El Doctor Sánchez al órgano mientras el barco se hunde arrastrado por un calamar gigante. Por Luis Bully

El Doctor Sánchez al órgano mientras el Nautilius se hunde al lecho marino
El Doctor Sánchez al órgano mientras el Nautilius se hunde al lecho marino

«El Doctor Sánchez al órgano mientras el barco está sobrepasando los límites de la presión soportable y los primeros pernos han empezado a reventar»

Supongo que dada la media de edad de las personas que suelen leerme, todos ellos, o al menos la mayoría, habrán leído la obra de Julio Verne, Veinte mil leguas de viaje submarino, y seguramente todos habrán visto la película del mismo título del director Richard Fleischer y protagonizada por Kirk Douglas y James Mason. Este último en el papel del Capitán Nemo, inventor del submarino Nautilus con el que recorre las profundidades marinas persiguiendo y hundiendo los navíos de la flota de Su Graciosa Majestad británica.

El capitán Nemo odia al Reino Unido por haber ocupado su país natal, la India, y por haber ocasionado la muerte de su mujer y su hija.

En una escena de la película, se ve al Capitán  interpretando en un órgano tubular, la Tocata y fuga en Re menor de Johann Sebastian Bach. En el frente del órgano hay un espejo redondo en el que se refleja el rostro de Nemo.

Por alguna extraña razón, al ver al eminente Doctor Sánchez en su grandilocuente soliloquio, pues hablaba para sí mismo, sobre sus planteamientos a futuro para éste nuestro país, a treinta años nada menos, mi mente recrea aquella escena en el Nautilius y veo su rostro en aquel espejo mientras la música suena.

Le imagino enfermo de odio, sediento de venganza, implacable en sus deseos de acabar con siglos de progreso y de hacernos retroceder a un mundo frío y oscuro, a los inicios de la Edad Media, cuando la humanidad subsistía a golpes de azuela, sin calefacción, sin agua corriente caliente, sin aire acondicionado. Una época en la que el consumo de carne estaba restringido a señores feudales, clérigos y soldadesca. Donde el transporte se realizaba a lomos de caballerías, -ahora será en bicicletas, aunque alguien tendrá que resolver el asunto de los neumáticos, tan contaminantes-, la educación era para privilegiados, la esclavitud existía, y el impago de los impuestos se saldaba con la horca y el embargo de las exiguas pertenencias.

El país se desangra tras más de un año de parálisis económica decretada por ese individuo. El paro galopa desbocado. Los jóvenes se enfrentan a un futuro nada prometedor y muy complicado. Las relaciones internacionales atraviesan momentos difíciles y nos estamos convirtiendo en un país irrelevante. El coste de la energía es un lastre. La campaña turística de verano es incierta. Etc, etc. Y lo único importante es plantear opciones de futuro basadas en teorías catastrofistas que auguran el fin de la Humanidad si no dejamos de alimentarnos con carne y desplazarnos en vehículos de tracción mecánica no eléctrica.

Y mientras hay familias en situación desesperada, las colas frente a los comedores de la beneficencia se hacen más largas, y acabamos de sufrir un gravísimo ataque a nuestra soberanía por parte de un Gobierno extranjero, chantajista y sin escrúpulos como respuesta a un acto del nuestro, patético y chapucero, el narcisista cínico se recrea en su reflejo ajeno a la realidad esperando las ocurrencias del quasimodo mental de bisoñé grapado al cuero cabelludo que dicta el guion a seguir.

Va a por todas, va en serio, quien aún lo dude no tiene más que oír como se refería el otro día a Largo Caballero o mirar a las cárceles de las Vascongadas donde ahora pasan los últimos días de condena despiadados terroristas asesinos.

El barco está sobrepasando los límites de la presión soportable y los primeros pernos han empezado a reventar, sólo falta que aparezca un calamar gigante y nos arrastre al lecho marino.
 

Luis Bully

Luis Bully

A los catorce años sembré unas alubias, cuando las vi germinar y convertirse en unas hermosas plantas quedé maravillado y decidí ser agricultor, y eso soy, agricultor y ganadero. En el camino fui algunas otras cosas, pero no tuvieron gran importancia. y, por ello, pretendo dar a conocer las realidades de quienes habitamos un mundo condenado a la desaparición si quienes suelen dirigir nuestros destinos terrenales no cambian su forma de entender lo que es el mundo rural y las necesidades de quienes vivimos en él.

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