¿Hay vida más allá del Planeta de los políticos? Por Diego J. Romero 

¿Hay vida más allá del Planeta de los políticos? Ilustración de SuperTanete

«Interpelo al presidente Sánchez a que someta la controvertida ley de amnistía y la lawfare a referéndum consultivo y vinculante»

 Desde que tengo uso de razón, siempre he tenido presente en mi vida el sueño de una sociedad donde se pudiera vivir en paz y concordia, o, al menos, eso yo creía cuando siendo un niño mis padres dieron el apoyo a Suárez, quien con sus aciertos y errores, junto al recién coronado Rey de España, despertó en mí la inquietud y admiración de aquellos oradores que, aunque con distintas ópticas y colores, desprendían en sus intervenciones e interpelaciones sabiduría y formas dignas de calificar como lecciones magistrales de oratoria. 

 

Todavía retengo en mi retina la emisión en TVE de la coronación del primer rey de la democracia, don Juan Carlos I -mi abuelo materno se encargó de ello, el cual tenía en la galería de casa una foto de don Juan Carlos y doña Sofía siendo príncipes de España, junto a mi tío y otros mandatarios de la diputación sevillana-. Junto a él, el entonces príncipe de Asturias, hoy don Felipe VI, y las infantas doña Elena y doña Cristina, quienes me sorprendieron en su elegancia y hermosura. Aunque era un niño, aquel día todo me parecía un cuento de hadas.  

 

Previamente a la proclamación de D. Juan Carlos I, también quedé impresionado en el entierro retransmitido por TVE, junto a mi abuelo, al ver cómo millones de españoles se despedían del que fuera Jefe del Estado, general Franco. Y quedé impresionado porque siendo un niño no me pasó desapercibido los honores militares y las salvas con que fue despedido. Viendo lo despacio que avanzaba el cortejo hacía la basílica benedictina del Valle de los Caídos, le preguntaba a mi abuelo que si se averiaba el vehículo que portaba el féretro, se aplazaría el entierro y, mi abuelo, quien sirvió en el regimiento inmemorial en el II guerra del Rif, me aclaró que el que se muere se entierra siempre. Se preguntaran el porqué de mi pregunta al respecto de la muerte de Franco, pues es fácil, para un niño de 7 años, vivir la larga agonía del caudillo, rodeado de los mejores médicos -o, al menos eso se imaginaba- y de los mayores avances de la medicina, pensaba que podría salvarse: después comprendí que la vida tiene un principio y un final; final que, también, viví a la muerte de mi abuelo en 1985, y más cuando vivió el día a día en casa al quedar viudo durante lustros. Con mi abuelo Rafael veía todos los debates, mientras mi madre le decía que no me distrajera de los estudios; pero, al observar a mi abuelo junto al televisor, me daba cuenta que algo muy importante era la política.  

 

Claro, todos prometían que iban a hacer muchas cosas, como los 800.000 puestos de trabajo de Felipe González -aunque no recuerdo de memoria, si eran 800.000 ó 1 millón de puestos [no voy a buscar en Google]. Y estamos en el año 2023 y el paro de larga duración sigue siendo el mayor drama que embarga el bienestar de las familias españolas, al menos, de las clases medias y trabajadoras. Gobiernos del PP y del PSOE, alternando en el poder, y nadie ha sido capaz de llegar al pleno empleo en España: no dirán que en 50 años no les ha dado tiempo, ¿no? Eso sí, lo que sí se ha producido es un empobrecimiento progresivo de las familias y un enriquecimiento a la inversa de las oligarquías, y,  todo, a pesar de la crisis de 2008, que, por cierto, todavía dura -y lo que nos queda-. 

 

Cedimos parte de nuestra soberanía; la soberanía que reside en el pueblo español y que está por encima de la legitimidad de los políticos, propia de la democracia indirecta, pues ellos la ostentan por delegación del pueblo durante una legislatura de un máximo de 4 años. Pero, la nación española, que es anterior a todo esto y al propio Estado y a la Constitución de 1978, es la titular -no lo olvidemos, máxime a la vista de las traiciones y mentiras de los políticos- del destino y del rumbo del pueblo español, quien decide y debe decidir las cuestiones de especial trascendencia como se recoge en el artículo 92 de nuestra Carta Magna: 

 

Las decisiones políticas de especial trascendencia podrán ser sometidas a referéndum consultivo de todos los ciudadanos. El referéndum será convocado por el Rey, mediante propuesta del Presidente del Gobierno, previamente autorizada por el Congreso de los Diputados. 

