquitania, dando dinastías a León, Castilla, Aragón y Francia.  

 

Las provincias vascongadas así como La Rioja y Castilla dependieron pocos años de los reyes de Navarra, y sus habitantes nunca se consideraron vinculados a ellos, pues los consideraban como invasores, separándose en 1076 con la muerte de Sancho el de Peñalén. La relación de las provincias vascongadas con Navarra fue la misma que mantuvieron con los reyes de Asturias y Castilla según su conveniencia o el poder de los reyes. Recordemos que Vizcaya se unió definitivamente a Castilla en 1150, Álava quedó para Navarra en virtud de un tratado de paz suscrito en 1179 entre Alfonso VIII de Castilla (incorporándose a Castilla en 1332, y Ayala y las Encartaciones en 1334) y Sancho el Sabio de Navarra y Guipúzcoa fue canjeada por Logroño al rey castellano. 

 

En 1200 durante la guerra entre Sancho el Fuerte de Navarra y Alfonso VIII de Castilla, castellanos y vizcaínos invadieron Álava y sitiaron Vitoria mientras el navarro estaba por tierra de moros. Los vizcaínos viendo el apuro de los alaveses, y en lugar de acudir en auxilio de Vitoria, pidieron a su rey castellano se posesionase del territorio y así se hizo pacíficamente, sin que los navarros pudieran impedirlo. Desde entonces la efigie de Alfonso VIII apareció en el escudo de Guipúzcoa. Vizcaya y Guipúzcoa se unieron a su hija Castilla voluntariamente, la primera en 1150 y la segunda en 1200, “para siempre”, pues todo su afán era no depender de un monarca navarro. Únicamente Vitoria resistió por la guarnición navarra. 

El Señorío de Vizcaya fue heredado por sus descendientes hasta que en 1370 recayó por herencia materna en el Infante don Juan de Castilla, que heredó dicho reino de su padre como Juan I, permaneciendo desde entonces en señorío ligado a la Corona, primero a la de Castilla y luego, desde Carlos I, a la de España. 

 

Solo la cerrazón puede hablar de “acto criminal” en la adhesión de Vizcaya, Álava y Guipúzcoa a Castilla pues no hubo más acto de fuerza que la conquista de Vitoria con el auxilio de los vizcaínos. Guipúzcoa que no había sido atacada se ofreció voluntariamente para separarse de Navarra. Una vez unificadas Álava y Vizcaya, secundaron las empresas castellanas, sembrándolas de éxitos, Guipúzcoa continuó como acérrima enemiga de Navarra, teniendo que intervenir personalmente los propios monarcas de Navarra y Castilla para reprimir los excesos. Navarra continuó como madre de los reinos hispánicos dando grandes reyes de calidad humana y política hasta que el 19 de julio de 1512 el Duque de Alba por orden de Fernando el Católico que reclamaba sus derechos histórico-familiares, con sus tropas en cuya vanguardia iban los voluntarios alaveses y vizcaínos, entra por Salvatierra, momento en el que los alaveses solicitaron el honor de conquistar Estella, a lo que accedió Fernando el Católico. 

 

El Duque de Alba
El Duque de Alba

“El Reino de Navarra en su unión con el resto de España tuvo un trato de acto entre iguales manteniendo ambos reinos por separado sus fueros, leyes, reglamentos, usos, costumbres, franquezas y libertades”

