Retazos de Historia y crónica de una época de un testigo de la calle. Por Vicky Bautista Vidal

Retazos de Historia y crónica de una época
Retazos de Historia y crónica de una época. Fotograma de la película ¡Bienvenido, Míster Marshall!

“La cultura política en España no ha sido precisamente de las materias más importantes para una mayoría de españoles”

Una, que nunca se distinguió por el gusto por la política y el interés por como funcionaba ese mundo, reconoce que debe avergonzarse junto con algunos millones más de tibios e ignorantes, porque siento, que alguna culpa tenemos todos de lo que está pasando.
La paz atonta a las masas y le quita la capacidad de resistir, dicen algunos.
No estoy de acuerdo al cien por cien, pero… la paz permite relajarse, confiar, suponer unas cualidades en los gobernantes y esperar, últimamente en vano, que el mandatario de turno haga las cosas bien.
Las cosas bien hechas, para el ciudadano de a pie, son las que se hagan por justicia, la ética, el equilibrio, los valores…
¿Alguien se acuerda cuándo se hablaba de valores, del respeto, la equidad, el amor al país y el deseo de progreso y paz?
 La masa, en cada célula-individuo de su cuerpo, lo único que quiere realmente es comer todos los días, vivir en paz y que su grupo familiar esté bien. Y esta necesidad no tiene nada que ver con la forma de pensar de cada cual.
La cultura política en España no ha sido precisamente de las materias más importantes para una mayoría de españoles. Al no serlo, los españoles se han dejado mecer por las mareas que llegaban a su playa sin dar demasiada importancia a lo que se preveía al más mínimo esfuerzo por prever algo.
Pero se convivía en armonía: “Fachas”, revolucionarios de café, comunistas, y todos los “istas” que se pueda imaginar, nadaban en el mismo estanque sin levantar olas.
Carrillo se paseaba por toda España con un pelucón que evidenciaba aún más el considerable tamaño de su cabeza, y nadie decía nada. El “dictador”, lo sabía , la gente de la calle, lo sabía, pero eran tiempos de concordia y primaba el olvido. Nadie detuvo al asesino de Paracuellos y nadie mencionó la historia a no ser en algunas casas.

“Se prefería dar de lado el pasado negro: Unos, por haberlo sufrido, otros, por haber participado”

En aquellos tiempos, una cosa que no vi en ninguna parte, fue el odio. Se prefería dar de lado el pasado negro: Unos, por haberlo sufrido, otros, por haber participado. Todo el mundo corrió un tupido velo sobre la vergüenza de España e intentó seguir adelante y vivir, que a la postre, es para lo que hemos venido a este manicomio redondo que da vueltas alrededor del Sol.
Recuerdo cuando Felipe González y su comitiva llegaron al poder. Vivía yo en Sevilla en ese momento, y tuve la oportunidad de ver y conocer a algún personaje de aquella corte de los milagros, base y fundamento de lo que ahora anda reptando por los entresijos del poder.
La gente lloraba en las plazas, emocionados por lo orgulloso que estaría su abuelo, si viviese, su tío o algún familiar de los que perdieron la guerra.
Entonces aprendí yo, que jamás se debe llorar por el advenimiento de ningún héroe, sobre todo si se trata de política.
Fui testigo de una época llena de promesas, envenenadas todas, pero ¿quien había de imaginar?
Emergieron los primeros adalides de todo el mangoneo presente.
El Hermano de Guerra, que pasó de andar buscando clientela al pie de un autobús para el Circulo de Lectores a los despachos gubernamentales, por el simple hecho de ser del partido y hermanísimo de…
A partir de entonces los periódicos se llenaron de las historias de este personaje y otros de la misma categoría.
Cada día el periódico mostraba una nueva noticia acerca de quien había robado ese día, y cuánto.
En el Congreso, Guerra, puso de moda el ataque porteril y el “tú más”. Ya no era un debate entre caballeros que intentan, al menos, manifestarse con conocimiento, cultura y educación, sino una serie de descalificaciones personales alejadas del fin de un verdadero debate político.
Primaba más el insulto fácil que el desarrollo de los planes políticos de cada grupo.

