Del verdadero negocio alrededor de la contaminación y el llamado Cambio Climático. Por Luis Bully

Del verdadero negocio alrededor de la contaminación y el llamado Cambio Climático
Del verdadero negocio alrededor de la contaminación y el llamado Cambio Climático

«Hoy en día hay montado un verdadero negocio alrededor de la contaminación y ese llamado Cambio Climático»

Ecosistema es un conjunto formado por un espacio determinado y todos los seres vivos que lo habitan.

¿Qué quiere decir esto que he soltado sin una introducción previa, a quemarropa?

Cualquier ente o unidad física que contenga vida es un ecosistema, y a su vez, un ecosistema forma parte de otro más grande, y así sucesivamente hasta llegar al que los contiene a todos, a esa gran bola que gira en el espacio desde hace millones de años y que llamamos Tierra.

Un charco puede ser un ecosistema. Si en el agua o en sus orillas hay larvas de insectos, alguna planta, algún anfibio, algas, bacterias, ese espacio físico es un ecosistema. Lo mismo sucede con un árbol en el que viven líquenes, hongos, pájaros, insectos, una ardilla.

Cada ecosistema se integra en una unidad superior, y como propio ecosistema o a través de los seres vivos que en él habitan, interactúa  con otros.

Un bosque es un ecosistema formado por miles de ecosistemas más pequeños.

En un ecosistema la vida de unos seres se cruza con la de otros, unos sirven de soporte a otros, de alimento, de hogar, de medio para desplazarse, de medio para reproducirse. Todo guarda un cierto equilibrio. Lo que unos degradan o destruyen sirve de base para el desarrollo de otros. Por ejemplo, un elefante astilla con sus colmillos y derriba un árbol. En el árbol nidificaban aves que ahora tendrán que buscar otro árbol. El tronco roto y caído servirá de refugio y alimento a otros, insectos xilófagos, hongos, reptiles, ratones… Todo está interconectado.

Hace miles de años, un nuevo animal, una nueva especie, apareció sobre la Tierra, el hombre. En el momento en que pasó de comportarse como el resto de los animales a desarrollar habilidades como la fabricación de objetos, pinturas, construcción de casas, comenzó a modificar el ecosistema en el que vivía de una forma no natural.

Ya no se trataba de alimentarse y reproducirse, se trataba de elaborar prendas de vestir, de comunicarse a través de la música o el arte, de talar bosques para obtener madera con la que construir, de quemar campos de vegetación silvestre para cultivar.

Si bien es cierto que las obras u objetos fabricados por el hombre son susceptibles de constituirse también como ecosistemas, también es cierto que con el paso del tiempo y el progreso, se fueron convirtiendo en más inhóspitas, agresivas y dañinas para el resto, y se generaron restos de difícil descomposición y larga duración. Así apareció el concepto de contaminación.

La fabricación o elaboración de los equipos y productos generan residuos de larga duración que modifican las condiciones de supervivencia del propio ser humano. Durante milenios el impacto fue patente pero  de una forma u otra, no excesivamente dañino, pero los descubrimientos que alentaron las revoluciones industriales y tecnológicas supusieron la emisión y generación en un corto periodo de tiempo, para la Tierra es minúsculo, de millones de toneladas de detritus y gases altamente contaminantes y destructivos.

El hombre, en su avance, en su afán de progreso y de mejora de las condiciones de vida, se ha convertido en el destructor del ecosistema más grande, del planeta.

La propia Tierra, la naturaleza, provoca contaminación, pero tiene mecanismos para asimilarla, revertirla, transformarla. El problema estriba en los productos elaborados que modifican las condiciones naturales, caso del plástico o el acero inoxidable, por ejemplo.

En los años sesenta del siglo XX se empezó a tomar conciencia general de los daños que estábamos causando y se iniciaron los llamados movimientos conservacionistas o ecologistas, que empezaron a alertar y trabajar sobre lo que sucedía. Pero junto a ellos fue variando el concepto de consumo, de duración de los productos, la publicidad, el formato, la satisfacción, la aparición de nuevos conceptos como la obsolescencia programada…

El ser humano actúa movido además de por el instinto de supervivencia por otros muchos condicionantes, el placer, la satisfacción, la envidia, la soberbia, el ansia de poseer. Y esos condicionantes determinan nuestro comportamiento entre nosotros y hacia el medio en el que vivimos.

En los ochenta empezamos a oír hablar del agujero de la capa de ozono, de agotamiento de recursos, de sobrepoblación. Luego apareció la Sostenibilidad y la cuantificación económica de todo cuanto nos rodea.