En estos hechos los 3000 voluntarios guipuzcoanos tomaron al Rey de Navarra doce cañones que como trofeo ofrecieron al Duque de Alba y pidieron se colocaran en su escudo, como así se hizo, hasta que ahora en la reescritura de la historia han sido retirados de la simbología heráldica. Jamás nadie ha visto que tras cinco siglos y medio esos doce cañones hayan molestado a nadie. Cuando escribo esto recuerdo una frase que oí hace poco: !Que nos devuelvan nuestra independencia!, algo que como vemos no hubo jamás, una unidad política vasca, pues las tres provincias tuvieron una actuación propia independiente, con sus fueros y leyes distintas. Y digo las tres provincias pues el Reino de Navarra en su unión con el resto de España tuvo un trato de acto entre iguales manteniendo ambos reinos por separado sus fueros, leyes, reglamentos, usos, costumbres, franquezas y libertades. El Rey de Castilla, el titular de la monarquía española, sería el Rey de Navarra quedando en toda su extensión y funcionamiento, tanto las Cortes como la Diputación del Reino y los tribunales propios hasta el Convenio de Vergara en que participaron los batallones carlistas de Vizcaya y Guipúzcoa, sin la asistencia de un solo navarro o alavés, para pasar a transformarse de reino en provincia foral. Históricamente jamás Navarra ha tenido que ver políticamente con las tres provincias vascas por lo que parece como si buscaran una provincia agrícola que les dé cierta autosuficiencia agroalimentaria ante la virtual independencia de ese reino soñado, ese Brigadoon, fruto de un delirium tremens, que se despierta y luego se desvanece entre la bruma.  

 

En cuanto al idioma no conozco ningún texto legal histórico navarro escrito en vascuence pues primero se escribió en latín y luego en Romance. Hasta el fuero está escrito “in idyomate Navarre Terre”, el lenguaje que ahora se impone nada tiene que ver con la antigua lengua de los valles pirenaicos y menos en la Ribera donde se habló hace más de mil años. Sobre la paranoia en la reinvención de la lengua vasca es para escribir una tesis, sólo hay que leer los trabajos de Jon Juaristi sobre el tema. Es lógico pues, que de la primitiva lengua ibérica al unirse a la de várdulos, caristios y autrigones, surgieran diferentes dialectos vascos muy distintos unos de otros.  Hay un sustrato común entre vascos y navarros pero sería como meter en el mismo saco a los germanos alemanes, suizos, austriacos o italianos del norte. 

El Canto de Mio Cid
Históricamente jamás Navarra ha tenido que ver políticamente con las tres provincias vascas

 

LAS PROVINCIAS VASCAS Y LA CORONA 

Ya hablamos de la unión a la monarquía asturiana, momento al que siguió el momento condal castellano en el que Fernán González (920-970) hijo de Gonzalo Fernández y Munnia Donna es Conde de Castilla y de Álava, al que sucede García Fernández El de las Manos Blancas (970-995) cuya madre fue Sancha de Navarra, y al que los cronistas árabes llamaban Ben Jaldun, “García, Ben Ferrando, señor de Castilla y de Álava“, que de su matrimonio con Aba de Ribagorza tuvo a Sancho García (995-1017) El de los Buenos Fueros. Finalmente su hija Elvira o Mayor al unirse en matrimonio a Sancho el Mayor de Navarra, crea un nuevo imperio, del que nace su hijo Fernando I el Magno (1035-1065) de Castilla que en 1037 se convertiría en Rey de León, tras derrotar con su hermano García IV de Navarra a Bermudo III en Tamarón introduciéndose nuevamente la corriente vascona en León. 

  

Como se ha dicho con el sucesor de Sancho el Mayor, García IV el de Nájera, Álava y Castilla Vétula seguían en Navarra, pero su nieto Sancho II, Rey de Castilla y León, y el Cid recuperaron para Castilla las fronteras orientales del reino. Al estallar la “Guerra de los Tres Sanchos”, con la alevosa muerte de Sancho II por Vellido Dolfos y la del rey de Navarra Sancho IV el de Peñalén, a manos de su hermano Ramón, Alfonso VI recupera Castilla la Vieja y la Rioja, tras lo que el Conde de Álava Diego Alvarez como Señor de Oca y de la Rioja juró a Alfonso VI “amor y honor”, retornando también a Castilla Iñigo López, Señor de Vizcaya y Lope Iñiguez, Conde de Guipúzcoa. Más tarde reinando Alfonso VII de Castilla y León (1126-1157) que casó con Berenguela, hija de Ramón Berenguer III de Barcelona, penetra en Burgos Sancho VI de Navarra, nieto de Cristina hija del Cid, que casaría con la hija de Alfonso VII, tras ser recibido por los monjes en Cardeña llevando procesionalmente el pendón del Campeador, se retiró el navarro haciéndose vasallo de Alfonso VII. 

