Vuelvo… Y encuentro a gente desollando a otros, desesperada por problemas mundanos. Por Inés del Bocca

Iglesia de las Trinitarias. Foto La Paseata
Iglesia de las Trinitarias. Foto La Paseata

 

“Vuelvo a Madrid. Y a misa en mi amado convento de Las Trinitarias. Encontré a gente desollando a otros, desesperada por problemas mundanos”

Vuelvo; después de la travesía más larga que nos puede ocupar.

La ruta Asia- América. Estamos tres meses y medio en la mar. En el desembarco y con una temporada de licencia cada uno se organiza para lo que tarde en llegar allí, allí donde considere tener sentimiento de pertenencia.

Vuelvo a Madrid. Y a misa en mi amado convento de Las Trinitarias. Encontré a gente hurgando en las tumbas. También a gente desollando a otros, desesperada por problemas materiales, o mundanos.

De todos es sabido que no hay como el hambre para que se huela a muerte, y con esto para que aparezcan los buitres.

Entonces recuerdo aquello de la Antropología Filosófica y conceptos sobre la inteligencia teórica, de la que, según esta disciplina gozamos los humanos.

 

Detalle Iglesia de las Trinitarias. Foto La Paseata
Detalle Iglesia de las Trinitarias. Foto La Paseata

“Hoy transcribo dos grandes obras literarias que recuerdo mientras espero en la sacristía a mi apreciado y querido padre Isidro”

De Dios es nuestro instinto gregario y como tal, irrenunciable.

Aunque por lo antedicho cada uno como entidad ( dice Hermann Hesse “ cada ser es un punto único y particularísimo donde confluyen ciertas líneas del universo en él y para nunca más “)  además de la necesidad irrenunciable de pertenecer al ser colectivo, no debe dejarse a sí mismo. Ni al infinitésimo de existencia dentro del colectivo ni al infinito de cada ser en sí mismo.

De todo esto dependen nuestras acciones inmediatas como mediatas.

Por ello hoy transcribo dos grandes obras literarias que recuerdo mientras espero en la sacristía a mi apreciado y querido padre Isidro.

La primera el “Padre Nuestro” de la Iglesia Católica, de belleza sin par; y la otra, un poema de Walt Whitman, enorme poeta norteamericano del S XIX.

 

Padre nuestro. Foto La Paseata
Padre nuestro. Foto La Paseata

Padre nuestro

Que estás en los cielos

Santificado sea tu nombre

Venga a nosotros tu reino

Hágase tu voluntad

Así en la tierra como en el cielo

El pan nuestro de cada día

Dánosle hoy

Y perdona nuestras ofensas

Así como nosotros perdonamos a nuestros ofensores

Y no nos dejes caer en la tentación

Más líbranos del mal

Amen.

Detalle de la Sacristía de la Iglesia. Foto La Paseata
Detalle de la Sacristía de la Iglesia. Foto La Paseata

Dije que el alma no es más que el cuerpo,

Y dije que el cuerpo no es más que el alma,

Y que nada, ni Dios, es más que uno mismo,

Quien camina una milla sin amor, se dirige a su propio funeral

envuelto en su propia mortaja;

Y yo y tu, sin tener un centavo, podemos comprar lo más precioso

de la tierra,

Y la mirada de unos ojos o una arveja en su vaina confunden la

sabiduría de todos los tiempos,

Y no hay oficio ni profesión en los cuales el joven que los sigue no

pueda ser un héroe,

Y no hay cosa tan frágil que no sea el eje de las ruedas del universo,

Y digo a cualquier hombre o mujer: Que tu alma esté serena y en

paz ante millones de universos.

Y digo a la Humanidad: No hagas preguntas sobre Dios,

Porque yo que pregunto tantas cosas, no hago preguntas sobre Dios,

( No hay palabras capaces de expresar mi seguridad ante Dios y la

muerte.)

Escucho y veo a Dios en cada cosa, pero no lo comprendo en lo más

mínimo,

Ni comprendo cómo pueda existir algo más prodigioso que yo

mismo.

¿ Por qué desearía yo ver a Dios mejor que en este día?

Algo veo de Dios en cada hora de las veinticuatro y en cada uno de

sus minutos,

En el rostro de los hombres y de las mujeres veo a Dios, y en mi

propio rostro en el espejo;

Encuentro cartas de Dios tiradas por la calle y su firma en cada

una,

Y las dejo donde están porque sé que donde quiera que vaya,

Otras llegarán puntualmente.

……al Padre Isidro, apreciado y querido.

Share on Facebook0Tweet about this on TwitterShare on Google+0Pin on Pinterest0Email this to someone
Ines Del Boca

Ines Del Boca

Añoro esos campos de la otra orilla del Atlántico que la gente no sabe que tiene desde el Barrio de las Letras de Madrid, donde, esta humilde y antigua hembra humana recomienda, conciencia plena y análisis permanente para que no nos pase lo de aquel, que un día se desnucó por siempre querer mirarse el propio culo

Deja un comentario