Quisicosa otoñal: Es lo que tienen los cambios de tiempo, mamá, que lo trastocan todo. Por Vicky Bautista Vidal

Es lo que tienen los cambios de tiempo, mamá, que lo trastocan todo
Es lo que tienen los cambios de tiempo, mamá, que lo trastocan todo

“Ya ni te sirve un buen paraguas mamá. Mejor aguantar unos días bajo la cama mientras llega el invierno. Seguramente, será peor”

Sí, mamá, sí; La culpa de todo la tiene el tiempo.

En otoño, durante el cambio de ropa de los árboles, caen gilipollas confundidos con las hojas. La única diferencia para poder distinguirlos es que, si los pisas, estos no crujen ni dan la reconfortante sensación que se siente al andar sobre un montón de hojarasca.

Se producen tornados en los domicilios, pero no se cuentan los destrozos en las televisiones.

Lloviznan letras desde el cielo y componen pegajosas cantinelas tristes que escurren entre las rejillas y llenan las alcantarillas desbordadas.

De los charcos, que gritan, emergen algunos: hay gente ahogándose dentro. Muchos los ayudan, pero empujan cuidadosamente calzados con botas especiales para el agua, que no es preciso mancharse de barro para rematar gente.
Por el pasillo de cualquier casa es fácil cruzarse con alguna rata cantando “La Internacional”. La solución es sencilla, si le arrojas un trozo de queso se calla.

Imprescindible para el bolsillo en estos días de cambio de tiempo: Porciones de queso. Sobre todo, si tienes que visitar alguna administración pública; están infestadas de roedores que amenazan a los mismos funcionarios agazapadas tras sus espaldas.

Las cucarachas, en las tuberías, se preparan en ejércitos para tomar el mundo. Si se acerca el oído al desagüe de un lavabo, se escucha el rumor de las hordas enardecidas murmurando soflamas y cánticos guerreros.

Es lo que tienen los cambios de tiempo, mamá, que lo trastocan todo. Que los cuerpos no están para novedades. Los granos y las pústulas son sensibles a la influencia térmica. Y, hasta el peinado, se te estropea si sales a la calle lloviendo y te cae un estulto sobre el moño.

Ya ni te sirve un buen paraguas. Mejor aguantar unos días bajo la cama mientras llega el invierno. Seguramente, será peor, pero, te cuelgas unas cuantas bolas navideñas del abrigo y ya puedes sentirte mejor criticando al tiempo y sus ocurrencias.

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Vicky Bautista Vidal

Vicky Bautista Vidal

Nací en Madrid. Y como a casi todos los madrileños, todo el mundo me parece cercano y de casa: es el carácter de la ciudad. Esto me ha ayudado después para congeniar con toda clase de personas en los diferentes sitios donde viví. Soy curiosa, inquieta, autodidacta y un pelín dispersa, precisamente por que me siento atraída por muchísimas cosas, escribir es una de ellas. Lo hago al golpe de víscera, según el momento y me faltan algunas vidas para alcanzar a Cervantes o alguno de los inmortales. Soy la primera sorprendida por que observo como últimamente me meto en berenjenales de opinión acerca de asuntos políticos, cuando en realidad, la Política, me importó un bledo toda la vida. Puede ser sentido común herido o un amor recién descubierto por España y su unidad. No milite, milito o militare en nada. Pero estoy de parte de la razón y el sentido común. Defenderé a cualquier gobierno que me facilite la vida y reprochare sin pausa a quienes me la incomoden. La Libertad es para mi la única joya a lucir, la lógica una herramienta y creo que sin pasión por algo, poco se puede conseguir.

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