 

Coronación de Alfonso VII
Coronación de Alfonso VII

“No sé como toda esta realidad podría hoy ser ignorada o reescrita. Fueron tierras tan castellanas desde los albores que las “hordenanças de la Hermandad de las Villas de Castilla formada en 1295,  fueron encontradas precisamente en Guernica”

En 1175 van pasando a Castilla tierras de Navarra, hasta que el 11 de octubre de 1200, Alfonso VII consta como rey de Castilla Vieja, Álava, Campezu, Marañón, Guipúzcoa y San Sebastián, señalando Garibay que 1200 es el retorno deseado de Guipúzcoa a la Corona de Castilla, que tuvo en cuenta Isabel la Católica a petición guipuzcoana al mencionarse en los diplomas a los Reyes Católicos como Reyes de Guipúzcoa. Por otra parte Vizcaya, fue leal siempre a Castilla, sus señores nacieron muchos en Burgos, enterrándose allí y en Nájera. El Cuarto Señor de Vizcaya, Lope Iñiguez sirvió a García Fernández de Castilla (1011). El sexto señor, Iñigo López Ezquerra, ejerció muy importantes cargos en Castilla (1078). El séptimo señor, Lope Iñiguez, señor también de Álava y Guipúzcoa, sirvió a Alfonso VI (1092). El noveno Señor, Diego López de Haro, proclamó a Alfonso VIII y fue un guerrero destacado con sus hombres en las Navas de Tolosa (1212), el décimo segundo señor (1254) Diego López de Haro III, auxilió definitivamente a San Fernando en la conquista de Sevilla, en la que el Almirante de Castilla, Bonifaz penetró por el Guadalquivir, destruyendo los puentes y derrotando a la escuadra árabe de Andalucía, Ceuta y Tánger, al mando de burgaleses, santanderinos y vascongados. 

 

Con Enrique II el título del señorío recae en doña Juana Manuel, reina de Castilla del que dice: “Mi condado de Vizcaya es una de las más nobles provincias de mi reino”. En la Crónica de Alfonso XI se relata como en la batalla del Salado lucharon con este rey gentes de “las montañas de Vizcaya, et de Guipúzcoa et de Álava“. El mismo rey completa su soberanía sobre Álava, recibiendo la adhesión de los infanzones de la Cofradía de Arriaga.  Cuando Enrique IV por estar apurado quiso enajenar Valmaseda, la villa más antigua de Vizcaya, los moradores la retrajeron para la Corona. Luego en la batalla de Burgos o de Toro que libró el Rey Fernando el Católico, fue rescatado por un grupo de bravos vascongados al grito de “Daca Rey”. 

 

Agradecida Isabel la Católica por las muestras de fidelidad de los bilbaínos, dice al firmar los fueros en 1483: Yo como princesa, reina y señora de dicha villa de Bilbao, fago pleito e homenage, una, dos y tres veces, según es costumbre en España, que non daré ni enajenaré, agora ni en ningún tiempo, que sea, la dicha villa de Bilbao”, palabras de la Madre de la Unidad Española. Ya antes del juramento de los fueros de Vizcaya, en Guernica, por los Reyes Católicos, se había creado la Hermandad de la Marina, el almirantazgo de las Naves y el Consulado del Mar, con capital en Burgos. Tal fue el agradecimiento de los Reyes Católicos y de sus sucesores que la simple acreditación de vizcainía original así como de ciertos valles navarros, como el de Roncal, les confería nobleza personal o hidalguía, algo que hoy puede parecer poco, pero que suponía el librarse de impuestos y sabiendo leer y escribir acceder directamente a la administración, nótese en centenares de documentos del Estado a partir de los Reyes Católicos, en que los escribanos son vascos o navarros, algo que hubieran querido para sí muchos extremeños, castellanos o andaluces, por eso encontramos de tan antiguo esos apellidos vascos por toda nuestra geografía española, a donde llegaron como fieles servidores en la milicia o de la administración. 

