Tirando piedras a mi tejado: ¿Alguien cree que leído el titular, el español medio lo valora con raciocinio?

Pero de verdad aún hay alguien, que vea en Facebook, twitter o similares un método revolucionario? ¿Capaz de mover masas? ¿De cambiar ideas o ponerlas en marcha? En esos sitios sólo tienen éxito las fotos de tu vida, tu pueblo; las frases célebres, las reflexiones y los grandes y profundos pensamientos enmarcados leídos y olvidados dos toques de ratón más abajo. Al margen de manipulaciones, disparates, y consejos la mayoría de veces muy peligrosos, es muy bueno para mantener un vínculo de amistad y un intercambio de opiniones en tiempo real. Creo que nada más. Y nada menos.

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Rey Viñas (Toposteo) y sus SINOPSIS: Para entendernos es necesario pisar la arena húmeda, al albero

Hay que almorzar pronto, dar una cabezada, darse una ducha que despeje, vestirse con el terno adecuado, tomar café en el bar de siempre, hacer los últimos comentarios sobre el viento y la ganadería; y llegar a tiempo a la cola, a comprar la almohadilla de la cruz roja y a tu grada. En silencio, sereno, entre los olores a boñiga, a puro habano, a la arena húmeda del albero, y al perfume de la señorita del vestido estampado y claveles en el pelo.

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A mi amigo Oscar: Nadie nos va a quitar la ilusión, el afán, la lucha cotidiana

Escribir: cada día me pregunto para qué he de hacerlo. ¿Quizás por satisfacción de una afición personal? Puede ser, pero entonces convendría elegir, más asiduamente, otros argumentos, otros estilos, sin recurrir una y otra vez a la podrida política y a sus corruptos ejecutores.

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¡Danzad, danzad, malditos terroristas! ¡Nosotros nunca olvidaremos!

tocad el cañón de vuestras pistolas, que aún están calientes, palpad las muecas de sus cachas. Que os hablo de los muertos, de las víctimas; de nuestros mártires que no pudieron defenderse, que no pudieron reivindicar nada, que no pudieron gritar ¡Viva España!

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Carmena, jamás entenderás cómo los hombres buenos se convierten en héroes a manos de sus verdugos

Mira Carmena, te lo voy a decir con voz tenue, ridículamente melosa, a tu estilo… pero sin un atisbo de burla sangrienta, de ironía mordaz y cruel; sin falsas e hipócritas coartadas; sin el modo y uso a que nos tienes acostumbrados:

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