Cronos, la Nube y las Redes Sociales. Por Vicky Bautista Vidal

Cronos castrando a su padre Urano es una obra al fresco del pintor Giorgio Vasari, realizada en 1564, que se encuentra en la Sala di Cosimo, en el Palazzo Vecchio de Florencia, Italia.
Cronos castrando a su padre Urano es una obra al fresco del pintor Giorgio Vasari, realizada en 1564, que se encuentra en la Sala di Cosimo, en el Palazzo Vecchio de Florencia, Italia.

“Nada más lejos del presente infinito que las redes sociales. Millones de palabras se desvanecen cada día, engullidas por otros millones de palabras que toman su lugar”

Los matices de cada cosa pueden convertirla según el espectador en algo monstruoso o en lo mejor que se pueda dar.
El noventa por ciento de las personas que utilizan Internet, en especial las redes sociales, lo hacen para su propia satisfacción. Es natural y favorable.

El tiempo, que está inmóvil, contempla como se suceden los procesos, porque, el verdadero tiempo, es el dinamismo de las cosas. Sin movimiento no se podría contar el tiempo y todo se mantendría en un presente infinito. Y nada más lejos del presente infinito que las redes sociales. La permanencia de algo en ellas es imposible. Millones de palabras se desvanecen cada día, engullidas por otros millones de palabras que toman su lugar.

Corta vida para la calumnia, la banalidad, la estupidez, las filosofías baratas y las mejores, las estulticias y las originalidades; la genialidad y la mediocridad. El titan monstruoso devora a sus hijos según van naciendo y los disuelve en el espacio infinito, donde, puede que duerman muchas culturas de civilizaciones inocentes que creyeron descubrir “la piedra filosofal” de la comunicación, cuando resulta, que la llamada “nube”, se convierte en el medio ideal para colgar en ella toda la información de un periodo de tiempo, con el hipotético fin de que no queden rastros físicos cuando, aquella civilización, por los motivos que sean, -siempre existen teorías y leyendas-, desaparezca tragada por el tiempo, un proceso renovador de la Naturaleza o cualquier evento de procedencia desconocida sobre el que no merece la pena especular ahora ya que no viene al caso. ¿De verdad ninguno se había dado cuenta?

“Estamos guardando en el espacio todo lo que somos. Millones de voces, cientos de millones de letras… Conocimiento, Sabiduría, Arte, libros…”

Estamos guardando en el espacio todo lo que somos. Millones de voces, cientos de millones de letras… Conocimiento, Sabiduría, Arte, libros… De forma que llegue un momento en que sobre la faz de la Tierra solo queden edificios, de los que, con los milenios, resista alguno para testificar sobre una civilización desaparecida: la nuestra. ¿Nadie se ha preguntado jamás, imagino que si, por qué no quedan ni los muertos ni nada en absoluto de otras civilizaciones anteriores a nuestra Prehistoria?

Eventualmente, se encuentran restos arqueológicos que sorprenden a los científicos por que dan una medida de tiempo muy superior a lo que consideramos el principio de nuestra humanidad presente. Y es que da la sensación de que todo se prepara para borrar las pruebas. Se convierte en cenizas a los muertos. Van desapareciendo los soportes físicos, como los libros, por ejemplo, y se traslada todo a la entelequia de “la nube”.

Nuestro presente nos gusta. Nos sentimos felices por poder comunicar cada día al mundo, sin importar número de espectadores, nuestras particularidades. Pero, esa posibilidad tiene un precio que hay que pagar: la muerte casi inmediata de las obras del intelecto de cada cual.

“Derivamos en el culto a la imagen y a las frases lapidarias y se desestiman los escritos con “muchas letras” por que no son asumibles por el instante de nuestra atención”

Se vive con ello. Derivamos en el culto a la imagen y a las frases lapidarias y se desestiman los escritos con “muchas letras” por que no son asumibles por el instante de nuestra atención. -Siempre quedarán bibliotecas- Se felicita algún optimista. ¡Por supuesto!… Hasta que un “talibán” del futuro las incendie, que es el deporte preferido de ciertos trozos de carne corrupta que en el mundo son y serán.

Así pues, asumámoslo ya y sigamos viendo como el monstruo afectuoso devora desde nuestras banales recetas de cocina a nuestros maravillosos descubrimientos científicos. Guardemos en la nube todo lo que somos, hasta nuestra imagen. El acogedor dios olímpico tiene sitio para todos.

Nos vemos en la Nube. Mantengan el orden en la cola, por favor.

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Vicky Bautista Vidal

Vicky Bautista Vidal

Nací en Madrid. Y como a casi todos los madrileños, todo el mundo me parece cercano y de casa: es el carácter de la ciudad. Esto me ha ayudado después para congeniar con toda clase de personas en los diferentes sitios donde viví. Soy curiosa, inquieta, autodidacta y un pelín dispersa, precisamente por que me siento atraída por muchísimas cosas, escribir es una de ellas. Lo hago al golpe de víscera, según el momento y me faltan algunas vidas para alcanzar a Cervantes o alguno de los inmortales. Soy la primera sorprendida por que observo como últimamente me meto en berenjenales de opinión acerca de asuntos políticos, cuando en realidad, la Política, me importó un bledo toda la vida. Puede ser sentido común herido o un amor recién descubierto por España y su unidad. No milite, milito o militare en nada. Pero estoy de parte de la razón y el sentido común. Defenderé a cualquier gobierno que me facilite la vida y reprochare sin pausa a quienes me la incomoden. La Libertad es para mi la única joya a lucir, la lógica una herramienta y creo que sin pasión por algo, poco se puede conseguir.

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