El nuevo Orden Mundial no quiere gente gorda ni creyente, honorable o con principios. Por Vicky Bautista Vidal

El nuevo Orden Mundial no quiere gente gorda ni creyente o con principios
El nuevo Orden Mundial no quiere gente gorda ni creyente o con principios

«El nuevo orden mundial no quiere gente gorda: Conclusión desesperada de testigo obligado, que voy a desarrollar, como Dios me dé a entender»

El nuevo orden mundial no quiere gente gorda: Conclusión desesperada de testigo obligado, que voy a desarrollar, como Dios me dé a entender: Obsérvese que nombro a Dios con bastante frecuencia últimamente. Se debe a que es obligación de quien dice algo en alguna parte, recordar a los «leyentes» asuntos de su interés.

Desde que en España se dio el finiquito a santos y divinidades, una que es una, por que si una no fuera una… Pues eso, que una, ha entrado en crisis mística y observa asombrada como se va convirtiendo en una contestataria del carajo frente al laicismo obligado.

Cuestionar, cuestionar y cuestionar… Total, “pa ná”; pero, al menos, se queda una a gusto. Y si puede compartir las inquietudes en algún sitio que no sea la Sexta, pues, feliz como una perdiz y agradecida siempre.

«Y ahora que he recordado a todo el mundo que España fue grande por haberse tomado muy en serio las enseñanzas de alguien llamado Cristo»

Y ahora que he recordado a todo el mundo que España fue grande por haberse tomado muy en serio las enseñanzas de alguien llamado Cristo y haber sido, además, un país defensor de honor, nobleza, principios, fe, hidalguía, caballerosidad, amor al prójimo, valentía… y muchas cosas mas que ya no se enseñan en los colegios ni en muchas casas, me detengo un ratito para recordar al personal que esas cosas existen y que, esas actitudes de nobleza, elegidas y presumidas, fueron las que llevaron a España a ser un referente, un paladín y un imperio donde por un tiempo, no se ponía el Sol. Veamos que nos queda en el desván de la memoria de un reino para ver si podemos desempolvarlo, “limpiarlo, fijarlo y darle esplendor” …

Ahora mismo no queda nada, parece. Abro ese cofre en el desván y no hay dentro más que lloriqueos, quejas, frases estandarizadas sobre “lo que nos están haciendo” … “lo que nos van a hacer” …, “en lo que vamos a terminar” … Pero nada más; que el lloriqueo es gratis y no cuesta vidas ni dinero. Tampoco arregla nada más que los planes del verdadero ricachón poseído, convencido de que maneja el mundo a su antojo.

Y el lobo no hace más que avanzar por que se da cuenta de que moviéndose cada vez un poquito más: ─ A ver si esta vez me para los pies “la gente” ─ como entiende Podemos eso de “la gente”; pero esta, sigue tragando y tragando. Y calla y otorga con el silencio.

«Hubo tiempos en que cualquier acción determinaba un linchamiento, físico o mediático de aquellos que atentaban contra algo»

Hubo tiempos en que cualquier acción determinaba un linchamiento, físico o mediático de aquellos que atentaban contra algo. Los malos y los menos malos acababan en la horca, en la hoguera o en la vergüenza pública. En el presente, los marginales prueban, siempre hubo y siempre habrá, pero “la gente”, pasa en exceso lo que antes era en defecto. Nunca el punto medio.

El péndulo sigue oscilando locamente de un lado a otro sin alcanzar el equilibrio. Ahora, después de haber lloriqueado yo también un ratito, regreso al principio y confirmo mi primera afirmación: El nuevo Orden Mundial no quiere gente gorda. Y lo digo, porque el gobierno de Zapatero puso trabas a los niños prohibiendo chocolate y caramelos en los colegios.

Ayer, una criatura muy cercana a mí: tiene once recién cumplidos, me contó que en su colegio, los niños tienen que decir lo que pesan, y me ha sorprendido rechazando la mitad de la comida que le había preparado para una excursión, por que los niños, la iban a llamar gorda.