 

No sé como toda esta realidad podría hoy ser ignorada o reescrita. Fueron tierras tan castellanas desde los albores que las “hordenanças de la Hermandad de las Villas de Castilla formada en 1295, ordenanzas que fueron encontradas precisamente en Guernica, posteriormente y copiada de esta se instituyó en Valladolid la Hermandad de León y Galicia que se estableció en León. Esta Hermandad de Castilla se puso de manifiesto en las batallas contra los ingleses Támesis arriba, en 1442 en Guernesey, y en 1450 en Winchelsea, en las que la escuadra de Alfonso XI armada en los puertos cántabros y vascos impuso sus derechos en la mar. En el siglo XVI, este pueblo plagado de soldados, marinos y misioneros hizo grande a Castilla y a España como hombres libres y señores de ella, constituyendo la Armada y el Ejército de la Corona de Castilla. Se puede afirmar que los Reyes de Castilla “siempre han sido señores de dichas provincias” y como afirmó Fray Prudencio de Sandoval “que los vascos son los titulares del Señorío de España quien compuso además la continuación de la Crónica general de España conocida como Historia de los cinco reyes. La sangre de esos hombres fue germinando sobre la península, y así surgieron burgaleses como Juan de Garay o el jurista de América Francisco de Vitoria que actuaron hermanados con el resto de los pobladores peninsulares en el mismo proyecto de España. 

Juan Sebastián Elcano (retratado por Zuloaga)
Juan Sebastián Elcano (retratado por Zuloaga)

“Debemos mencionar con orgullo a un español desconocido que no aparece en ningún texto anglosajón, me refiero a Juan Sebastián de Elcano”

Debemos mencionar con orgullo a un español desconocido que no aparece en ningún texto anglosajón, me refiero a Juan Sebastián de Elcano, con sus 1124 días de navegación, 38.000 millas, jinete de la espuma sobre el mar azul, sobre el lomo de un inestable frágil cascarón, autor de la primera circunnavegación alrededor del globo y al que el Emperador Carlos I de España y V de Alemania le dio su escudo de armas en el que aparece el globo terráqueo con el lema Primus Circumdediste Me”, para más tarde el 4 de agosto de 1526 morir en las aguas del Pacífico que ya había surcado envuelto en los brazos del mar que le permitió avanzar sobre él. El Almirante de la Mar Oceana Antonio de Oquendo nacido en 1577 en la Bella Easo, que desarboló tantísimas naves inglesas y holandesas en Europa y Brasil. 

 

Blas de Lezo, nacido en 1687 en Pasajes, que alcanzó el grado de Teniente General de la Armada, siendo el azote de ingleses en Vélez Málaga, Nueva Granada y Cartagena de Indias. De Blas de Lezo no podemos decir que muriera con las botas puestas, pues lo hizo “con la bota puesta” dado que la otra le fue arrancada de cuajo por una bala de cañón. A este héroe español dediqué mi último libro que le recomiendo y que va por la cuarta edición por su pudiera interesarle, Blas de Lezo y la defensa heroica de Cartagena de Indias. Cosme Damián de Churruca, nacido en 1791 en Motrico, que tomó las armas después de dejar el seminario, y que llenó de gloria la defensa en Trafalgar. 

 

