España, y sin saberlo, está atrapada por el placer lúdico, por Amando de Miguel, para La Paseata

España ludópata sin saberlo
España ludópata y sin saberlo atrapada por el placer lúdico

“Los triunfos de un equipo de fútbol (y del míster correspondiente) son los de muchos miles o incluso millones de personas que siguen” al club correspondiente”

Uno de los sentimientos más universales e intensivos es el placer lúdico que se deriva del juego. Sobre el particular la sociedad española alcanza un grado obsesivo y hasta patológico. No me refiero solo a las loterías (que aquí son diarias y algunas de ellas las organiza el Estado). Tampoco es suficiente la ilustración de los casinos, bingos y apuestas deportivas. Me salto incluso la afición a los juegos de mesa. Hay todavía muchas formas sutiles en las que asoma el placer lúdico.

La esencia del juego es la gran satisfacción que obtiene el ganador o simplemente el que juega porque piensa que igual puede ganar. De forma más sutil, los jugadores gozan con la idea de que muchos otros van a perder. Esto último no se suele reconocer, por cruel, pero resulta esencial para entender el placer que proporciona el juego.

Fuera de los juegos de azar o de envite, el principio lúdico se extiende metafóricamente a muchas otras parcelas de la vida. Es el caso de las oposiciones de funcionarios, los concursos de la tele, pero sobre todo el deporte profesional, y más específicamente el fútbol.

“Los equipos de fútbol suelen designarse con el gentilicio de una ciudad o de una nación, lo que refuerza el sentido de identificación localista o nacionalista”

En el fútbol profesional (que es suceso cotidiano y continuo) está muy claro que se trata de un espectáculo montado para que necesariamente un equipo gane y el otro pierda. Detrás de ambos equipos está la afición, más o menos fanática, pero siempre entusiasta. Tanto es así que se emplea la primera persona del plural “hemos ganado o perdido”. Se puede perder un partido, pero la liga o el campeonato continúa y cabe la posibilidad de desquitarse en el próximo encuentro. De esa forma la tensión se mantiene hasta el final de la liga, la copa, el campeonato o lo que sea. Al final solo un equipo es el ganador, lo que provoca la auténtica explosión de alegría para los ganadores, que son todos sus seguidores. Además, los equipos de fútbol suelen designarse con el gentilicio de una ciudad o de una nación, lo que refuerza el sentido de identificación localista o nacionalista. Los triunfos de un equipo (y del míster correspondiente) son los de muchos miles o incluso millones de personas que “siguen” al club correspondiente. Insisto en que el placer completo no está solo en ganar, sino en conseguir que los contrincantes pierdan.

“El placer lúdico sirve de compensación para los muchos desarreglos y fracasos individuales. El juego, en todas sus manifestaciones, resulta así algo necesario para que se desarrolle pacíficamente la vida social”

El placer lúdico sirve de compensación para los muchos desarreglos y fracasos individuales. El juego, en todas sus manifestaciones, resulta así algo necesario para que se desarrolle pacíficamente la vida social. Asombra que haya sociedades en las que estén prohibidos los juegos de azar. Es imposible que la prohibición alcance al fútbol y a las apuestas privadas. He ahí la válvula de escape de las frustraciones de un pueblo. De acuerdo, el fútbol genera pasiones que pueden llegar a ser violentas. Pero seguramente habría más violencia si se eliminara esa forma de liberación de las emociones.

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Amando de Miguel

Amando de Miguel

Este que ves aquí, tan circunspecto, es Amando de Miguel, español, octogenario, sociólogo y escritor, aproximadamente en ese orden. He publicado más de un centenar de libros y miles de artículos. He dado cientos de conferencias. He profesado en varias universidades españolas y norteamericanas. He colaborado en todo tipo de medios de comunicación. Y me considero ideológicamente independiente, y así me va. Mis gustos: escribir y leer, música clásica, chocolate con churros. Mis rechazos: la ideología de género, los grafitis, los nacionalismos, la música como ruidos y gritos (hoy prevalente).

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