«Tiempo presente, factoría de anoréxicos, donde los adultos se masacran en los gimnasios, esperando, inocentes, convertirse en Lobeznos, Supermanes y super héroes varios gracias a comer verde»

Tiempo presente, factoría de anoréxicos, donde los adultos se masacran en los gimnasios, esperando, inocentes, convertirse en Lobeznos, Supermanes y super héroes varios gracias a comer verde, tomar anabólicos y darse caña sin parar en máquinas preparadas para el caso.
Robots sin cerebro, que observan con ojo avizor a sus criaturas: ¡que no engorden!, y convierten la comida, ¡bendita sea!, en un pecado mortal.

Darse cuenta de las necesidades de los niños. Ser conscientes de que la fisiología infantil no es la de un adulto y de que los niños, son personas pequeñas redonditas que precisan comer y que irán cambiando con el tiempo para alcanzar un estado particular cuando sean adultos. Y que si su destino, por herencia genética, es la de ser rellenitos, nadie puede cargar sobre sus pequeñas espaldas la responsabilidad de la naturaleza. Y sobre todo amargarlos, que ya tienen bastante con sobrevivir a ese tiempo de aprendizaje, de acoso, intranquilidad, preocupación…

«El que no haya tenido en el cole alguna experiencia, de pocha a peor, que se dé con un canto en los dientes»

Por qué en este presente, las criaturas, comienzan la adolescencia al menos tres años antes de lo que lo hicieron otras generaciones anteriores, de forma que un niño de 10 años se manifiesta como uno de 13 de los de antes. Deben además enfrentar en el colegio, lo que siempre debimos afrontar. Y el que no haya tenido en el cole alguna experiencia, de pocha a peor, que se dé con un canto en los dientes.

Entre el colectivo humano, son los niños los que deben ser más cuidados y queridos, sin gazmoñería, por que son los menos culpables. Carne de futuro incierto preparado por ignorantes. Así que, ¡haga el favor de favorecer la felicidad de sus niños! que ya tendrán tiempo de sufrir después.

Controle usted: no es lo mismo una onza de chocolate que una tableta, pero no le dé la vara a un niño para que después, en el colegio, vaya a acosar a cualquier compañerito que se salga de la estúpida norma adulta. Usted coma hierba si lo desea, presuma de ser un esqueleto andante, desgrane con los dientes granos y semillas que corresponden al mundo gallináceo, pero al niño, pasta, cereales, proteínas, sus postres de toda la vida, sus caramelos… ¡y respeto!. Ya tendrá tiempo de ser destruido cuando sea mayor. Dejen vivir a los niños en paz ¡Caramba!

Vicky Bautista Vidal

Vicky Bautista Vidal

Nací en Madrid. Y como a casi todos los madrileños, todo el mundo me parece cercano y de casa: es el carácter de la ciudad. Esto me ha ayudado después para congeniar con toda clase de personas en los diferentes sitios donde viví. Soy curiosa, inquieta, autodidacta y un pelín dispersa, precisamente por que me siento atraída por muchísimas cosas, escribir es una de ellas. Lo hago al golpe de víscera, según el momento y me faltan algunas vidas para alcanzar a Cervantes o alguno de los inmortales. Soy la primera sorprendida por que observo como últimamente me meto en berenjenales de opinión acerca de asuntos políticos, cuando en realidad, la Política, me importó un bledo toda la vida. Puede ser sentido común herido o un amor recién descubierto por España y su unidad. No milite, milito o militare en nada. Pero estoy de parte de la razón y el sentido común. Defenderé a cualquier gobierno que me facilite la vida y reprochare sin pausa a quienes me la incomoden. La Libertad es para mi la única joya a lucir, la lógica una herramienta y creo que sin pasión por algo, poco se puede conseguir.

2 comentarios sobre “El nuevo Orden Mundial no quiere gente gorda ni creyente, honorable o con principios. Por Vicky Bautista Vidal

  • el 13 diciembre 2019 a las 17:20
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    Vicky eres sublime y para el que quiera entenderlo y leer entre líneas, eres genial, cuanto estoy echando en falta aquellas enseñanzas de nuestros padres y madres.

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