Después llegó Al Gore y sus apocalípticas premoniciones de hacia donde nos conducía la sobreexplotación de los recursos. Curiosamente se callaba que gastaba en su domicilio particular veinte veces más electricidad que la media de los hogares vecinos. Y a partir de aquí llegó el concepto de Cambio Climático.

Nos autodefinimos como seres racionales, pues se supone que tenemos capacidad de razonar, pero muchas veces dejamos que otros lo hagan por nosotros o queremos creer que lo hacen, cuando en realidad lo que hacen es manejar nuestra voluntad a su antojo.

Hoy en día hay montado un verdadero negocio alrededor de la contaminación y ese llamado Cambio Climático.

El Clima ha estado en continua evolución desde el inicio de los tiempos. El planeta ha sufrido fuertes cambios de forma alterna, algo comparable a los picos de la hoja de una sierra. Hay estudios que atestiguan que ahora mismo se está produciendo un cambio de cierta importancia, pero las causas y los motivos varían en función de los intereses.

La evolución de la masa forestal, es decir, de bosques y selvas, tiene mucho que ver con la capacidad de absorción y fijación del Carbono. Las plantas aprovechan el CO2 para realizar la función clorofílica. De aquí, entre otros motivos, que muchos grupos aboguen por el consumo de vegetales en lugar de productos cárnicos, pues a mayor superficie vegetal y menos emisiones y consumo de agua por parte del ganado, mayor absorción de Carbono.

Pero mira por donde ahora nos dicen que los cultivos anuales y en cualquier caso, todos los de menos de cinco años, no son fijadores de Carbono, sólo los cultivos forestales y los pastos permanentes. ¿Sin ganado que aproveche esos pastos y con cultivos hortícolas anuales que de repente se han convertido en emisores contaminantes, pasaremos nosotros a pastar tréboles y festucas?

Día a día, y en función de quien corra con los gastos de quienes elaboran los estudios e informes, todo pasa de bueno a malo. Alguien que utiliza avión o helicóptero para desplazamientos de una hora en tren eléctrico, nos sumerge en políticas de «transición ecológica» que van a suponer la transformación del parque automovilístico, de la producción energética y del consumo de alimentos. ¿Tiene importancia el coste económico de todo este engendro de ideas «bienintencionadas»? Para quienes hemos de pagar sí, y mucho. Para quienes se van a beneficiar fabricando placas solares, aerogeneradores, baterías eléctricas, vehículos, carne sintética y otras muchas cosas, desde luego, acaba de abrirse un nuevo mercado y hay mucho por vender.

Para quienes van a perder su trabajo y su modo de vida, mucho más.

Hecho en falta un discurso crítico y sereno sobre la realidad de este asunto. Un debate de verdaderos expertos imparciales que determinen cuales deberían ser las fuentes energéticas factibles, solventes, duraderas y menos contaminantes. Un análisis que evalúe quienes contaminan más y por qué.

De momento a mí me han metido en el grupo de los malos, y resulta que yo contamino menos que quien me ha metido en él. Vivo, es decir, exploto, interacciono y respeto un ecosistema. Soy el más interesado en conservarlo en perfectas condiciones.  Cultivo siguiendo técnicas de mínimo laboreo, no utilizo plaguicidas pues mis cultivos no los precisan, respeto y contribuyo al mantenimiento y supervivencia de fauna y vegetación silvestres, mantengo una carga ganadera aceptable y alimento a los animales de forma tradicional. Estoy escribiendo estas líneas rodeado de una miríada de animales de distintos géneros y especies, al aire libre, sentado en el suelo, sin aire acondicionado, sin muebles de metal y resina, sin el consumo eléctrico de luces artificiales, pero soy un elemento esquilmante y contaminador, instigador de ese maligno cambio.

Hoy luce el sol, calienta y brilla con fuerza, y hoy se abre otra duda en el horizonte, ¿Podremos seguir disfrutando y sirviéndonos del Sol para bien o para mal? Porque esa es otra, ahora quieren controlar la luminosidad del sol. Quieren dominarlo todo, la tierra, el agua, los rayos solares… La vida.

Luis Bully

Luis Bully

A los catorce años sembré unas alubias, cuando las vi germinar y convertirse en unas hermosas plantas quedé maravillado y decidí ser agricultor, y eso soy, agricultor y ganadero. En el camino fui algunas otras cosas, pero no tuvieron gran importancia. y, por ello, pretendo dar a conocer las realidades de quienes habitamos un mundo condenado a la desaparición si quienes suelen dirigir nuestros destinos terrenales no cambian su forma de entender lo que es el mundo rural y las necesidades de quienes vivimos en él.

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