“En el cine, intentaban calentarnos la cabeza con peliculillas de guerra, donde Landa y otros graciosos, nos hacian ver lo encantadores que eran los milicianos”

En el cine, intentaban calentarnos la cabeza con peliculillas de guerra, donde Landa y otros graciosos, nos hacian ver lo encantadores que eran los milicianos y lo sensibles y estupendos que habian sido estos frente a los represores ganadores de la guerra.
Y nuestros mayores, cercanos a esa miseria que fue la Guerra Civil, la autentica, callaban. Y nosotros, la juventud no comprometida, callabamos y la otra, la comprometida, creía todo a pies juntillas sin echar un vistazo a un libro. Porque tener libros en las casas españolas no era muy corriente. Y hubo gente en ese tiempo que me dijo con toda desfachatez y mirada de reproche que leer era de vagos y de inútiles.
Recuerdo que la gente compraba enciclopedias porque hacían bien en su mueble del salón. Y también que la crisis editorial era endémica en este país nuestro, donde pocos saben pero todos pontificamos sobre lo que sea.
Quien entienda que yo estoy arengando por la supremacía de un régimen o de otro, se esta escorando del sentido real del escrito. Hago crónica de una época y un poco de Historia por parte de un testigo de la calle.
Llegó Aznar, y fue el tiempo de las caceroladas partidistas. España iba bien, no sabemos, pero sí sabemos que iba mejor que con el ínclito, el innombrable, el gafe entre los gafes, el profeta y muñeco de un Orden mundial del que no está claro el tipo de orden que busca. Pero que él defendió un día, que se sintió histrión y protagonista en una entrevista callejera donde no cabía ponerse “místico” y sí responder a otras cosas mas puntuales y más del día.
Creo personalmente que fue el día que este figurón apareció en la tele, cuando yo, señora normal con inquietudes muy alejadas de mundo político, supe y no se por qué, que ese personaje sin planes de futuro, sin programa político, y con solo tres palabras en su boca: Cambio, mentira y plural, era el peligro más grande que acechaba mi querida España, cuando aún no sabía yo que la quería tanto. Y creo que aún no he perdido el asombro, la sorpresa y la preocupación que me produjo el personaje que hablaba pero, sin decir nada, desde la pantallita de la caja boba, en aquel momento más tonta que nunca.
El tiempo me dio la razón y yo, me preocupé mucho por tener tanta intuición. Desde entonces no he perdido de vista el mundo de la política, a ver si consigo salir de mi anonadamiento. Cuando lo consiga lo contaré, de momento, va a más y no hay medicina que tomar para salir de tal estado.
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Vicky Bautista Vidal

Vicky Bautista Vidal

Nací en Madrid. Y como a casi todos los madrileños, todo el mundo me parece cercano y de casa: es el carácter de la ciudad. Esto me ha ayudado después para congeniar con toda clase de personas en los diferentes sitios donde viví. Soy curiosa, inquieta, autodidacta y un pelín dispersa, precisamente por que me siento atraída por muchísimas cosas, escribir es una de ellas. Lo hago al golpe de víscera, según el momento y me faltan algunas vidas para alcanzar a Cervantes o alguno de los inmortales. Soy la primera sorprendida por que observo como últimamente me meto en berenjenales de opinión acerca de asuntos políticos, cuando en realidad, la Política, me importó un bledo toda la vida. Puede ser sentido común herido o un amor recién descubierto por España y su unidad. No milite, milito o militare en nada. Pero estoy de parte de la razón y el sentido común. Defenderé a cualquier gobierno que me facilite la vida y reprochare sin pausa a quienes me la incomoden. La Libertad es para mi la única joya a lucir, la lógica una herramienta y creo que sin pasión por algo, poco se puede conseguir.

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