 

Desde este humilde artículo interpelo al presidente Sánchez a que someta la controvertida ley de amnistía y la lawfare a referéndum consultivo y vinculante, como gesto de democracia y que sea el pueblo español en su conjunto quien decida. 

 

Otra cuestión, que oímos a diario, es la queja constante de nuestros vecinos y amigos desde que entramos en el euro (€), cuando nos dicen que todo está más caro y que con 50 € no compras más que 5 litros de aceite, cuando con 10.000 pesetas se llenaba el maletero del coche con la compra del supermercado. Si no que se lo pregunten a nuestras madres, ya ancianas, pero no tontas. ¿Por qué, y lo digo sin complejos, no se sometió la mayor cesión de soberanía que puede hacer un estado soberano en clave de derecho internacional, como es ceder su política monetaria, al ceder su moneda a organismos supranacionales? O no tenemos remedio, o somos masoquistas. 

 

Y la cuestión es que se suscita es que un Spexit resultaría nefasto para España, y por lo tanto no hay retorno. Me hago esta reflexión, el viejo continente en crisis y España a la cola, se puede todavía esperar otros 50 años más con la esperanza del pleno empleo y la restauración del denominado “Estado del Bienestar”; pero qué Estado del Bienestar ni qué leches: los españoles vivimos esclavizados como súbditos del organismos supranacionales que anteponen razón económica vs. razón social. Y sino que se lo pregunten a la desaparecida clase media. A veces pienso que el paro es útil para expropiar la libertad del individuo, ya que el encontrar empleo se ha convertido en algo como encontrar agua en el desierto del Sáhara. Pero no se preocupen, queda esperanza, nos han prometido que siguiendo la “Agenda 2030” viviremos sin preocupaciones -renta básica universal y todos a obedecer-, todos iguales de pobres; pero callan que, los que verdaderamente viven bien son las oligarquías de partidos, los banqueros y los grandes capitales. No se preocupen, el socialismo como defensor de la justicia social, de lo que alardea, expropia la riqueza a aquellos que pueden crear empleo, de tal manera, que según aparece hoy en The Economist se desaconseja la inversión en España, como si de Venezuela se tratara. Es quizás por ello por lo que los diputados del PSOE, a pesar de saber que la proposición de ley de amnistía con su lawfare resulta inconstitucional, como muchos barones socialistas han manifestado, hayan cedido sus conciencias por 7 votos, me pregunto. Y es que no nos engañemos, la casta política está acostumbrada a vivir de espaldas al sentir del pueblo español hasta que llegan elecciones. Como afirmaba mi admirado narrador de la Castilla profunda, don Miguel Delibes, se vive muy cómodamente de la política: 

 

Para el que no tiene nada, la política es una tentación comprensible, porque es una manera de vivir con bastante facilidad. (Miguel Delibes, 1920-2010) 

 

Coincido con el escritor castellano y me pregunto: ¿hay vida más allá del planeta de los políticos, por mérito y gracia de la partitocracia? 

 

No es que yo crea en la anarquía: el gobierno de la comunidad debe estar ostentando por auténticos políticos vocacionales, pero que hayan trabajado o desempeñado durante sus vidas pasadas algún oficio o profesión distinto de la política; que hayan sido autónomos o empresarios valientes en un sistema confiscatorio. A qué no encontramos a ninguno. Así la política se eleva al interés personal sobre el interés general, salvo -reitero- cada 4 años en elecciones. Otra fórmula sería la reforma de la Ley Orgánica de Régimen Electoral, implementando un sistema proporcional y de listas abiertas, así como unas segundas elecciones presidenciales, al estilo francés.  

 

Los políticos no nacen para servirnos, sino ordinariamente para servirse, sentenció Delibes. 

