TODAS LAS ENTRADAS DE:Antonio de la Torre

Aficionado a la política, decepcionado con mi corta experiencia en ese mundo, y preocupado con la situación de "España, S. A.". Modesto tertuliano y articulista de opinión. Comparto inquietudes y propuestas, tratando de ayudar a crear opinión para mejorar el pervertido sistema político que nos ningunea.

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De un derecho retorcido a una obligación ineludible. Cuando se incumple la ley…

Pues sí, entre estos dos conceptos, derecho y obligación -en teoría, no incompatibles, pero en este caso bastante antagónicos-, parece estar la acuciante situación que se está dibujando en la España de hoy desde hace bastantes años y que se torna especialmente preocupante desde que, hace ya casi tres, el entonces “molt honorable” -más bien muy despreciable y bastante miserable- Arturo Mas, se sacó de la manga esa especie de “referéndum” de cartón que, con “mezquindad y alevosía”, organizó de forma unilateral el pasado 9 de Noviembre de 2014 en Cataluña para ejercer el supuesto “derecho a decidir” que esa parte de catalanes separatistas -lamentablemente, más numerosa cada día – demanda, ante la pasividad de los diferentes gobiernos, socialistas y populares, reacios a cumplir las leyes que los respaldan -estos últimos-, cuando no, apoyándose interesadamente -unos y otros- en el nacionalismo, para conseguir consolidar lo que las urnas no le dieron con claridad.

La Abuela laica y otra de sus Carmenadas

Escuchaba hace unos días un nuevo exabrupto -más conocidos como Carmenadas- de la “abuela laica” -no confundir con ‘balalaica’, esa especie de guitarra rusa, a la que también me recordó el título, si se pronuncia un poco deprisa-, esa señora que, por mor de los pactos contra el electorado, “dirige” -es un decir- el Ayuntamiento de la Capital de España desde que las huestes de Pedro Sánchez, encabezadas entonces en Madrid por el singular Antonio Miguel Carmona

La Parodia nacional: Héroes, villanos y miseria parlamentaria

Cuando se cumplen cuarenta años de aquel 15 de Junio de 1977, fecha de las primeras elecciones democráticas celebradas en España tras un periodo de dictadura militar de otros casi cuarenta -tal vez totalitaria durante la primera década (esa no la viví); autoritaria, pero con visión de desarrollo y futuro después (lo que sí viví y, por tanto, puedo asegurar) y, sin duda, absolutamente light los últimos cinco años (de aquellos polvos, en parte, estos lodos)-, hemos vivido, en sus vísperas, casi de todo, prueba de en lo que se ha convertido un buen deseo muy mal llevado a la práctica, la transición pacífica y la integración de todas las tendencias políticas -incluso de las causantes directas de la mayor tragedia por la que pasó España en la Edad Contemporánea (si no en toda su Historia), la Guerra Civil-.