¿Por qué le llaman violencia de género y enfrentan los sexos? Por Vicky Bautista Vidal

Las del progreso inundaron las calles demandando ... no es no y machista muerto abono pa mi huerto. Ilustración de Linda Galmor
Las del progreso inundaron las calles demandando … no es no y machista muerto abono pa mi huerto. ¿Por qué le llaman violencia de género y enfrentan los sexos? Ilustración de Linda Galmor

«¿Por qué le llaman violencia de género cuando quieren decir enfermedad mental, maldad pura, educación errónea, fracaso humano, ignorancia…?»

¿Por qué le llaman violencia de género cuando quieren decir enfermedad mental, maldad pura, educación errónea, fracaso humano, ignorancia…? Ocho de marzo, día de la mujer trabajadora y pretexto para que, las de siempre, se lancen a las calles para ejecutar las mismas tonterías, enarbolar los mismos tópicos de siempre y ser la herramienta del odio en versión sexo que últimamente se viste de lo que sea para enfrentar al personal.

Podría bromear y soltar alguna frasecilla como: “Lo siento, no quiero volver mañana a casa sola y mucho menos borracha, con lo mal que me sienta la bebida” … O alguna otra que quede bien. La realidad es, que no quiero perder mi precioso tiempo en parafernalias inútiles que alimentan a personas de mi sexo que no tienen nada que ver conmigo y creo que, con nadie, sino es con su Lobby, su ONG, su partido político o sus demencias particulares.
En todo el mundo, caen cada día cientos de mujeres bajo la violencia de algún hombre, para qué negarlo.

Pero eso significa que el hombre de ese momento es, sobre todo, un asesino. Y después un cobarde. Y, además, un elemento confundido que ha mamado costumbres, ideas y conceptos ancestrales erróneos acerca de los sexos y sus relaciones. Lo que, unido a sus deficiencias, mentales, educacionales o las dos cosas, lo llevan a sojuzgar a quien es más débil y, sobre todo, al “alimento” de una masculinidad enferma que no es, por suerte, la de todos los hombres.

«Durante el tiempo conocido las mujeres fuimos, para muchos, más posesiones que otra cosa»

Durante el tiempo conocido las mujeres fuimos, para muchos, más posesiones que otra cosa. Moneda de cambio, animales al servicio del hombre. El premio del soldado. Hemos sido prometidas como trofeo en toda guerra. Hemos sido vendidas y compradas. Hemos sido criadas para complemento. Anuladas muchas veces. Engañadas casi siempre.

Nosotras, quienes criábamos y educábamos a los hijos, no fuimos capaces de moderar, sino de fomentar en nuestros hijos varones esa soberbia de sexo que todavía existe en muchas malamente llamadas culturas, -que la cultura es otra cosa- Y lo hicimos, por que muy pocas alcanzaron a comprender, dejándose marcar el espíritu desde el nacimiento con el sello: “Soy un objeto por mi bien”.

Es por completo perdonable y se justifica porque, el peligro para cualquier mujer que se saliera de la ley no escrita del oscurantismo podía ser la muerte, como aún es posible contemplar en lugares donde todavía la injusticia es extrema.

¿Se acuerda alguien de que solo hace unos años, en España por ejemplo, los crímenes de honor eran permitidos?…

Pero el crimen era permitido si el honor herido era el de el hombre, que el honor de la mujer se justificaba con la frase: “Son cosas de hombres” … Que toda madre enseñaba a sus hijas desde muy pequeñas, además de aquello de soportar con paciencia etc.

Que la virtud era un tesoro, pero que el hombre tenia la bula de engañar a la “inocente” de turno. Porque la naturaleza masculina precisa de la siembra como instinto. Y nadie había plantado en él la semilla de la empatía, preocupado su papá en que su hijito fuera “muy hombre” y su madre, en que el niño no se convirtiese en un “calzonazos”.

«En España, un hombre que se entienda con su mujer, la tenga en cuenta, forme con ella una sociedad respetuosamente compartida, puede ser calificado como calzonazos»

Por qué aún en nuestros días, cuando las mujeres hemos alcanzado metas insospechadas en muchos países del mundo, todavía hoy en España, un hombre que se entienda con su mujer, la tenga en cuenta, forme con ella una sociedad respetuosamente compartida, puede ser calificado como “calzonazos”, palabra muy española y favorita hasta hace poco tiempo de una gran cantidad de madres, sobre todo.