Interminable sería la constelación de marinos y exploradores, el bilbaíno Martínez de Recalde amigo de Menéndez de Avilés que aportó veinte naves a la Invencible, Juan de Garay, vizcaíno, fundador de Santa Fé y Buenos Aires en Argentina; Francisco de Garay, de Arciniega, explorador del río Pánuco, entre el río Mississippi y El Colorado; Francisco de Orozco  que fundó Segura de la Frontera y luego Antequera (Oaxaca), Diego Ortiz de Zárate, de Orduña, quien llevaría a Río de la Plata 4.000 cabezas de ganado, Cristóbal de Oñate (padre del fundador de Nuevo México Juan de Oñate) y  Diego de Ibarra cofundadores con otros dos españoles de la ciudad de Zacatecas; Francisco de Ybarra, guipuzcoano de Eibar, fundador de Durango, Llerna, Nombre de Dios, San Juan de Sinaloa, San Sebastián; Bruno Mauricio de Zavala, durangués, fundador de Montevideo, Martín Ruíz de Gamboa y de Bérriz, natural de Aramayona en Álava, fundador de Castro de Nueva Galicia y gobernador del reino de Chile, García de Mendoza, alavés, fundador de La Concepción, en Chile; Gil de Avalos, navarro, fundador de Cuenca en Ecuador; Andrés López de Galarza, navarro, fundador de Ibague en Colombia; Juan Salinas Loyola, guipuzcoano, fundador de Loyola en Perú; Francisco Ozpiña u Ospina, alavés fundador de Nuestra Señora de los Remedios en Colombia; Pedro de Ursua, del valle de Baztán, fundador de Pamplona en Colombia; Martín Hurtado de Arbieto, de Orduña, fundador de San Francisco de la Victoria en Perú; el guipuzcoano Miguel López de Legazpi, fundador de Manila, Francisco de Aguirre de Meneses, originario guipuzcoano nacido en la ciudad toledana cuyo nombre dio a Santa María de Talavera en Chile, también fundo la ciudad chilena de La Serena; Domingo de Irala, nacido en Vergara, que establece la Ciudad  y Puerto de Los Reyes sobre las costas de la laguna La Gaiba en el Chaco a orillas del río Paraguay  y de la Laguna de Jarayes, teniente gobernador del Plata al mando de sus “noventa castellanos” fundador de Asunción con Juan de Salazar nacido en Orduña, Lorenzo de Aldama, alavés, fundador de Cali, Luis de Lendecho que fundó Trinidad en Florida, Fernán López de Ayala; Domingo de Boenechea y sus viajes por el Pacífico desde Perú; Bruno de Hezeta explorador de la costa noroeste del Pacífico; Don Pedro de Mendoza, alavés, colonizador del río de La Plata; José Goicoechea, colonizador de La Patagonia e islas Malvinas.; José Arratia colonizador y explorador de la ensenada de Barragán en Argentina; Pedro Miguel de Argandoña, nacido ya en América y colonizador de Tucumán en Argentina, y de entre los exploradores del mundo, al primero, citado más arriba  Juan Sebastián de Elcano, natural de Guetaria, que por primera vez en la nao “Victoria” rodeó el orbe, regresó de su alucinante experiencia a Sanlúcar de Barrameda el 6 de septiembre de 1522. 

 

Entre los misioneros podríamos llenar páginas citaremos únicamente a fray Juan de Zumárraga, franciscano y primer obispo de México, fray Andrés de Urdaneta, agustino, y descubridor del tornaviaje desde Filipinas a México, colonizador de las Filipinas, las Marianas y Palaos con Legazpi; Domingo de Zamácola, vizcaíno, evangelizador en Río de la Plata. Y tanto otros que he de dejar en el tintero y cuya memoria es reclamada de una forma egoísta y aldeana por terruños ignorantes de que estos hombres fueron servidores de la Corona y de España, cuando su legado es lo que es porque se imbrica con el de tantos surgidos de las cuatro esquina de nuestra piel de toro. Qué ocurrirá en el negro futuro que se depara… ¿dejarán de ser españoles estos hombres para engrosar el imaginario nacionalista desvistiendo España de su patrimonio?. 

 

 

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José Crespo

José Crespo

José Crespo. Si Vis Pacem Para Bellum, enamorado de Aranjuez la ciudad donde vivo, Soldado en la reserva, colaborador en radio y publicaciones electrónicas, autor de trabajos históricos dedicados al Servicio Militar y Valores, y a personajes en concreto como Juan de Oñate, Blas de Lezo o Pedro Menéndez de Avilés y en general a Españoles Olvidados en Norteamérica. Rechazo la denominación de experto, prefiero las de "enamorado de" o "apasionado por".

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