
«David McWilliams, un nombre más que añadir a la lista de lo que podríamos llamar ilustres perdedores de la historia de la música»
David McWilliams un irlandés de Belfast nos confirmó que el folk es asimilable a un formato pop y que esta metamorfosis puede hacerse con gusto y elegancia. Fue uno de esos artistas oscuros, sin éxito, que de repente consiguen crear un tema intemporal e inmortal, en un golpe de inspiración que no volverá a repetirse en todo el resto de su carrera. «The days of Pearly Spencer” una auténtica joya publicada en 1967, dos minutos de pop gloriosos adheridos a mi memoria y a mi adolescencia. Narraba la vida de un individuo desgarrado por la pobreza y el alcohol, sin embargo, algunos de los allegados a McWilliams afirmaron que estaba escribiendo sobre dos damas de su ciudad natal.
Como composición «The days of Pearly Spencer” es excelente, pero lo que la convierte en especial y única es la soberbia producción y los serpenteantes y lustrosos arreglos de cuerda de Mike Leander, que venía de trabajar con Small Faces, Them y Marianne Faithfull y había hecho el arreglo de cuerda de “As Tears Go By” de los Rolling Stones.
A mis 14 años no me cansaba de insistir a mis amigos, algunos han llegado a ser músicos consagrados, y de intentar convencerlos de la excelencia de esta canción, no me hicieron ni caso, pero como el tiempo es el único juez que quita y da razones…
La versión que Marc Almond (ex Soft Cell) hizo en 1991 se llevó todos los laureles, pero McWilliams ni se inmutó, es más se dice que nunca llegó a escuchar la versión, la fama le importaba un carajo. En España también hubo una versión de la canción a cargo de Ana Belén, que como suele ser habitual, se encargó de destrozarla.
David McWilliams un nombre más que añadir a la lista de lo que podríamos llamar «ilustres perdedores» de la historia de la música. Y una canción que añadir a la lista de temas míticos que deslumbran por su rareza, por aparecer como una estrella fugaz en un cielo negro, por surgir de donde nadie esperaba nada, y de donde nada similar volvería a brotar. David McWilliams murió en el olvido de un ataque al corazón en su casa de Ballycastle en 2002.