Mucho tendríamos que desaprender ambos sexos y quien pretenda acabar con la violencia de genero desde la pequeñez de grititos en la calle, disfrazándose de pingo, y pisando al género masculino al completo, como hacen estas feministas que pasean sus traseros y domingas por todos los medios de comunicación, es como si intentara matar moscas a cañonazos o tapar el Sol con una mano.

Algo se podía intentar en un problema que es bíblico, mundial, endémico desde los principios, dando al niño que llega al mundo una formación adecuada. Educación emocional. Verdadera igualdad, respeto. En muchos casos estudios científicos y atención de los profesionales de la medicina. Prevención desde la cuna y, sobre todo, un cambio drástico en la forma de ver la vida y de pensarla de todo hombre y mujer, para que sean capaces de no traer al mundo más que personas y no nuevos enemigos, actores para el enfrentamieto de los sexos.

Caerían millones de entramados si un vendaval soplase en el planeta arrastrando la oscuridad que tergiversa todos los principios y oculta la verdad y la razón a las multitudes, pero hasta que el ser humano no deje de sentirse separado según su naturaleza sexual y enfrentado por el error con su complemento de vida, ninguna “vuelta a la tortilla” servirá de nada, tan solo para inclinar el péndulo de la injusticia de género, poniendo todo el peso de una vez en el platillo del hombre o en el de la mujer sin el equilibrio imprescindible que es la verdadera meta.

Vicky Bautista Vidal

Vicky Bautista Vidal

Nací en Madrid. Y como a casi todos los madrileños, todo el mundo me parece cercano y de casa: es el carácter de la ciudad. Esto me ha ayudado después para congeniar con toda clase de personas en los diferentes sitios donde viví. Soy curiosa, inquieta, autodidacta y un pelín dispersa, precisamente por que me siento atraída por muchísimas cosas, escribir es una de ellas. Lo hago al golpe de víscera, según el momento y me faltan algunas vidas para alcanzar a Cervantes o alguno de los inmortales. Soy la primera sorprendida por que observo como últimamente me meto en berenjenales de opinión acerca de asuntos políticos, cuando en realidad, la Política, me importó un bledo toda la vida. Puede ser sentido común herido o un amor recién descubierto por España y su unidad. No milite, milito o militare en nada. Pero estoy de parte de la razón y el sentido común. Defenderé a cualquier gobierno que me facilite la vida y reprochare sin pausa a quienes me la incomoden. La Libertad es para mi la única joya a lucir, la lógica una herramienta y creo que sin pasión por algo, poco se puede conseguir.

2 comentarios sobre “¿Por qué le llaman violencia de género y enfrentan los sexos? Por Vicky Bautista Vidal

  • el 9 marzo 2020 a las 9:48
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    Describe usted fielmente su verdad, y eso agrada al lector, y hasta orienta por dónde vienen los tiros. Sí, hay un pero, el sexo fuera de lugar.

    El sexo ocupa la esencia del animal humano, y así debe ser tratado y respetado en su función vital. Emplearlo como moneda de cambio y juguete ocasional lo convierte en sucia mercancía humana.

    Si de verdad fuéramos inteligentes buscaríamos nuestro ocio en áreas menos comprometidas y más racionales, en definitiva intrascendentes.

    El instinto básico merece mejor tratamiento y respeto. Diría que ya está bien de tanta mentira y desprecio por nuestra condición humana, que es la que, bien vista, facilitaría unas relaciones humanas satisfactorias.

    Lastima que hayamos convertido nuestra sociedad en un lupanar tan variado como imposible, pagado de frustración.

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  • roargon Rodolfo
    el 10 marzo 2020 a las 12:00
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    Prefiero ser considerado un calzonazos que ser un hijo de puta machista y fascista. Por eso a mi madre, mi mujer, mi hija y otras mujeres en general las tengo en un pedestal. Pero tengo que tener cuidado no sea que me tilden las feministas de cabrón.

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