 

Algunos que no me conocen, puede que se sorprendan al leerme, y con razón. No creo en el neoliberalismo económico como solución a los problemas reales de las familias españolas, precisamente porque creo en la propiedad privada en sentido amplio. El hecho de tener vivienda en propiedad, poder ahorrar y vivir cómodamente, no debe ser un privilegio de unos pocos -y creo que los socialistas me entenderán-, sino un reflejo de auténtico estado del bienestar, ni no de una minoría del pueblo. Tampoco el socialismo y el comunismo ofrecen al pueblo más que un capitalismo de estado y al pueblo un reparto igualitario de la pobreza.  

 

He creído mucho tiempo aquello que dijo Ortega y Gasset -no sean mal pensados, que algunos puede que me tachen de falangista, cuando no sabríamos cuál hubiera sido la evolución política de José Antonio si no hubiere sido fusilado-; sí, porque lo que sigue no gusta a los que no ven más allá de sus siglas políticas, y pensar de manera diferente: 

 

 «Ser de la izquierda es, como ser la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la hemiplejía moral.»  (Ortega y Gasset) 

 

Sé que las circunstancias que estamos viviendo en España son excepcionales y tampoco pretendo hacer reflexionar a Sánchez, pero sí a muchos socialistas que se sienten españoles y que todavía piensan en la justicia social; así como a muchos votantes del partido popular que no ven más allá de la óptica de la “prima de riesgo” o de lo que nos mande hacer el Banco Central Europeo. Por cierto, cómo dejaron caer al Banco Popular: se acuerda Sr. De Guindos. No estaba en quiebra, sino que vaciaron su tesorería aquellos que sabían que al día siguiente se suspendería su cotización en bolsa, produciendo una quiebra técnica, lo cual se investiga en el JCI de la Audiencia Nacional 

 

Nadie está libre de pecado, ni siquiera aquellos que se amparaban en el “cuando lleguemos -si llegamos- seremos distintos de los otros partidos”, como por ejemplo ocurrió con Ciudadanos y desde hace un tiempo con VOX. Y es que no se trata de siglas; se trata de personas que sean capaces de darlo todo por España. No hay más. Desconozco cuál será el próximo “Cuéntame cómo pasó”, pero deseo y espero que tomemos consciencia que entre todos los españoles somos y seremos capaces de llevar nuestra nave a buen rumbo. 

 

Después de la risa sardónica de Sánchez, y de la ingenuidad de Feijóo de confiar más en el PSOE que en más de 3 millones de españoles que no votaron al PP, precisamente por su tibieza; tibieza que, principió con los gobiernos de Rajoy, llamando “extrema derecha” a aquellos que todavía creemos en la unión indivisible de la nación española y en el humanismo cristiano que fue borrado del ADN del partido que fundara don Manuel Fraga Iribarne, no queda otra que replantearse y reflexionar que se está haciendo mal por parte de aquellos que se encuentran distantes de las políticas sanchistas. 

 

Disculpen mi sinceridad, pero creo que es necesario replantearse estas cuestiones que sólo favorecen la victoria de Sánchez. 

 

¡Yo también como fruta!  

Diego J. Romero Salado

Licenciado en Derecho y Diplomado en RRLL (Graduado Social). Programa Superior de Práctica Jurídica Forense y Asesoría Jurídica (ICIDE- centro homologado por el CGAE), obteniendo el certificado CAP (Consejo General de la Abogacía Española). Máster en Mediación Familiar, acreditación oficial homologada por la Junta de Andalucía e impartida por el ICIDE. Postgrado en Mediación Civil y Mercantil por la Universidad CEU San Pablo. Técnico Superior en Prevención de Riesgos Laborales (Especialidades en Seguridad en el Trabajo y Ergonomía y Psicosociología Aplicada). Medalla de plata al mérito profesional otorgada por el Colegio Oficial de Graduados Sociales de Sevilla y colectiva al Mérito al Trabajo, categoría de oro. Letrado del turno de oficio del Ilustre Colegio de Abogados de Sevilla. Graduado Social colegiado del Excmo. Colegio Oficial de Graduados Sociales de Sevilla y vocal del consejo de redacción de la revista 'Justicia Social' del referido colegio. Tutor-colaborador de prácticas externas de la Facultad de Derecho de la Universidad de Sevilla desde 2010, colaborando con los departamentos de Derecho Civil y Penal y Procesal en la impartición del practicum.

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