De los vampiros psíquicos, el apareamiento virtual y el acoso. Por Vicky Baustista Vidal

Huyan de la ciudad vampiros psiquicos
Huyan de la ciudad vampiros psíquicos

 

“En realidad, los vampiros psíquicos son aquellos que inconscientemente, absorben la energía de otro hasta dejarlo exhausto de fuerza vital”

Escucho al paladín español del misterio: Iker Giménez. Tiene la costumbre de finalizar sus programas con alguna disertación relacionada con el momento actual. Hoy habla de algo tan común como el ataque gratuito de alguno y la necesidad de blindarse en la vida contra la intención, consciente o no, de lo que él llamó vampiros psíquicos, pero que, como causa, tiene muchas raíces de distinta naturaleza: siempre negativas.

Aunque se parecen los resultados, no estoy de acuerdo con él en esa definición. En realidad, los vampiros psíquicos son aquellos que inconscientemente, absorben la energía de otro hasta dejarlo exhausto de fuerza vital. Giménez, se refería más que nada a detractores.

El detractor positivo a veces enseña, el negativo, el sistemático, no difiere por razones auténticas y sus descalificaciones abarcan un amplio abanico de posibilidades: Envidia, ignorancia, desprecio, interés, indiferencia, mediocridad, rabia, estupidez, celos…

Cualquiera de estas inclinaciones empuja al portador del jarro de agua fría, al que, como pasa ahora con internet, no siempre se conoce. Es aquel que raya con disimulo en coche nuevo y brillante de alguien desconocido. Es el que por diversión y gracias al aparente anonimato que ofrece Internet, insulta o degrada sin otra base que matar su aburrimiento, sin saber el daño que puede hacer y sin que esto, le importe un pito.

Es cualquiera que maniobra en detrimento de otro con débiles razones o sin razón alguna. Es un traidor a sí mismo. Como ejemplo: Un estúpido que anduvo por la red persiguiendo a una desgraciada porque creyó que era ella la que se había metido con el y su amistad, cuando en realidad, un espabilado del foro que compartían, tomo la identidad de la desgraciada, y, haciéndose pasar por ella, parece que hizo lo mismo que un elefante cuando entra en una cacharrería de las de antes, donde todo era de loza, cerámica y barro.

Se puede ser rencoroso, vengativo… Lo que sea. Pero hacer el ridículo ¡Nunca! Pues el ridículo es lo que alguno hace con su tontez ofendida. Y de lo que se aprovecha cualquier vacaburra o memo abanderado de errores e injustificados ajusticiamientos.

Soy persona bastante metida en si misma. Con intereses personales muy alejados de las chorradas sentimentales y los juegos patata-eróticos de la “interness” esta. Con muy poco interés por los rollos interneteros. Pero con una capacidad de asombro que crece en lugar de disminuir.

Si, es cierto que ahora tengo una edad: cuando no la tenía, tampoco mis derroteros iban por la aburrida mediocridad de los juegos de apareamiento virtual. Dicen que el acoso suele venir siempre en primer lugar de alguien muy cercano. Pudiera ser: soy del tipo de “Encima de cornuda, apaleada”. Pero mira, pequeñas hormigas, me importáis muy poco. Tan poco que jamás me pondría a hacer lo mismo que vosotros.

Por mucho que te pongas, ¡nunca!, ¡jamás!, podrás matar mi esencia. A la vez, si matarás la tuya, bajuno excremento. Eso sí, si consigues terminar con mi cuerpo, tienes una deuda. Mucho peor que las que tengas con hacienda, que se solventan con la muerte. Esta, es en la muerte donde se cobra.

Qué le vamos a hacer, soy especial. Pero mira, la Naturaleza no ha tenido a bien hacerme, además, una super tipa, con curvas de infarto y guapísima. ¡No! ¡Que va! Soy de apariencia normal. Eso sí, a veces, mis escritos muestran una diferencia. Pero yo no tengo la culpa. Con una vida difícil, no por mi estupendez, sino por una especie de condena a dar con lo mas mierda de la creación desde que asome la coronilla, ¡no! ¡perdón!: Los pies, que se ve que ya no es que estuviese muy entusiasmada por nacer.

Y no me extraña nada, sabiendo que iba a ser la liebre que se suelta en la carrera de galgos. Para que un pelotón de indignos se cebara.

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Vicky Bautista Vidal

Vicky Bautista Vidal

Nací en Madrid. Y como a casi todos los madrileños, todo el mundo me parece cercano y de casa: es el carácter de la ciudad. Esto me ha ayudado después para congeniar con toda clase de personas en los diferentes sitios donde viví. Soy curiosa, inquieta, autodidacta y un pelín dispersa, precisamente por que me siento atraída por muchísimas cosas, escribir es una de ellas. Lo hago al golpe de víscera, según el momento y me faltan algunas vidas para alcanzar a Cervantes o alguno de los inmortales. Soy la primera sorprendida por que observo como últimamente me meto en berenjenales de opinión acerca de asuntos políticos, cuando en realidad, la Política, me importó un bledo toda la vida. Puede ser sentido común herido o un amor recién descubierto por España y su unidad. No milite, milito o militare en nada. Pero estoy de parte de la razón y el sentido común. Defenderé a cualquier gobierno que me facilite la vida y reprochare sin pausa a quienes me la incomoden. La Libertad es para mi la única joya a lucir, la lógica una herramienta y creo que sin pasión por algo, poco se puede conseguir.

Un comentario sobre “De los vampiros psíquicos, el apareamiento virtual y el acoso. Por Vicky Baustista Vidal

  • el 21 julio 2019 a las 16:13
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    Creo saber por dónde va la vaina.
    Y discrepo.
    Esa gente que puede llegar a colocarte al borde de la autocombustion, son esos por los que darías la vida.
    Darías?
    Se la meriendan cada día mientras, enhiesta, observas cómo se engullen tu pasta con glotoneria.

    Después de un año de aislamiento, lo que me producía congoja hoy da color a mi entorno, incluido mi romántico y nostálgico de cabecera Gustav Mahler.

    Salud e saudade.

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